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Estadio El Molinón

Estadio El Molinón

«El Molinón no es un estadio de fútbol, sino un estado de ánimo». Estas palabras del director José Luis Garci vienen a explicar la especial relación que existe entre el sportinguismo y su estadio, una relación que considera a El Molinón no como un conjunto más o menos armónico de vigas, hormigón y asientos, sino como algo en cierta medida humanizado, como un aficionado ya mayor, como si El Molinón fuera ese abuelo que te llevaba por primera vez al fútbol. En esta relación de estrecha familiaridad entre el aficionado y El Molinón influyen sin duda las propias características físicas del estadio: lejos de grandiosidades y faraonismos, El Molinón siempre ha sido un campo relativamente pequeño, un campo de estilo inglés donde la presión de los aficionados en las gradas se trasladaba instantáneamente al terreno de juego. Como en una familia, también hay zonas en El Molinón que suponen (o suponían) diferencias sociales, desde la protegida Tribunona hasta la lluviosa grada este.

Además de estos rasgos, hay uno, mucho más objetivo, que ayuda a entender la consideración de El Molinón como un integrante de la familia: El Molinón es el estadio más antiguo de España. Aunque su inauguración data de 1917, está constatado que los terrenos de El Molinón eran utilizados para disputar partidos de fútbol al menos desde 1908. Así lo atestigua la noticia aparecida en el diario El Comercio el 20 de mayo de 1908, que informa de que «el último domingo, en el campo de El Molinón, jugaron un match de football los equipos de las sociedades sportivas La Bella Sportiva y El Balón». Como ocurría con otros terrenos de la ciudad, El Molinón era utilizado por diversos equipos para sus entrenamientos y partidos y no es hasta 1913 cuado el Sporting comienza a jugar en él como anfitrión, dada su supremacía en el fútbol local, y tras rechazar otros campos menos aptos para la práctica del fútbol como el Prau Redondu, en El Humedal, o La Matona, en La Guía.

Poco a poco se fue dotando a El Molinón de equipamientos necesarios: un vestuario en 1910, una valla de madera que lo delimitaba en 1911, y graderíos de madera que pronto se quedaron pequeños. Con el Sporting consolidado como primer equipo de la ciudad y con un número de aficionados al fútbol cada vez mayor, se hacía necesario adecuar las instalaciones de El Molinón. Así fue como en 1917 se construyó una nueva tribuna y se realizaron diversas mejoras. Por fin el 5 de agosto de 1917 se inauguraron estas nuevas instalaciones, con un multitudinario acto en el que hubo misa, música y por supuesto un partido de fútbol. Prueba de la calidad de sus instalaciones y del fuerte arraigo del que disfrutaba el fútbol en la ciudad es que en 1920 se eligió El Molinón como sede para disputar la final de la Copa de España. El 2 de mayo, el Barcelona de Samitier y el Athletic de Bilbao de Zamora se enfrentaron en un Molinón repleto de aficionados bilbaínos que, sin embargo, tuvieron que ver la derrota de su equipo por 2 a 0.

El propietario de los terrenos de El Molinón era Dionisio Cifuentes y con él empiezan a negociar desde muy pronto los dirigentes del Sporting para hacerse con la propiedad del campo. En 1925, finalmente, el Sporting adquiere la finca de El Molinón por un importe de 40.000 pesetas. Con un aforo que rondaba las 6000 localidades, El Molinón fue quedándose pequeño a medida que el Sporting se abría paso en el fútbol nacional. La elección de El Molinón como sede del partido España-Italia en 1928 obligó a ampliar el estadio y, así, se construyó en tan sólo 21 días una nueva tribuna de 144 metros de largo. El partido fue presenciado por más de 12.000 personas. Toda la prensa alabó aquella obra y definió a El Molinón como uno de los mejores campos de España. Poco duró en pie, sin embargo, la magnífica tribuna oeste de El Molinón: el 27 de diciembre de 1931, unas horas después de la finalización de un partido entre el Sporting y el Racing de Santander, se produjo un incendio que la destruyó totalmente.
Los gastos de reconstrucción de la grada complicaron aún más la situación económica por la que atravesaba el Sporting a principios de los años treinta. En 1935 se decidió vender El Molinón al Ayuntamiento por 223.136,75 pesetas, como única manera de aliviar la presión de las deudas que pesaban sobre la entidad. El acuerdo incluía una cláusula de derecho de retroventa del campo a favor del club valedero durante los siguientes diez años, pero este derecho no fue ejercido por los distintos presidentes de la entidad hasta que en 1944 Secundino Felgueroso renunció finalmente a él y negoció con el Ayuntamiento el arrendamiento del estadio por cinco años, con una renta anual de 15.000 pesetas que pasarían a ser 5000 desde 1946. Las dificultades económicas del Sporting le impidieron hacerse con la propiedad de El Molinón, pero sin la ayuda del Ayuntamiento el estadio quizá se habría perdido para el Sporting y para la ciudad. Mientras tanto, en El Molinón se siguieron haciendo reformas, como la que en 1943 construyó la primera tribuna de general (cuyo importe ascendió a 24.000 pesetas) o las que en 1951 modernizaron las instalaciones y ampliaron la capacidad del estadio.

En 1954 se produce un hecho que condicionará la historia de El Molinón en los siguientes años: el Ayuntamiento vende el estadio a la Fundación José Antonio Girón (propietaria de la Universidad Laboral) por 9 millones de pesetas y esta se compromete a finalizar la obra de ampliación de la grada oeste, que ya se había iniciado. Sin embargo, en los años posteriores hubo infinidad de discrepancias entre el Ayuntamiento, la Fundación y la empresa constructora (Sedes) para ponerse de acuerdo por el pago de la obra, lo que provocó la paralización de la construcción de la tribuna oeste, cuyo esqueleto permaneció al descubierto durante casi veinte años. Por fin, en 1966 el Ayuntamiento vuelve a hacerse cargo de El Molinón. La iluminación artificial y la cubrición de la grada este en 1969 o la finalización de la Tribunona en 1971 son algunas de las mejoras que recibe
El Molinón antes del que será otro momento clave en su historia: el Mundial de 1982. La grada este y el fondo sur fueron ampliados con una tribuna suplementaria, alcanzándose las 45.000 localidades. Pocos años después, el aforo del estadio se redujo hasta los 38.000 espectadores. La última reforma de importancia en El Molinón tuvo lugar en 1998, y consistió en la eliminación de todas las localidades de pie y su sustitución por asientos, lo que dejó el número total de localidades en 25.885. El Molinón ha ido estableciendo una especial relación con la ciudad a lo largo del tiempo que no se puede reducir a su historia puramente deportiva. Sus casi cien años de vida, su ubicación en una tradicional zona de ocio y paseo, la cercanía del parque Isabel la Católica, la presencia del mar y su utilización como recinto para albergar los más espectaculares y masivos acontecimientos musicales (desde el pionero concierto homenaje a Berto Turulla hasta las multitudinarias actuaciones de los Rolling Stones o Bruce Springsteen) convierte a El Molinón, de alguna manera, en una institución, ligada al Sporting, pero no sometida a él, como un patrimonio natural e intocable de Gijón, casi en la misma medida en que lo son el barrio de Cimadevilla o la playa de San Lorenzo.





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