«Deseo más que nunca que lo que no he podido conseguir lo haga Baraja»

Paco Herrera, ayer, a su salida del vestuario tras despedirse de los futbolistas. / ARNALDO GARCÍA
Paco Herrera, ayer, a su salida del vestuario tras despedirse de los futbolistas. / ARNALDO GARCÍA

«Pido que por favor la afición tenga paciencia y ayude al equipo porque los jugadores necesitan a su gente» Paco Herrera Exentrenador del Sporting

JAVIER BARRIO GIJÓN.

A Paco Herrera (Barcelona, 1953) se le nota triste desde el primer intercambio de palabras con EL COMERCIO. Todavía está con las emociones a flor de piel tras su paso por el vestuario de Mareo, donde tuvo una cariñosa despedida de sus futbolistas y también de los trabajadores del club. Alguno no pudo reprimir las lágrimas con su temprana partida.

-¿Cómo ha sido la despedida?

-Un momento muy triste, pero a la vez muy emotivo. Si no hubieran insistido algunos jugadores posiblemente no se habría celebrado. Ellos sabían que estaba muy tocado y hablaron conmigo para que estuviera allí y pudiera despedirme de todos.

-¿La lesión de Sergio fue un punto sin retorno?

-Parece que estábamos destinados a esto dentro de una serie de desgracias: el penalti que fallamos frente al Zaragoza, la lesión de Sergio en el calentamiento del día del Valladolid, la de Bergantiños, más la de Rachid. Y ya no digo la de Álex López.

-¿La de Bergantiños le obligó a cambiar de nuevo de sistema?

-Sí. Habíamos vuelto a encontrar un equilibrio con los tres centrales y los dos laterales. No merecimos lo que pasó frente al Zaragoza, ni en Albacete. Pero sin ningún mediocentro era difícil tener equilibrio. Era como si me hubiera mirado un tuerto en algunas cosas. En otras probablemente me habré equivocado.

-¿Cómo le fue comunicada la destitución?

-Miguel (Torrecilla) me llamó y me dijo que se había tomado la decisión. El día anterior ya habíamos hablado. Me vio muy afectado porque yo espero más de este equipo. Sé que iba a estar arriba conmigo y sé que estará arriba con el nuevo entrenador. Estoy convencido, sobre todo cuando se recuperen los jugadores. Supongo que después de la charla haría su análisis y me comunicó su decisión.

-¿Fue una liberación?

-No fue una liberación. Es verdad que estaba sufriendo. Veía las posibilidades que teníamos y no podía utilizarlas. Era un dolor ver cómo se nos escapaban los partidos por las carencias en determinadas posiciones. Era muy difícil sustituir jugadores porque no había más. Nunca he sido de quejarme. Si no estaba Sergio y estaba Álex Bergantiños, bien. Si no estaba ninguno de los dos, pero sí Rachid, bien. Pero si ya no estaban estos y tampoco Álex López... Era difícil. Ese creo que fue un poco el quid de la cuestión. Rezaba para recuperarlos porque quería seguir peleando. No me sentía derrotado, sino abatido por una situación que no acababa de pasar.

-¿Emborrona esta etapa su recuerdo de Gijón?

-Para nada. Las circunstancias son una cosa. No sé si todo se puede traducir en mala suerte. La presión por conseguir los objetivos es muy alta y no se la deseo al nuevo entrenador. Deseo que la afición tenga paciencia y que ayude al equipo, ¡por favor!, porque los jugadores necesitan a su gente. A partir de ahí sé separar las cosas. No he podido hacerlo mejor por circunstancias, pero eso no emborrona para nada el cariño que tendré toda mi vida a esta tierra y a este club. Seguiré siendo siempre un sportinguista. ¡Estoy obligado a ello! (Risas). Tengo muchos amigos. Ahora más que nunca deseo que lo que no he podido conseguir lo haga el nuevo entrenador. Desde aquí le deseo la mayor de las suertes a Baraja. Si lo logra, me sentiré un poco resarcido.

-¿Se dará otra ocasión para que dirija al Sporting?

-No. Si me dice que tengo 35 años, podría ser, pero ahora no. Lógicamente, mi final está cerca por edad.

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