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«Me gustaría jugar toda la vida en el Sporting; no me veo con otra camiseta»

Alberto Lora, ayer, posa para EL COMERCIO en Mareo./ARNALDO GARCÍA
Alberto Lora, ayer, posa para EL COMERCIO en Mareo. / ARNALDO GARCÍA

Alberto Lora, capitán del Sporting: «El año pasado fue muy malo, pero tengo la capacidad de hacer rápido borrón y cuenta nueva»

JAVIER BARRIOGIJÓN.

«Uno, dos, tres, cuatro, cinco...». Alberto Lora (Móstoles, 1987), que apunta al once en Alcorcón, canta los pases de un rondo mañanero a ritmo frenético. El balón vuela de un lado a otro del irregular círculo humano, mientras el capitán del Sporting lo persigue con la mirada y lo alimenta con el pie. A finales de octubre cumplirá diez años de su debut profesional con la casaca rojiblanca, fantaseando una vez más -aunque por el momento encare su último año de contrato con el club gijonés- con tener un amor único en un deporte cada vez más tendiente a la promiscuidad. Cuando se enciende la grabadora de EL COMERCIO, atrás queda una sesión de fotos en el número 2 marcada por el griterío y las bromas de sus compañeros desde una ventana de los edificios de Mareo.

-¿Ha dado con la clave para regatear los problemas musculares que le atosigaron hace unos años?

-Tampoco sé por qué podía ser. No he hecho un cambio drástico en la alimentación. En su momento me miraron la boca, porque a veces tener una muela con una caries puede afectar a nivel muscular, aunque parezca que no tenga relación. No me alimentaba mal. Quizá lo que sí me aconsejó la nutricionista del Barcelona, cuando estuve con Lorenzo del Pozo allí, fue que no abusase de la pasta; que solo la comiese para el prepartido y para recuperar. Hay gente a la que le viene mejor y a otra peor. Quizá podía acusar un exceso de pasta. Fue retocar un poco eso y dos cosas más.

-Se le ve feliz. ¿Ha recuperado la ilusión con Paco Herrera?

-Tengo la capacidad de hacer rápido borrón y cuenta nueva. El año pasado fue muy malo en el plano individual y colectivo. Tenía claro que debía cortar y olvidar el pasado para venir motivado. Lo ocurrido me sirve para mejorar y ver qué tengo que cambiar.

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-Miguel Torrecilla y Paco Herrera querían su continuidad.

-Hablé con el míster el primer día. Creo que los dos teníamos ganas de vernos para hablar. Me dijo que contaba conmigo como uno más y que me tenía que poner las pilas, eso sí, porque venía de un año sin jugar, pero que confiaba en que pudiera volver a dar rendimiento. Yo le dije que ningún problema. Lo único que quería saber era si iba a ser uno más.

-¿La sinceridad es lo que más agradece un futbolista?

-A veces hacemos el fútbol más difícil de lo que es. Las cosas se tienen que hacer más sencillas. Con la verdad todo resulta mucho mejor. Yo lo he dicho un montón de veces; estoy encantado de defender esta camiseta, pero si me dicen que no cuentan conmigo, no hay ningún problema, pero que me lo digan.

-Rubi le hizo ver que iba a ser un jugador importante, pero después solo jugó ante el Málaga.

-A eso voy. Si me hubiera dicho que lo tenía imposible, porque había compañeros por delante de mí, a seguir currando. Soy un profesional. El que crea que puedo crear mal ambiente o montar un follón es que no me conoce. En aquel caso no podía ayudar en el campo y, como tal, traté de hacerlo desde fuera. Pero me molestó eso, aunque no guardo ningún rencor.

-¿Y nunca hablaron durante los meses sucesivos?

-No. Recuerdo que, pasado un mes o algo así, sí que habló conmigo en privado, como con otros compañeros, para transmitirme que estaba contento con mi trabajo. Tampoco quiero ir de víctima, ni pedir responsabilidad, ni un motivo. Sí me molestó que me vendiera una cosa y luego fuera lo contrario. Prefería que no me hubiera dicho nada.

-¿Ve parecido entre Manuel Preciado y Paco Herrera?

-Sí. Se me asemejan un poco. Tienen cosas comunes. Al míster se le ve una persona muy normal, que trata con todo el mundo. Da igual quién sea. Es muy cercano. Le veo cosas muy parecidas a Manolo (Preciado). Ojalá podamos lograr lo mismo con él.

-¿Qué Sporting vamos a ver?

-La idea es ser un equipo muy compacto. Intentar hacer la vida imposible al rival y, cuando tengamos el balón, que no nos queme. Tener tranquilidad para jugar al fútbol. Creo que tenemos jugadores de mucha calidad en el centro del campo, futbolistas de banda a los que les gusta meterse por dentro, otros con desborde, gente que puede filtrar un último pase... El objetivo es que se vea un buen equipo.

-Va a ser un año de mucha presión.

-Hay que tener en cuenta, primero, la dificultad que tiene la categoría. Cualquier equipo nos puede complicar la vida. Y, segundo, venimos de Primera. Como no cambiemos el chip, la podemos fastidiar. Mucho. Hay que mentalizarse. Toca poner el mono de trabajo y currar. Tenemos la experiencia del último descenso. Nos costó mucho adaptarnos y no nos metimos ni en el 'play off'. No lo podemos olvidar. En Segunda no hay respeto ni complejos con los teóricos favoritos. Somos los rivales a batir. Pero hay que tener paciencia.

-¿Le gusta el proyecto que han diseñado el cuerpo técnico y la dirección deportiva?

-Había una gran depresión tras el descenso, pero parece que ha vuelto a nacer una ilusión, especialmente con los fichajes de Torrecilla y Paco Herrera, que son hombres de fútbol. Ellos han marcado muy claramente las posiciones que quieren reforzar. Algún fichaje puede estar tardando, pero porque quieren encontrar el jugador idóneo. Los compañeros que han venido me parecen buenos fichajes. Pero luego, como siempre, lo que nos dirá si la plantilla es válida será el balón.

-¿Qué le parece Torrecilla?

-Es una persona que transmite seguridad y mucha confianza.

-Le queda un año para pelear por la renovación. ¿Piensa en ello?

-Pensar en el futuro es inevitable, aunque me centre en el día a día. Acabo contrato y, si siempre doy todo, trataré de ir al 300% para pelear porque sea un año maravilloso para el equipo y, en segundo plano, para mí. Me he marcado jugar lo máximo y ayudar al Sporting. Luego dependerá del rendimiento que dé y la idea que tenga el club.

-¿Mantiene viva la ilusión de terminar su carrera aquí?

-Es algo que tengo en mente desde hace mucho. Me gustaría jugar toda la vida en el Sporting, pero según va pasando el tiempo lo veo más complicado... Nunca se sabe. A lo mejor hacemos un buen año, logramos el ascenso, y el club decide que siga. Ojalá. Ahora mismo no me veo con otra camiseta que no sea la del Sporting, pero a lo mejor en unos meses tengo que hacer la maleta y buscar destino.

-Usted es muy viajero. ¿No le tienta meter el balón en la maleta como Cases?

-En mi mente también está, no se lo oculto, pero hay una parte de mi cabeza que me pide ser jugador profesional de un solo equipo.

-¿Dónde se ve después del fútbol?

-También le doy vueltas (sonríe). Me gusta ver fútbol. El camino podría ir por ser un ojeador, un director deportivo, un representante... Me puedo pasar las horas viendo fútbol.

-¿Cómo lleva la crítica de las redes sociales?

-Lo tomo como una forma de interactuar con gente y de forma positiva. Pero las redes sociales también tienen peligro. Mucha gente, que se oculta en el anonimato, inventa, insulta y dice de todo sin ningún problema. Le podría contar bastantes anécdotas de informaciones inventadas que han salido por ahí. Y la gente se lo cree y se hace una bola, pero no solo en el fútbol. En cualquier ámbito. Es fácil y gratuito hacer daño. Y muchas veces hay que darle un palito también a los medios. Algunos sueltan una información que no se ha contrastado y pueden hacer daño.

-¿Con qué disfruta ahora?

-¿En este último mes de pretemporada? Con muy poco (risas). Disfruto de lo que he hecho siempre: de venir a entrenar a Mareo, por lo que toda la vida daré gracias, de estar con mis compañeros... ¿Fuera? Lo normal. Me gusta el cine, las series, estar con mi mujer... Y, cuando me dejan en casa, ver más fútbol, pero hay que llegar a un acuerdo (risas).

-¿Qué tal la vida de casado?

-Estamos en el momento bonito porque todo acaba de empezar y va de maravilla (risas). No, en serio. Alguna vez ya lo he comentado. El matrimonio ya no es como era antes, cuando nuestros padres. Cuando ellos se casaban, empezaban a vivir con su pareja. Ahora ya convivimos desde antes. Lo que cambia es que firmamos un papel y tenemos un anillo. Pero sí le digo que estoy muy feliz.

-¿Con los años no le han surgido nuevas inquietudes?

-Hay deportes que me gustan, pero por miedo a una lesión no practico. Me gustaría jugar al pádel o esquiar, que tenemos prohibido, pero me debo al fútbol. No puedo cometer esos riesgos. Hasta que no termine mi carrera no pienso ponerme en unos esquís o en una tabla de 'snow'.

-¿Por qué el proyecto del año pasado no funcionó?

-Entre nosotros hubo muy buen 'feeling', pero no se veía reflejado en el campo. Quizá porque el año pasado vino más gente técnica, de calidad, de otro fútbol. Esa pudo ser la diferencia. El tipo de futbolista que quería el entrenador era más aguerrido. De calidad, pero de lucha, y los que llegaron a lo mejor no tenían ese perfil y eran más de jugar el balón y posesión. Se quería seguir con la misma idea de años anteriores, pero el perfil no era el mismo.

-¿Quién le ha sorprendido de los fichajes?

-Todos para bien. Pero, aunque le conociese, me ha sorprendido Stefan (Scepovic). Ha venido muy, muy enchufado. Creo que tiene la espinita clavada de cómo salió y de aquella segunda vuelta. Llega un poco picado y con ganas de hacerlo bien. Y luego a Rubén (García), Álex (Bergantiños), Barba y Quintero, que les conocía menos. Me han sorprendido para bien. Y Santos es un jugador muy rápido. Viene con todas las ganas.

-Usted ha vivido mucho Sporting. ¿Quién ha sido el mejor jugador que ha visto?

-Ha habido jugadores muy buenos. De las Cuevas era increíble cuando frenaba y arrancaba, igual que Jony. Luis Morán era un 'pepino', muy difícil de parar en el uno contra uno. Pero si tengo que decidirme por uno sería Diego Castro. Tenía calidad, trabajo, gol, pase, continuidad... Era un líder. Cuando el equipo estaba en momentos de duda, peleando por la permanencia, todo era: «¡Balones a Diego!». Sabía que cuando él tenía el balón iba a pasar algo y que no lo iba a perder. De la historia que yo he vivido, Diego Castro ha sido el mejor.

-Ha veraneado por Estados Unidos, China, Maldivas... Ha esquivado la moda de Ibiza.

-En Ibiza sueltas un balón y no cae al suelo (risas). Por estas cosas a veces nos encasillan a los futbolistas. Hay gente que piensa que todos seguimos las mismas directrices y no es así. Hay jugadores con unas inquietudes bestiales, de estudios, de conocer mundo o de lo que sea. Cada uno está donde se encuentra más cómodo. En mi caso, me encanta viajar y siempre buscamos destinos que nos llamen la atención.

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