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Sporting | Lora: «Sería un gravísimo error tirar la toalla, estamos preparados para lo que toca»

Lora muestra en su bíceps el brazalete del Sporting, su club desde hace diez años. :/ ARNALDO GARCÍA
Lora muestra en su bíceps el brazalete del Sporting, su club desde hace diez años. : / ARNALDO GARCÍA

Alberto Lora, capitán del Sporting: «Si pudiera elegir, mi despedida soñada sería con el ascenso. Me iría tranquilo, feliz y orgulloso»

JAVIER BARRIO GIJÓN.

Con las manos metidas en los bolsillos, sonriente, Alberto Lora (Móstoles, 1987) echa un vistazo a su vida. A sus pies se extienden las diez temporadas, a juego con sus correspondientes camisetas, que ha pasado de pertenencia absoluta al primer equipo del Sporting. Preciado, dos ascensos, varias permanencias de locura, aquel sonado mamporro al todopoderoso Madrid de Mourinho... Todo confluye en la charla de EL COMERCIO con el capitán, que termina contrato el próximo 30 de junio y espera endulzar su más que posible partida con un desenlace de Primera.

-¿Su primer recuerdo de Mareo?

-Llegar aquí con mi madre y mi hermano desde Móstoles. Caminamos un poco y fuimos a los campos de abajo. Estaba entrenando el filial. Me presentaron a Pepe Acebal y a Pernía. Eran los entrenadores. Aluciné. Tenía muy pocas referencias del Sporting. Bueno, no sabía nada. Me sorprendió. ¡Y venía de las categorías inferiores del Madrid! No sabía que el Sporting tenía un sitio como Mareo.

-¿Y su padre?

-No pudo venir. Trabajaba y salíamos de Móstoles a media mañana. Recuerdo que él se iba a trabajar. Antes, creo que fue la primera vez que le vi llorar. Me dio un abrazo. Se despidió de mí. En mi vida le había visto así. Fue el primer día en el que le vi soltar lágrimas de pena porque me iba.

-¿Tiene asumido que no va a seguir?

-Va pasando el tiempo y soy consciente de la situación. Es normal que se termine el contrato y no vaya a continuar. No se acaba el mundo, pero me da pena por todo lo que he vivido. El Sporting es el único club en el que he jugado. Me dará mucha pena salir, pero la vida sigue. Considero que todavía me quedan años de fútbol y voy a tratar de disfrutarlos. Sin duda, me llevaré un recuerdo magnífico. Aquí he pasado los mejores años de mi vida. Estoy muy orgulloso.

-Su despedida no podía ser de otra forma. Sufrimiento hasta el final.

-Desde que subí al primer equipo, ya fuera con un ascenso o una permanencia de por medio, siempre se resolvió todo con sufrimiento. Estamos acostumbrados. Vamos a luchar por este ascenso al límite.

-El tercer clasificado parte con una suculenta ventaja en el 'play off'...

-Con los últimos resultados perdimos la oportunidad de recortar distancias con los dos primeros, de meterles presión. Vamos a esperar a ver cómo termina la jornada y qué pasa. Todo hace indicar que jugaremos el 'play off'. Y no es un premio menor. Sería un gravísimo error tirar la toalla. Hace unos meses nadie daba un duro por que lo fuéramos a jugar. Tenemos que asegurar esa tercera plaza. Confío mucho en este equipo. Estamos preparados para lo que toca. Hay un factor muy importante a nuestro favor, que es El Molinón. El apoyo de la gente será fundamental. Muchos rivales me han reconocido que no quieren al Sporting en el 'play off'. Necesitamos que la gente siga apretando. Tenemos que estar más unidos que nunca. Jugadores y afición. El 'play off' se decide por detalles.

-¿Su despedida soñada?

-Si puedo elegir, con el ascenso, claro. Si tenemos que jugar el 'play off', ojalá sea con esa tercera posición para que la vuelta sea en casa. Con un ascenso ante mi afición, me iría tranquilo, feliz y orgulloso.

-¿Aunque no juegue?

-¿Si me asegura el ascenso? Lo firmo, por supuesto. Me encantaría jugar todos los minutos que quedan, pero si tengo que firmar en un papel que no voy a disfrutar ni de un minuto y que al final ascendemos, lo firmo. Aquí lo más importante es que el Sporting termine en Primera. El otro día me quité un peso de encima con esos minutos ante el Barcelona B. Me habría encantado ganar, por supuesto, pero no me quería marchar con el recuerdo de que mi último partido había sido el de León. Espero tener un mejor recuerdo con el ascenso.

-¿Qué va a echar más de menos?

-El día a día. Son tantos años, tantas cosas. Que no pueda volver cada mañana a gastarle una broma a los fisios, a los utilleros, a los compañeros... Lo echaré de menos.

-Precisamente a Jorge Luis, el utillero, lo tiene marcado...

-(Risas). Es muy buena persona. Lo tenemos frito, sobre todo yo. No hay un día de la semana en el que no le diga algo. Siempre entra al trapo y responde. Nunca se la guarda. Le voy a echar de menos, claro.

-¿Le queda decepción, frustración o tristeza por este año?

-Tristeza. Sobre todo por la lesión. Era un año difícil. Descendimos, pero afronté la temporada con muchas ganas e ilusión. Quería poner el máximo para ascender. Jugué los primeros partidos, pero ya con el tema de la lesión en León estuve muy frustrado. Pasaban las semanas y no terminaba de estar bien. Me daba mucha rabia. Y en el fútbol hay que estar listo siempre. No me puedo quejar porque la carrera que he hecho en el Sporting ha sido bastante buena.

-Al final no podrá cumplir su sueño de empezar y acabar en Gijón.

-Siempre he tenido esa ilusión, pero soy muy claro y honesto conmigo mismo. Aunque el club me ofreciese renovar, no estaría siendo legal. No sería una renovación que me habría ganado. Entreno al máximo y me gustaría seguir, pero no a cualquier precio. No voy a estar por estar. El primer día de entrenamientos de esta temporada, de hecho, hablé con Paco Herrera para ver qué idea tenía sobre mí. No quería estar si no era para aportar. Él me dijo que iba a contar conmigo para luchar por un puesto y así fue. Si ese día me hubiera dicho que no iba a tener opción, me habría ido.

-Aquel marcaje a Crusat marcó un antes y un después en su carrera.

-Hace poco lo comentaba con compañeros que se pensaban que había sido lateral toda la vida. Fui delantero y me retrasaron hasta el mediocentro. Así fiché por el Sporting B. Y les conté la anécdota. Manolo (Preciado) siempre hacía un partidillo de tres tiempos los jueves. En el tercero ponía a los titulares. Al inicio de esa semana me encontró por el pasillo y me dijo: 'No te preocupes, pero vas a empezar a entrenar de lateral'. Aún estaba Rafel (Sastre). Yo pensaba que, como había subido ese mismo año al primer equipo, era más para rellenar. ¡Para nada creía que me fuera a poner ese fin de semana!

-¿Le queda resquemor de no haber podido jugar más de mediocentro?

-Me encantaba jugar de mediocentro. Pagaría por ello. Es una posición muy importante en un equipo. He disfrutado de ella mucho tiempo, pero el fútbol te lleva a estas cosas. Me ha tocado hacer carrera como lateral. Aún me queda el gusanillo de ver si algún día vuelvo a jugar ahí.

-¿Cómo son sus padres?

-Mi padre se llama Enrique. Es una persona muy normal, trabajadora. Es charcutero. Muy pasional, eso sí, con el fútbol. Pero estoy muy contento de cómo ha llevado las cosas conmigo. Nunca ha sido un padre de hacerse notar, de chillar a su hijo o al compañero. O quejarse del entrenador. Al contrario. Él veía el partido y estaba callado. Incluso se apartaba de otros padres que a lo mejor eran problemáticos. Para mí ha sido un apoyo fundamental. Igual que mi madre, Ana. Ella es dependienta. Era la que más broncas nos echaba a mi hermano y a mí de pequeños. Si lo tenía que hacer mi padre, malo (risas).

-¿Más del Madrid o del Sporting?

-Tuve la suerte de pasar por las categorías inferiores del Madrid, así que imagínese. Llegué aquí siendo madridista. De pequeño nunca entendí a los que se cambiaban de equipo. Me metía con ellos. Los llamaba chaqueteros. Yo era del Madrid ganara o perdiera. ¿Cómo iba a cambiar? Pero ahora le digo, con todo lo que he vivido, que soy sportinguista. El día que me vaya solo voy a mirar al Sporting. No soy gijonés, ni asturiano, pero me siento como si hubiera nacido aquí. Voy a ser sportinguista siempre.

-Una curiosidad, ¿Piqué se acordaba de usted?

-(Sonríe). Del Torneo de Brunete, sí. Cuando nos enfrentamos con el Barcelona pudimos hablar. Se acordaba. Me sorprendió porque él es una estrella. Me hizo ilusión.

-Usted hizo un 'hat trick' al Barcelona en la final de aquel torneo, con Cesc y Piqué de rivales, y no tenía ni ficha con el Madrid.

-Eso el Madrid lo hacía mucho. Yo pertenecía al Móstoles, pero un par de días entrenaba con el Madrid, que además pidió permiso para que fuera a disputar algunos torneos. El último, el de Brunete. Fíjese que había un compañero que lo jugó todo ese año con el Madrid y no viajó. Y fui yo que era del Móstoles.

-¿El momento cumbre ha sido la victoria en el Bernabéu?

-Es un recuerdo muy bonito. Pero me quedaría con el último ascenso en Sevilla y con el que pueda llegar, claro. Volvíamos a Primera y sabíamos que en Gijón había un montón de gente esperando. Me acuerdo de lo mal que lo pasamos. Hubo meses en los que no cobrábamos. Ni jugadores, ni empleados. Hasta junio. Eso fue grave, pero no tanto como no saber qué habría pasado si el Sporting no llega a lograr aquel ascenso. No sé si la gente es consciente.

-¿Dónde se ve jugando?

-Me gustaría vivir una experiencia en el extranjero por dos motivos: aprender un idioma y conocer otra competición. Lo valoraré cuando termine todo con lo que tenga. Quiero disfrutar. Me quedan años para seguir jugando si todo me va bien.

-¿Una anécdota confesable?

-(Risas). Una que le hice a Gerardo (Ruiz). Me gastó una broma el día de los Santos Inocentes, más un vacile que otra cosa, y le dije: '¡Te vas a enterar!'. Me cogí de compinche a Lobelle, el masajista. La idea era que, cuando saliésemos a entrenar por la tarde, 'Lobe' entrara al vestuario de los técnicos y cogiese la llave del coche de Gerardo. Lo hizo y me la dio. Le metí el coche en la portería del número 2 (risas). Salió y no lo veía. Hasta que fue al campo...

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