«Herrera me sacó la cabeza del charco»

El defensa Álex Pérez realiza un remate acrobático en el campo número 1 de Mareo./ARNALDO GARCÍA
El defensa Álex Pérez realiza un remate acrobático en el campo número 1 de Mareo. / ARNALDO GARCÍA

Álex Pérez, futbolista del Sporting: «Me dio la opción de hacer una prueba con el Valladolid y luego apostó por mí. Tengo una deuda eterna con él»

JAVIER BARRIOGIJÓN.

«¿Un momento de mi carrera?», se pregunta el entrevistado. «Quizá cuando debuté en el antiguo San Mamés con el Getafe; empatamos a cero con el Athletic e hicimos un buen partido. Me dije: 'a esto me quiero dedicar'». Álex Pérez (Madrid, 1991), de la especie en extinción de futbolistas sin tatuajes -«se los dejo todos a Rubén García», bromea-, desprende una agradable normalidad en el cara a cara, acentuada por una travesía profesional que amagó con descarrilarle del fútbol profesional. Aunque ve el mundo desde sus largos 1,91 metros, ahora sí levanta la cabeza, impulsado por la confianza de Paco Herrera, su ángel de la guarda, y de un Sporting creciente: «Del uno al diez, creo que estamos en un siete».

-¿A qué edad se fue de casa?

-Con 19 ó 20 años. Me fui a Huesca cedido. Allí estuve toda la temporada. A la siguiente, a Bulgaria, al Levski Sofia. Allí estuve seis meses. Jokanovic, que era el entrenador, me había visto en pretemporada y me llamó. Fue medio año muy bueno. Y de allí, al Recreativo de Huelva. Mis padres me han sufrido poco en los últimos años (sonríe).

-Y de Huelva, a Carolina del Norte, al RailHawks, de la NASL estadounidense. Casi nada.

-La rescisión de contrato con el Getafe llegó muy tarde. El único mercado que me quedaba era el americano. Allí se encontraba Nacho Novo, del que me hice muy amigo en Huesca. Me dijo que me fuera con él. Ahora, cuando me salió la opción del Sporting, me comentó, hablando mal, que era la hostia. Que ni me lo pensara.

-¿Y cómo es el día a día de un futbolista en Estados Unidos?

-El fútbol crece, pero no llega al nivel de la NBA o del fútbol americano. Está evolucionando, pero el tema de sentirse exigido en un campo, por ejemplo, casi no existe. Es diferente. Allí vivía con Nacho. Carolina del Norte es un estado muy tranquilo, con mucho bosque y paisaje. Muy familiar. Es lo que más me llamaba la atención, además de la comida. Era difícil comer bien allí (sonríe).

-En Valladolid le apodaron el 'defensa Cenicienta' porque llegó por la puerta de atrás y terminó como un fijo para Herrera. ¿Ha visto la película 'Cinderella Man', de Russell Crowe?

-Hace tiempo. La recuerdo vagamente. ¿De qué iba?

-De un boxeador profesional que, después de tocar fondo, resurge de forma inesperada.

-Me puedo sentir algo relacionado con eso. Debuté muy joven en Primera con el Getafe. Míchel me dio la oportunidad, incluso luego en la Liga Europa. Entonces tenía unas ilusiones que con el paso del tiempo y unas circunstancias a las que no quiero dar más vueltas se chafaron. Tuve que salir adelante poco a poco.

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-Llegó de tapado a muchos sitios, incluso a las categorías inferiores del Getafe.

-Ahí llegué a prueba.

-Como al Valladolid el año pasado.

-Mi filosofía de vida siempre ha sido así. Me han obligado a ello. Siempre he tenido que ir a remolque y hacer algo más para intentar tener lo mismo que el resto.

-Creo que de pequeño le entrenaba su padre (José Manuel Pérez Durán), ¿no?

-Sí. Es entrenador. También jugó al fútbol. Estuvo diez años en el Madrid, hasta llegar al Castilla, y luego en el Celta, en Segunda.

-En un partido entre el juvenil del Getafe y el del Madrid llamó la atención de Míchel.

-Se dio la circunstancia de que el primer equipo del Getafe se entrenaba en el campo de al lado. Nosotros jugábamos contra el Madrid de División de Honor, en el que estaban Jesé, Morata y alguno más. Y Míchel se acercó a verlo un rato. Dio la casualidad de que hicimos un gran partido y ganamos al Madrid. A los pocos días, estando en el colegio, me llamó mi madre para decirme que el martes tenía que entrenar con el primer equipo.

-¿Quién es Míchel para usted?

-El que me ha sacado adelante. Él y Juan Eduardo Esnáider, que era su segundo.

-¿Y Herrera, su ángel de la guarda?

-Después de haber pasado momentos muy difíciles, que me llevaron a plantearme muchas cosas, Paco me dio la opción, primero, de hacer una prueba en el Valladolid. Aceptó y quiso verme. Estuve un mes así y luego apostó por mí. Solo tengo palabras de agradecimiento hacia el míster y una deuda eterna.

-¿Qué cosas se planteó en esa crisis de fe futbolística?

-Verlo de otra manera, empezar de cero. Quería volver a España. Me planteé incluso empezar por categorías más inferiores e ir subiendo. Había perdido la ilusión que tenía desde pequeño por encontrarme en unas situaciones límite que no entendía.

-En Bulgaria vivió en primera persona una situación muy grave.

-Con Jokanovic estuve a gusto, pero le echaron. Luego vino un entrenador (Ivaylo Petev) que en algún medio había dicho que era simpatizante del CSKA de Sofia, el rival histórico del Levski. En la presentación, y no le exagero, llegaron cerca de dos mil o tres mil aficionados. Unos cuantos entraron a la rueda de prensa y le quitaron la sudadera y la camiseta que llevaba puesta. Yo estaba dentro del vestuario porque después teníamos entrenamiento. Pasamos algo de miedo al ver tanta gente con bengalas y tanta rabia. Luego, renunció al cargo.

-¿Qué siente en El Molinón?

-Nunca lo había pisado. El día del debut, ante el Lugo, me pasé buena parte del encuentro con los pelos de punta. Es increíble.

-Su debut como titular allí fue contra el Oviedo. ¿Qué recuerda?

-Pufff... El tifo de 'Juego de Tronos', el himno de Asturias, con todo el estadio cantándolo. También la celebración del primer gol, en una primera parte buenísima. Fue inolvidable. Cuesta hasta expresarlo.

-¿Por qué salió del Valladolid siendo un futbolista importante allí?

-Renové por un año más y tanto el director deportivo, como el presidente, me dijeron que querían mejorar mi contrato y hacer una ampliación. Y de eso, a pasar la pretemporada y que el míster (Luis César Sampedro) dijera que quería unos centrales fijos, y que uno de ellos sería Kiko Olivas, que para él era importante. Con su llegada íbamos a ser cinco defensas, además de un canterano, Calero, que lo estaba haciendo bien. Fue una cosa más del entrenador. Sabiendo eso, no me lo pensé cuando vino el Sporting.

-¿Y cuál fue su primer impulso?

-Lo primero que estaba en Gijón el míster (Paco Herrera), que había sido quien me sacó la cabeza del charco.

-¿Ha jugado como mediocentro?

-Sí, sobre todo en juveniles. De mediocentro defensivo. También lo hice en Estados Unidos, pero mi puesto es de defensa central, salvo que el míster lo considere oportuno.

-¿Alguna manía confesable?

-Quizá no tengo muchas en el fútbol. Sí salir al campo con el pie derecho. En mi vida, por ejemplo, me gustan los números pares. Llevo en la camiseta el '24'. En el Huesca llevaba el '20' y en el Recreativo, el '4'. En ninguno me fue bien y aquí me dije: 'los dos en uno'.

-¿Llama a su padre antes de los partidos?

-Sí, en el autocar, de camino al campo. Es una costumbre. Repasamos las cosas que en algunos partidos me han faltado y que puedo mejorar.

-De los futbolistas siempre se dice que viven en una burbuja. ¿Les llega lo de Cataluña?

-Claro. Podemos vivir en una burbuja, pero no en una en la que no nos empapemos de lo que pasa. Tenemos facilidades a la hora de conseguir algunas cosas, es cierto, pero todo esto nos afecta. Me reservo mi opinión sobre lo de Cataluña. Lo único que puedo decir es que si volviera a nacer cien veces, cien veces elegiría ser español.

-¿Qué etiqueta le pondría a este Sporting?

-Basamos un poco todo en defender bien y, luego, en hacer un ataque limpio desde la defensa, sin dejar agujeros, ni espacios.

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