El enlace de Quini en el Vaticano

Enrique Álvarez, en el Aula Pablo VI./F. A. M.
Enrique Álvarez, en el Aula Pablo VI. / F. A. M.

El cura gijonés Enrique Álvarez pidió al Papa que rezara por la leyenda rojiblanca

Eduardo Alonso
EDUARDO ALONSOOviedo

Enrique Álvarez Moro, al igual que el papa Francisco, no oculta su pasión por el fútbol. Si este último es un reconocido hincha del San Lorenzo y presume de una nutrida colección de camisetas de diferentes clubes del mundo, el gijonés, de 36 años, que reside en Roma desde hace tres, se presenta como un ciudadano gijonés y, especialmente, como un aficionado sportinguista. Seguidor del club rojiblanco y, sobre todo, de la figura de un emblema como Enrique Castro, Quini, el sacerdote aprovechó una audiencia privada que el Pontífice concede cada miércoles con un pequeño grupo de fieles para pedirle una oración por ‘El Brujo’. «Rezamos», contestó el Papa.

Este sacerdote asturiano, estudiante de tercer año de la licenciatura de Patrística en la ciudad eterna, no tuvo ninguna duda. «La entrada en el Aula Pablo VI, donde tuvo lugar la audiencia, fue fortuita. Gracias a un compañero, conseguí una entrada y, entre clase y clase, la aproveché. Fue en la mañana del miércoles», explica con palabras nítidas y precisas. «Estaría en una cuarta o quinta línea. No conseguí más. Logré estirarme y gritar como otros tantos que pedían la gracia que deseaban alcanzar. Y, mientras unos pedían ‘rece por Venezuela’ o ‘rece por...’, yo le dije ‘rece por un futbolista muy conocido en Asturias. Se llama Quini’, continúa el gijonés, natural de El Llano, aunque las raíces de su familia se encuentran en el barrio de Cimadevilla.

«El Pontífice, en un momento, miró hacia arriba y le oí la palabra ‘rezamos’», señala

Mezclar dos cosas como fe y fútbol no es una frivolidad. Simplemente le gusta el fútbol y su Sporting. Pero Enrique Álvarez Moro pasó del anonimato mediático a la primera plana en horas. El culpable fue el capellán del Sporting, Fernando Fueyo. Fue quien lo desveló ante los 14.000 aficionados que acudieron aquella misma tarde a El Molinón para dar su último adiós al mito sportinguista. «El Pontífice, en un momento, miró hacia arriba y le oí la palabra ‘rezamos’», explica el sacerdote asturiano.«Al menos, quedó grabado su nombre en una audiencia del Papa al día siguiente de su muerte. Quise llevar a Quini hasta aquí», continúa el que fuera párroco de Teverga.

Enrique Álvarez, que asegura tener «corazón de pastor porque mi vocación es ser un cura que esté con la gente, un cura de ‘caleya’», se siente orgulloso de lo hecho: «Si para la familia ha sido una luz y el Papa ha pensado en él, me vale».

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