El embrujo goleador de los Castro

Los dos equipos, con Pablo Ramos de Castro con el brazalete de capitán, guardan un minuto de silencio. / FOTOS CEDIDAS POR EL VERIÑA CF
Los dos equipos, con Pablo Ramos de Castro con el brazalete de capitán, guardan un minuto de silencio. / FOTOS CEDIDAS POR EL VERIÑA CF

Pablo, el nieto de Quini, rinde tributo a su abuelo al dedicarle un triplete | El duelo entre los equipos alevines del Veriña y la Escuela de Fútbol de Mareo fue desde antes del comienzo un entrañable homenaje a 'El Brujo'

I. ÁLVAREZ GIJÓN.

El lazo que une a abuelos y nietos es uno de los más singulares en las relaciones interpersonales. Un vínculo capaz de eliminar las diferencias que puedan surgir debido a las barreras generacionales para multiplicar el cariño y la empatía entre ambos familiares.

La relación de Quini con su nieto Pablo también seguía esos patrones. Ambos estaban muy unidos y compartían el amor por el deporte al que 'El Brujo' consagró su vida, el mismo que esta semana le homenajea a través de numerosos actos. Ninguno con la especial carga sentimental que se vivió ayer durante el partido de segunda alevín entre el Veriña y el conjunto de la Escuela de Fútbol de Mareo.

En el duelo entre el cuarto y el sexto clasificado de la categoría en el campo de Lloreda, el nieto de Quini capitaneó al Veriña hacia el triunfo (5-4). Era su primer partido tras decir adiós a su abuelo materno y sus compañeros le entregaron el brazalete. Antes de comenzar el choque, el equipo visitante saltó al campo con una camiseta blanca con el lema «Siempre Quini» en el dorso, adornado por su inseparable número 9.

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«Organizábamos algún torneo benéfico y Quini siempre venía a entregar trofeos», recuerdan en el seno del Veriña, que, agradecido por la amabilidad de 'El Brujo' y en una muestra de afecto hacia la familia, entregó un ramo de flores a su hija Lorena mientras el pequeño Pablo preparaba el homenaje a su abuelo sobre la hierba sintética del campo de Lloreda. El delantero del conjunto rojinegro lideró la remontada de su equipo con tres dianas que tenían una dedicatoria especial. Tras batir al portero rival, invadido por la emoción, apuntó al cielo con sus manos aludiendo a su inspiración.

En su certera pierna izquierda se gestó el tributo más entrañable, a través de esa precisión en el remate que caracterizó a la trayectoria profesional de la gran bandera del gol asturiano durante casi dos décadas. Pablo vio puerta por tercera semana consecutiva y confirmó que lleva el gol en la sangre. «Tiene la misma forma de correr que Quini», indica Jorge Fernández, coordinador del Veriña, donde progresa el pequeño de una familia que no se cansa de agradecer las múltiples muestras de apoyo recibidas esta semana. El embrujo goleador sigue presente en los Castro.

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