La historia de una foto de leyenda

Quini remata de volea en el Sporting-Rayo de la novena jornada de la temporada 1976-77 en Segunda. Es 31 de octubre, Joaquín mira al fondo y la bola no entra. / UBALDO PUCHE
Quini remata de volea en el Sporting-Rayo de la novena jornada de la temporada 1976-77 en Segunda. Es 31 de octubre, Joaquín mira al fondo y la bola no entra. / UBALDO PUCHE

Una volea para la inmortalidad recogida por la cámara de Puche

Adrián Ausin
ADRIÁN AUSINGijón

Novena jornada de la temporada 1976-77 en Segunda División. El Sporting recibe al Rayo Vallecano. Está practicando un fútbol total y es líder de la categoría. En el minuto 2, Quini adelanta a los locales. Pero en el 93 empatará Alvarito in extremis. El partido acaba 1-1. Entremedias se produce un lance espectacular sin mayores consecuencias. En la raya de gol de la portería del fondo sur, Enrique Castro Quini atrapa una pelota en el aire con un escorzo inverosímil. No logra perforar la meta de Alcázar. Sin embargo, su volea queda retratada en la cámara de Ubaldo Puche Mulero, quien no será consciente de su gesta hasta llegar al cuarto oscuro de revelado, donde descubre un tesoro oculto entre sus negativos.

El fotógrafo de La Voz de Avilés, autor de la imagen más genuina de Quini, confesaría sin rubor tiempo después, con ésta elevada ya a la categoría de icono, que la había tomado por accidente. Incluso sin ser consciente de ello. La filigrana del Brujo asustó al reportero gráfico alineado a pie de cal y al improvisar un gesto protector hacia atrás la mano apretó el botón del disparo. ¡Y vaya si disparó!

Puche (Águilas, Murcia, 1922) vive hoy retirado en Llaranes, Avilés, precisamente en el barrio donde Quini pasó su infancia y primera juventud y donde anotó sus primeros goles como estudiante del Colegio Salesianos. El hombre de las mil vidas, quien practicó la lucha libre, estuvo en la División Azul, trabajó en Ensidesa, fue guarda jurado, submarinista y periodista gráfico, tuvo numerosas ocasiones de verse las caras con Quini y comentar, entre risas, las circunstancias en las que tomó aquella mítica fotografía. La última, de la cual hay constancia, fue en 2012, en la presentación del documental 'El Brujo frente al espejo', de Rai García, en el Ayuntamiento de Gijón.

Sporting, Cádiz y Rayo

Cuarenta y un años y medio después, la imagen del aquel Sporting-Rayo sintetiza, como ninguna, la fusión entre Quini y su mito. El talento. El gol. El sportinguismo en estado puro. Sin embargo, por curiosas coincidencias, se ha prestado en ocasiones a la confusión. Del Sporting-Rayo del 31 de octubre de 1976 está dicho todo, salvo la alineación: Castro, Redondo, Doria, José Manuel, Killer; Joaquín, Ciriaco, Mesa; Toni, Quini y Ferrero. Al final de aquella temporada, aquel equipazo entrenado por Vicente Miera quedó primero seguido de Cádiz y, precisamente, Rayo Vallecano; con 47, 46 y 45 puntos cada uno (tres equipos curiosamente ahora en Segunda y los tres en la zona alta de la tabla).

Después vinieron dos años gloriosos en Primera. Quedó quinto y segundo. Y al siguiente en la temporada 1979-80 arrancó como un huracán: ¡siete victorias seguidas! Ganó al Sevilla, Atlético de Madrid, Las Palmas, Athletic de Bilbao, Valencia y, en la sexta jornada, al Rayo a domicilio. Fue el partido del 1-2 con sendos goles de Quini, uno de ellos de espectacular volea desde dentro del área a centro de Manolo Mesa. De nuevo el Rayo, de nuevo una volea, de nuevo octubre, esta vez el día 21 en vez del 31... Ingredientes para la confusión alimentada por el paso del tiempo y, quizá, el deseo de muchos de que la gran imagen de Puche fuera la imagen de un gol.

Arrollador inicio

Aquella tercera temporada en Primera, ese equipo vencedor en Vallecas formado aquel día por Castro; Uría, Jiménez, Doria; Joaquín, David, Ciriaco, Mesa; Abel, Quini y Ferrero acabó tercero por detrás de Real Madrid y Real Sociedad. Una pena, porque el juego desplegado ese año y el anterior fue digno de haber conquistado el primer título de Liga de la historia del Sporting. Después de ganar al Rayo, se goleó al Barça en casa (4-1) y luego llegaría un bache tras tanta gloria acumulada.

El gol de volea de Quini en Vallecas tuvo una gloria efímera en tiempos sin redes sociales ni Youtube. Unos años después, en la final de la Eurocopa 1988, llegaría uno muy similar de Van Vasten ante la URSS con gran eco internacional. El holandés era un superclase. ¿Y Quini? No hay más que mirar sus siete pichichis y no una sino sus dos voleas al Rayo, una en cada campo, para apreciar su indiscutible genio. Si su figura se forja en bronce junto a El Molinón, el molde, nadie lo duda, habrá de ser de Puche.

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