Un escudo en su plenitud

Juan Jareño, junto a una fotografía del escudo instalado en el lateral Norte de El Molinón.
Juan Jareño, junto a una fotografía del escudo instalado en el lateral Norte de El Molinón. / D. ARIENZA

«Querían que lo simplificáramos y que la imagen perdurara el mayor número de años posible», explica el diseñador Se cumplen veinte años de la última modificación del principal emblema de la entidad rojiblanca

VÍCTOR M. ROBLEDO GIJÓN.

Mientras el Sporting jugaba uno de sus últimos partidos en El Molinón de la temporada 1996-1997, Juan Jareño trabajaba a contrarreloj sobre un montón de folios en un asunto de enorme importancia para el club. El estudio Cyan Diseño había recibido un año antes el encargo de renovar el escudo del club rojiblanco y todo el proceso quedó en manos de Jareño, que se pasó meses presentando bocetos, desarmándolos y puliéndolos detalle por detalle. Aquel día, el diseñador acudió al estadio al término del encuentro para mostrar a la directiva rojiblanca una de las últimas versiones. Ya faltaba menos para encontrar la definitiva.

«La referencia que tenía el estudio era muy alta. En aquel año hicimos varios trabajos de identidad corporativa, como la imagen de Gijón. Yo, además, era diseñador de la Fundación Princesa de Asturias y también había renovado su identidad corporativa, así que Alfredo García Amado y Daniel Pinín se pusieron en contacto con nosotros», recuerda Jareño.

El escudo del Sporting llevaba casi veinte años sin modernizarse, un aspecto que chocaba con el aire fresco que llegaba al mundo del fútbol desde el merchandising, la televisión y otros soportes que empezaban a asomar. «Había llegado un momento en que el escudo anterior, con tantos detalles, era imposible de reproducir. Por ejemplo, en la ropa. La referencia del Sporting era el cambio que habían hecho poco antes el Atlético de Madrid y, sobre todo, el Athletic, que tenía un perfil más similar. Querían que lo simplificáramos y que la imagen perdurara el mayor número de años posible», explica el diseñador.

Juan Jareño recuerda con cariño todo el proceso: «Recopilamos las imágenes gráficas que había en el club de escudos anteriores, en torno a diez, y de ahí se fueron sacando las estructuras básicas: el número de brazos de la corona, la tipografía, los colores...».

Un aspecto que tanto el club como el diseñador tuvieron en cuenta en todo momento fue el uso posterior que tendría a nivel particular por parte de aficionados, peñas y empresas de merchandising. Con la pretemporada 1997-1998 asomando, se alcanzó la versión final, aunque Jareño confiesa pocos días antes hubo un cambio de última hora: «Teníamos una tipografía más moderna para las letras 'S' y 'G', pero al final se utilizó prácticamente la misma del escudo anterior».

Presentado en la Feria

El diseñador no sabría precisar el número de bocetos que salieron de sus manos. Sí admite su nerviosismo cuando el escudo definitivo fue presentado en el stand del Sporting de la Feria de Muestras aquel verano. «Al final las críticas fueron buenas o neutras. Malas hubo muy pocas. Creo que Amado y Pinín no se equivocaron en el planteamiento y fueron muy valientes entonces. El escudo nació por necesidad y sigue fresco veinte años después. Era el momento de hacerlo», afirma Jareño. El encargo vino acompañado también de la creación de una imagen comercial, aunque aquella idea quedó en un segundo plano por el posterior descenso a Segunda División del equipo. El diseñador, no obstante, está satisfecho con el resultado final ya que «afianzó la marca Sporting».

Curiosamente, Juan Jareño no es un gran aficionado al fútbol, sino a la natación. «Creo que es una ventaja. Afrontar este trabajo desde la pasión quita perspectiva, hace falta tener frialdad para coger distancia. Yo iba al fútbol pero nunca he sido un forofo», reconoce. Jareño no oculta la satisfacción que siente cuando ve el escudo en la fachada norte de El Molinón: «Es un trabajo de los que más satisfecho estoy. Tenía entonces 29 años. El escudo del Sporting o las 'Letronas', que también diseñé, son cosas que van vinculadas a la personalidad de la ciudad».

Pese al arraigo entre el sportinguismo de su escudo, Jareño admite que a día de hoy haría algunos cambios en el trabajo realizado hace dos décadas. Concretamente, «lo simplificaría aún más». El diseñador no considera que la imagen deba someterse a una nueva intervención en un periodo corto de tiempo, aunque asume que en el futuro sí será necesaria. «Otras necesidades llevarán a ello: la televisión, las redes... Algo aparecerá que obligará a volver a darle un toque nuevo», concluye el autor del último gran cambio de imagen rojiblanca.

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