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«Conseguiremos que este Sporting sea el equipo a batir esta temporada»

Ángel Rodríguez, segundo entrenador del Sporting y exfutbolista del Numancia, posa en la grada del campo número 1 de las instalaciones de Mareo.
Ángel Rodríguez, segundo entrenador del Sporting y exfutbolista del Numancia, posa en la grada del campo número 1 de las instalaciones de Mareo. / ARNALDO GARCÍA
Ángel Rodríguez Segundo entrenador del Sporting

«A veces siento el fútbol con tanta pasión que me hace ir con ese puño de hierro más que con guante de seda»

JAVIER BARRIOGIJÓN.

Se ríe al escucharlo, pero Ángel Rodríguez (León, 1972) encaja con armonía en la definición de tipo duro. Es franco, directo, de mirada penetrante y se escabulle de la ambigüedad en un negocio siempre tendiente al funambulismo comunicativo. «Queremos transmitir ilusión y que lo vamos a dejar todo por este escudo, pero también que no vamos a engañar a nadie», promete en conversación con EL COMERCIO. Manifiesta, no obstante, un agradable sentido del humor, ofreciendo una conversación, sin fuegos de artificio, que engancha. El sábado visita Soria, donde participó en un histórico ascenso a Primera con el Numancia en el curso 1998-1999.

-¿Qué le sugirió lo que vio el sábado en El Molinón?

-Un partido que afrontamos muy bien en la primera mitad, pero en la segunda, con el Oviedo haciendo un juego más directo y ganando segundas jugadas, empezamos a meternos atrás. No fuimos capaces de dar dos o tres toques para atacar con más sentido cada vez que robábamos. Y había muchos espacios. Luego recibimos el gol en una acción desafortunada. Si hubiéramos hecho dos o tres contras con peligro, lo habríamos zanjado. Ellos tenían el resultado perdido y se estaban suicidando.

-¿Ser anfitrión en un derbi cuesta?

-Posiblemente el equipo que juega en casa tiene una mayor carga emocional. Parece que está obligado a ganar. Quizá el que viene de fuera tiene la vitola de menos favorito. Pero, tal y como somos nosotros, cuando vayamos al Tartiere trataremos de ir con ese cartel de favoritos y a conseguir los tres puntos.

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-¿Hubo ganadores y perdedores?

-La realidad es que se empató. Yo considero que el que es ganador, una vez que no consigue el resultado que quiere, se siente un poco perdedor. El que es perdedor, cuando consigue un empate ante un rival frente al que no creía que lo iba a conseguir, se siente ganador.

-Usted es más puño de hierro y Paco Herrera, guante de seda, ¿no?

-(Risas). En otros sitios dicen 'poli' bueno y 'poli' malo. Cada uno tiene su forma de ser. Paco es un fenómeno. Tiene un carácter que en cierta medida yo quisiera tener, pero soy muy temperamental. A veces siento el fútbol con tanta pasión que me hace ir con ese puño de hierro más que con guante de seda.

-¿Cómo es su relación con el jugador?

-De mucho respeto. Por mi parte nunca habrá mentiras; cada uno encontrará en mí una respuesta sobre lo que pienso de él. No soy de vender motos, ni de engañar al futbolista. Como jugador no me gustaba que un entrenador me viniera a contar algo que no era cierto. A los jugadores hay que decirles la verdad desde el primer momento y qué se quiere de ellos para que no se puedan esconder. Al final, el futbolista siempre tiene una excusa. Igual que yo cuando jugaba, los futbolistas somos un saco de excusas en muchos momentos.

-¿Qué es lo más duro que le ha tenido que decir a un jugador?

-(Pensativo). A veces tengo una terminología con mis jugadores casi de amigo. Le he llegado a decir a alguno que estaba jubilado o que no estaba para jugar ni cinco minutos. O que me recordaba a mí al día de mi retirada. Muchas veces uno intenta decir este tipo de cosas para picar al jugador y sacar lo mejor de él. Aquí ha habido futbolistas este año que me asustaron en pretemporada por su aspecto físico y técnico, pero a día de hoy puedo decir que estaba totalmente equivocado. Vamos mejorando día a día y conseguiremos que el Sporting sea el equipo a batir.

-Vivió dos temporadas como jugador local en Los Pajaritos. ¿Qué tiene ese campo para ser tan terrible para el visitante?

-Todos los que hemos jugado allí sacamos conclusiones. ¿Por qué es difícil? No lo sé. Si es invierno dirán que porque el campo estaba un poco helado. Me han llegado a decir el tema de la altura. Al final no olvidemos que están a 1.060 metros de altura y cuando un tenista está jugando a 500 metros ya se queja. En casa, eso sí, es un equipo mucho más fuerte. Juega muy bien, es muy vertical y saca petróleo de todas las acciones que tiene. El Numancia es muy bueno en las transiciones defensa-ataque.

-Tiene poca posesión, pero remata mucho.

-Lo más importante es que, cuando estemos atacando, la gente que no tenga la posesión de balón esté con las vigilancias, porque será robo y contragolpe. El Numancia hace ataques muy cortos, pero rápidos. Como usted dice, tiene poca posesión, pero acaba finalizando muchas acciones. Tiene más posibilidades de hacer gol quien más finaliza, no quien más tiene el balón. Al final siempre acaban teniendo sus cinco o seis ocasiones.

-¿Cómo llegó a Soria?

-Tuve la suerte de ir allí el año que el equipo estaba para descender, en la temporada 1997-1998, pero se salvó en la última jornada. Al año siguiente conseguimos el primer ascenso a Primera de la mano de Lotina. Tengo muchos amigos allí y siempre hablamos de aquella temporada, que creo que fue la mejor de la historia del Numancia. Siempre estará en mi corazón una parte de ese club. Allí, además, coincidí con Paco en la primera media temporada.

-¿Se ve echando raíces en Gijón?

-Me quiero ver ganando el próximo partido. Si no, las raíces cada vez tendrán menos centímetros (sonríe). Sí, me gustaría. Es un sitio idóneo para trabajar. Hay muy buen proyecto para estos próximos años con el primer equipo y el filial, y lo que hace falta es que se ganen partidos para que se pueda trabajar con mucha más calma que urgencia.

-¿Se acuerda de aquella visita con el Zaragoza y de Sandoval?

-Esa pregunta no podía faltar, ¿eh? Lo que no sabía era cuándo me la iba a colocar (risas). He de decir que tengo buena relación con Sandoval. Lo que sucede en un terreno de juego tiene que ver mucho con la tensión que se vive. Él es de sangre caliente y yo soy de sangre caliente. Estas cosas pasan y tienen que quedar ahí.

-¿Y se puede contar qué pasó?

-Al finalizar la primera parte hubo un enfrentamiento cerca de nuestro área. Teníamos un jugador con amarilla y fui rápido a separarle porque sabía que se iba a la calle sí o sí. Sandoval estaba agarrando a nuestros jugadores. Le dije que yo agarraba a los míos y que él fuera a por los suyos. Le molestó. Nos dijimos cosas... y eso llevó a que fuera desproporcionado lo del túnel. Pero está zanjado.

-En Las Palmas le ofrecieron seguir tras la destitución de Paco Herrera, pero lo rechazó por lealtad a él.

-Es una manera de ser. Mi mujer y mis hijos residen en Las Palmas y habría sido más cómodo, pero me hubiera traicionado.

-¿Qué le dice la nariz sobre los candidatos al ascenso?

-Poca cosa todavía. Es una categoría para tener los pies en el suelo, para ser más humildes que nadie y para afrontar cada partido como si fuera el último. De lo contrario, regalaremos puntos, nos estaremos equivocando y tocará sufrir.

-¿Y el equipo?

-Una de las cosas que hemos hablado con respecto a otros años es que posiblemente tengamos un equipo de más rotaciones. Hay mucha igualdad.

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