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Sporting | «Tengo muy clavada la espina del derbi»

Álex Bergantiños, ayer, posa en el museo de El Molinón./ARNALDO GARCÍA
Álex Bergantiños, ayer, posa en el museo de El Molinón. / ARNALDO GARCÍA
Álex Bergantiños, futbolista del Sporting

«Me considero un currante de esta profesión. Mis padres me han transmitido siempre ese espíritu»

JAVIER BARRIOGIJÓN.

«Siempre he sido un jugador de equipo». Indiscutible para Paco Herrera y Rubén Baraja, Álex Bergantiños (La Coruña, 1985) clava la impresión que sugiere en el campo. Es pura disciplina en un armazón físico privilegiado. Serio y amable a partes iguales. Discreto, pero dispuesto. Central reconvertido a mediocentro por su entrenador en el filial del Deportivo, Tito Ramallo, colecciona tres ascensos y «medio». Los primeros, con el Xerez y, en dos ocasiones, el Deportivo. El incompleto, con el Granada, para el que compitió únicamente en la primera parte de la Liga. A las puertas del voltaico partido de mañana, Bergantiños intercambia impresiones con EL COMERCIO desde el banquillo local de El Molinón.

-Cuentan que con 18 años, en su primera convocatoria con el Deportivo, tuvo un chófer de lujo...

-(Risas). Me llamaron a última hora. Había dos bajas en el primer equipo, que jugaba en el campo del Levante. No tenía ni traje. Tuve que llevar uno mío. Ni siquiera tenía coche. Fran (el capitán del 'Superdepor') me fue a buscar al barrio. Me quedó ese recuerdo siempre. Un ídolo de la infancia que me llevó al aeropuerto. Recuerdo que, además, iba su mujer en el coche. Fui todo el viaje callado (sonríe).

-¿Qué le sucedió a los 15 años?

-Me fracturé la tibia y estuve ocho meses sin jugar. Estaba en el equipo de mi barrio, el Imperator, y resultó un momento muy duro. El juvenil del Deportivo se había fijado un poco en mí y estaba pendiente de si me cogía o no. Después de esa lesión tuve que esperar casi dos años hasta ver si me recuperaba. Veía difícil poder volver jugar, pero me recuperé con la ayuda de la gente de este club. Recuerdo que utilicé mucho un gimnasio que uno de los entrenadores tenía montado en su casa.

-Como secuela le quedó una pierna un poco más corta.

-Correcto. Gonzalo (Revuelta) y yo tenemos una peleas con las plantillas... (Risas). Tengo un 1,8 de dismetría. Es un poco complicado de asumir, sobre todo en las botas, pero lo vamos corrigiendo con las plantillas. Llevo toda la vida usándolas. Gracias a ellas puedo dedicarme al fútbol. Sin esa ayuda empezaba a tener muchos problemas de espalda y de cadera.

-¿Cuál es su código en el fútbol?

-Me considero un currante de esta profesión. Mis padres, Emilio y Fina, son de una aldea del interior de La Coruña. Se marcharon a la ciudad a ganarse la vida. Mi padre, como albañil, y mi madre, limpiando casas. Los dos me han transmitido ese espíritu. He jugado en todas las categorías del fútbol, desde Tercera a Primera.

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-¿De cuánto fue su primer sueldo?

-48 euros en el juvenil del Dépor. Me acuerdo bien porque fue cuando el cambio de la peseta al euro. Era lo que me daban para desplazamientos y demás. Tuvo su gracia porque siempre tenía la broma con mi madre de que algún algún día conseguiría ganar algo de dinero en el fútbol (risas).

-¿Se identifica con el fútbol de hoy?

-Hay que adaptarse al momento. Ahora se analiza todo mucho: datos físicos, uso del GPS... Todo para mejor. El que se resiste a eso se queda atrás. Es muy necesario. Lo que quizá ha cambiado más es el tema social: redes sociales, exposición de todo. Son nuevos tiempos y hay que adaptarse. Es diferente. Antes era todo más puro, más privado, más cultura de equipo, aunque en el Sporting tenemos un grupo muy cohesionado.

-¿Con la veteranía se corre menos?

-Sí, pero corro, corro. Los mediocentros somos los que más kilómetros hacemos. Aunque creo que hago menos de los que hacía con 20 ó 23 años. La experiencia y las ayudas de los técnicos hacen que seleccione mejor el momento. Cuando era joven iba a demasiados sitios, a todos, me desordenaba y acababa perjudicando al equipo. Ahora correré unos once kilómetros con algo por partido. Sergio suele hacer medio o un kilómetro más. En esa media estamos.

-Sin tatuajes, ni pendientes.

-No. Nunca me gustaron los tatuajes. Soy más tradicional. Tatuajes, 'piercings' y demás no me llaman.

-¿Hasta qué punto es poco recomendable la conducción en un mediocentro?

-Hoy en día se presiona muy bien dentro. Se penalizan mucho los errores y se busca una circulación rápida por fuera; que la gente rápida sea la que conduzca. Nuestro trabajo va más encaminado a dar fluidez y continuidad que a retener la pelota. Hacer muchos metros con el balón en el pie no es muy útil. Lo importante es fijar rivales para que el siguiente pase sea en ventaja, eliminando gente. Todos estamos muy estudiados.

-Baraja le sitúa entre los centrales en la salida de balón.

-Hacemos, dependiendo del partido, salida de tres. Me meto entre ellos para fijar a sus dos puntas, eso si juegan con dos delanteros. Me siento cómodo en esa función. De joven fui central y en el Dépor, con algunos entrenadores, también me metía atrás para buscar una salida.

-¿Le dio vueltas al derbi?

-Es una espina que tengo muy clavada porque fue sin duda uno de mis peores partidos. En la segunda parte, además, tuve que pedir el cambio por unas molestias. Me quedó el mal recuerdo durante varios días. Era un partido que esperaba de manera especial y quería dar mi mejor versión. Soy consciente de que no estuve a la altura. Creo que también nos condicionó mucho el campo.

-¿Qué le dice su olfato de especialista en ascensos?

-Es un año complicado en el Sporting. Para la afición y nosotros. Descendí con el Deportivo y por eso sé que es un cambio muy brusco. Siempre hay muchas modificaciones en la plantilla y la exigencia es altísima. Los rivales juegan contra nosotros con un extra de motivación y un punto menos de presión. Pero todo eso lo hemos pasado ya. Estamos un poco por debajo de lo que nos habría gustado, pero es lo que hay. Estamos a tiempo. Lo que nos ha marcado es la racha de lesiones.

-Osasuna es un hueso...

-Es un máximo favorito. Tiene una plantilla muy completa y ahora está siendo más fiable, como nosotros. Es un partido muy importante por lo que implica, desde el plano anímico, ganar a un rival directo. Nos falta ganar y convencer frente a los equipos de arriba. Es el paso que tenemos que dar.

-¿Con qué se motiva antes de un partido?

-Tengo una santa de La Coruña en mi taquilla por la que sentimos (mi familia) devoción. Intento visualizar el partido y estar tranquilo. Tengo el hábito de tocarme la pierna que me rompí cuando entra al campo, pero esto es más un 'tic'.

-Nunca ha roto el cordón umbilical con el Dépor, pero su cesión al Sporting tiene opción de compra.

-Tenemos la opción, tanto en Primera como en Segunda, pero tenemos que estar de acuerdo las tres partes. Valoraremos al final.

-En su carrera le ha hecho tres goles al Barcelona...

-En Primera he marcado cuatro goles y tres fueron al Barcelona. Es un poco mi equipo talismán (risas). En La Coruña siempre se hacen muchas bromas con eso cuando se juega contra el Barça.

-¿Qué tiene de innegociable en su dieta?

-Me gusta el café. Me tomo dos o tres al día. Luego, alimentos básicos, como el arroz o la pasta. Ahora también tocamos un poco la espelta o lo integral, la quinoa... Últimamente estamos muy juntos en esto mi mujer y yo. Queremos inculcar a nuestra hija la importancia de la alimentación. Nos fijamos mucho en lo que pone cada etiqueta.

-¿Jony es un soplo de aire fresco?

-Por supuesto. En lo deportivo es un jugador diferente. Necesitábamos un futbolista de esa velocidad, que rompiera hacia adelante. Luego está el tema anímico. Ese impulso que tiene en el campo, que nos agita. Nos viene muy bien.

-¿Es posible ser jugador y tener una vida normal?

-He intentado seguir con mi vida de siempre. Me gusta. En La Coruña vivo en mi barrio, pegado al sitio donde me crié. El fútbol profesional es una industria complicada, con altibajos. Hoy ganas mucho y mañana, menos. Todo pasa rápido. He intentado dar prioridad a mi gente. Y estoy orgulloso de ello. Mi mujer es la que chica que conocí con 18 años en mi barrio. Tengo los amigos de siempre: un informático, un ingeniero, un albañil, un delineante...

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