«Preciado me echó un montón de veces de los entrenamientos, pero me valoraba»

David Barral: «Preciado me echó un montón de veces de los entrenamientos, pero me valoraba»
David Barral, jugando con su perro, durante un entrenamiento de la última temporada con el Cádiz. / LA VOZ DE CÁDIZ
David Barral, exfutbolista del Sporting

«Me gustaría que, cuando me retire, el fútbol me recuerde como un jugador que se supo sacar provecho»

JAVIER BARRIOGIJÓN.

«Todavía se acuerda de mí, 'pisha'». Tras esa muletilla gaditana se oculta David Barral (San Fernando, 1983), que transita libre por estas primeras semanas de mercado tras la controvertida decisión del Cádiz de no renovarle. A sus 35 años, el exfutbolista del Sporting comienza a atisbar el final de su carrera, aunque avisa de que aún le quedan un par de buenos años en las piernas. Descarado, reflexivo, crítico, irónico, guerrero, como siempre, se muestra en la conversación con EL COMERCIO.

-¿Sigue en la brecha?

-Sí. Sé que me quedarán un par de años de fútbol. No quiero arrastrarme por los campos. Quiero terminar de la forma más digna posible, ¿sabe? Físicamente me encuentro como para jugar en Primera. Y se ha visto este año. He sido de los que más han corrido. Estoy en perfecto estado. Con la edad, eso sí, todo cae (ríe). Digamos que ahora estoy más fibrado, aunque habré perdido algo de músculo.

-¿Por qué no le renovó el Cádiz?

-Tenía la renovación casi hecha (le faltaba un partido para hacerlo de forma automática). Fue el entrenador (Álvaro Cervera) el que no quiso. Me rescindieron y estoy libre. Me llegan cosas de España, de Segunda. También del extranjero. Voy a valorarlas.

-¿Echa de menos el Sporting?

-Cada día que pasa en mi vida me acuerdo del Sporting, de Preciado y de Quini. Son los tres símbolos que más me han marcado en el fútbol.

-Clemente igual no tanto...

-Él fue una anécdota bastante curiosa. Después de ser el máximo goleador del Sporting, incluso de que Del Bosque me nombrase en alguna rueda de prensa con la selección, llegó él y no fui ni convocado a los últimos partidos. Fue algo muy doloroso.

-Con el Sporting, desde que se fue, mantiene una relación amor-odio.

-O caigo muy, muy bien, o muy, muy mal. En el Sporting caí muy bien a todo el mundo. Luego, con el paso del tiempo, me fui enfrentando a él con otros equipos. Nada más. Me siento muy querido en Gijón. De hecho creo que hubo más aplausos que pitos cuando jugué este año en El Molinón.

-Aquel penalti de Granada...

-Cuando jugaba en el Sporting procuraba hacer todo lo posible para que el equipo ganara. Por lo civil o lo criminal. Me daba igual. Pues lo mismo con el Granada. ¡Cuando estás en el campo no piensas qué equipo tienes delante! Esa acción cayó mal, pero defendía a otro club.

-¿El Sporting es el club de su vida?

-Es el club con el que más me he identificado y del que más he aprendido. Un club de Primera.

-¿Tiene amigos en el fútbol?

-Los hago. Tengo amistades con las que hablo de vez en cuando. Pero mi prioridad no es hacer amigos, sino aprovechar el fútbol lo máximo. Entreno como si jugara. Me dejo el alma. No entreno para hacer amigos, sino para competir y estar al cien por cien.

-Decía Preciado que a usted había que entenderle.

-Claro que hay que entenderme. Él fue de los pocos entrenadores que lo hicieron a la perfección. Y eso que me tuvo mi tiempo en el banquillo, ¡eh! Usted sabe que con Mate Bilic tenía mucha competencia. Alguna vez jugaba él, otra yo... Nunca me enfadé.

-En Gijón siempre estuvo rodeado de anécdotas.

-Fue una etapa muy bonita para mí. En el Sporting estaba en mi salsa. Iba a las peñas, contaba chistes, cogía el micrófono... Me sentí como nunca. Siempre con mi Sporting. Me marcará toda la vida. En las peñas es donde más anécdotas tenía. ¡Pedía yo ir a las peñas, no las peñas a mí! Me ofrecía.

-¿Alguna anécdota de vestuario?

-No es anécdota, pero Preciado me echó un montón de veces de los entrenamientos por pelearme o dar alguna patada a destiempo. Y aunque no lo pareciera, él lo valoraba. Sabía que la competencia era importante.

-También usted tenía malas pulgas.

-Cada vez que me veo con excompañeros siempre me sacan alguna 'peleilla' de los entrenamientos. Me dicen: '¡Qué loco estabas!'.

-¿Cómo le gustaría que le recordara el fútbol?

-Como un jugador que se ha sacado mucho provecho. En el Madrid era el que menos condiciones tenía para jugar en Primera. Fíjese, estaban Soldado, Negredo, De la Red, Arbeloa, Filipe Luis. ¡Todos los buenos! Los que allí entendían de fútbol me ven ahora y me dicen: 'Eras en el que menos creíamos y al final resultaste como el que más provecho te has sacado'.

-¿Su gol al Barcelona o al Madrid?

-El del Barça. Fue espectacular. El mejor de mi carrera.

-¿Alguna vez le dijo algo Piqué?

-No he hablado con él de esa jugada, pero seguro que la recuerda (ríe).

-¿Qué le pasó al Sporting este año?

-Era uno de los tres candidatos a subir directamente, pero al final solo pueden subir dos. Es así. Por mala suerte o por momentos en los que había que tener un poco más de experiencia o fortaleza, no pudo.

-¿Qué le parece Baraja?

-No le conozco, pero su rendimiento es bueno. El Sporting ha jugado al fútbol con él, no como el Cádiz. Tenía la posesión, la llegada, las transiciones. No me quejaría por el juego. Igual a lo mejor por el resultado final.

-¿No ha vuelto por Mareo?

-He estado un par de veces en Gijón. Tengo pensado ir este verano. ¡Me tienen preparada una corderada! La comida y la forma de vida que hay ahí es de locos. Los cachopos, las corderadas, la sidra. ¡Increíble!

-¿Hay mucha leyenda negra sobre usted?

-Puede preguntar a algún compañero. He sido siempre de los que menos grasa han tenido, de los que más se han cuidado y de los que más kilómetros han hecho. He sido uno de los jugadores más profesionales que han pasado por el Sporting en los últimos quince años. Ya se lo puede decir Gerardo Ruiz, que es el que más conoce al futbolista a nivel físico. Era una bestialidad entrenando. ¡Si a Ramos, Cannavaro y toda esta gente los tiraba al suelo!

-¿Y el 'pásala a Barral'?

-Debería de tatuármelo igual que el escudo. Cada vez que me encuentro con un asturiano por Cádiz me pregunta que si me lo he borrado. ¿Cómo me lo voy a borrar? Un jugador que se tatúa el escudo del equipo en el que estuvo es por que algo le sucedió allí. A mí todo lo que me pasó fue bueno. No me lo quito.

-¿Por qué no jugó en el Tartiere?

-Siempre digo la verdad. Era el máximo goleador del Cádiz y jugamos en Oviedo. Vino un amigo a verme al hotel. Por no quedarnos allí, fuimos a tomarnos un café enfrente para estar tranquilos. Se me pasó la hora y llegué tres minutos tarde a la charla. Contados, ¡eh! Tres minutos. Le dije al entrenador: 'Mira, que estuve tomando un café con un amigo y he llegado tres minutos tarde. Pago mi correspondiente multa o lo que haga falta'. Pero me cogió de conejillo de indias para imponer su ley. Una de muchas que me ha hecho.

-¿Tenía una celebración pensada?

-No, pero sí el 'tuit' que iba a poner después de haber marcado y ganado allí. Una foto con el tatuaje del Sporting en el campo del Oviedo. Habría sido mortal. No me dejaron.

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