Canal Sporting
El comienzo de la sexta temporada en Segunda División no parecía aportar grandes esperanzas para la afición sportinguistas. Después de no haber logrado en las cinco campañas anteriores colarse ni una sola jornada en los puestos de ascenso, objetivo para el club, que parecía conformarse con mantener la categoría, y tras la marcha de Villa, necesaria en el aspecto económico, pero desilusionante para el aficionado, nadie podía prever los acontecimientos que tuvieron lugar durante la Liga 2003-04.
La crítica situación económica obligaba a descartar fichajes, a buscar la cesión de jugadores y a confiar más que nunca en los valores de la cantera.
Fue entonces cuando en la temporada 2007-08, se logró el esperado ascenso del Sporting a Primera de la mano de Manuel Preciado que había cogido las riendas del banquillo sportinguista en la temporada 2006-07.
Gracias al trabajo de Eloy Olaya desde la secretaría técnica del club se consiguió incorporar a la plantilla a jugadores que cubrieran puestos clave, como la vuelta del central Yago y del lateral Dorado, el portero Roberto o los delanteros Bilic y Miguel. Junto con las aportaciones de jugadores ya asentados, como Borreguero o Cristian, buena parte de la responsabilidad del equipo volvía a recaer sobre jugadores de la cantera, que, si bien llevaban ya tiempo en el primer equipo, no habían alcanzado todavía el grado suficiente de madurez. Samuel, Juan, Pablo Álvarez o Rubén iban a demostrar durante toda la campaña que habían dejado de ser promesas para convertirse en auténticas realidades.
Dada la estrechez económica que agobiaba al club, y dada también la falta de rendimiento de ciertos entrenadores con renombre que habían ocupado el banquillo sportinguista en los últimos tiempos, la secretaría técnica eligió como entrenador para esta temporada a Marcelino García Toral, ex jugador del Sporting y hasta entonces técnico del filial. La no clasificación del Sporting B para jugar la fase de ascenso a Segunda B, además del hecho de ser una persona desconocida para buena parte del sportinguismo, puso en pie de guerra a la afición contra el nuevo entrenador antes incluso de que se disputaran los partidos de pretemporada. El sexto año en Segunda empezaba mal y la palabra que mejor podía definir el estado de ánimo de la afición era desmotivación. Nadie en Gijón, y tampoco dentro de los estamentos del club, podía pensar para esta temporada en otra cosa que no fuera mantener simplemente la categoría. Prueba de esta desmotivación es el sensible bajón en el número de socios que se produjo en los inicios de la temporada. Durante el verano, desde la marcha de Villa hasta el primer partido de Liga, se habían perdido alrededor de 4000 socios. El Molinón era un estadio semivacío, donde abundaban más las butacas libres que las bufandas y camisetas rojiblancas.
El primer partido de Liga parecía confirmar los temores de los más pesimistas. Un Getafe recién ascendido de Segunda B ganó 02 en El Molinón, un mal inicio para un Sporting que volvió a perder en el siguiente partido (21 contra el Alavés) y que parecía que iba a repetir el desastroso comienzo de campaña de la temporada anterior, como farolillo rojo. Contra el Algeciras, otra vez en Gijón, se logró una victoria que cortó momentánemente la deriva derrotista del equipo. A diferencia de otras temporadas, y a pesar de los resultados, se veía sobre el césped a un equipo distinto, mejor compensado, más sólido y con las ideas más claras, que jugaba a ganar con un claro plantemiento ofensivo, pero que se dejaba llevar los puntos con excesiva facilidad. El Córdoba, Las Palmas o el Éibar, en Copa, sacaron provecho de los fallos del equipo para arrancar puntos de El Molinón. Fuera de casa el Sporting obtenía mejores resultados y poco a poco el trabajo del entrenador y de los jugadores sobre el campo empezaba a salir bien. El Sporting, tras una polémica derrota en Vallecas, ganó dos partidos seguidos y se colocó a un paso de los puestos de ascenso. El 7 de diciembre de 2003 recibía en El Molinón, a las 12 de la mañana, al Numancia, el líder de la categoría. Durante el partido contra el equipo soriano de la temporada anterior se habían producido una serie de incidentes entre los jugadores numantinos y parte de la afición gijonesa que habían desembocado en el primer cierre de El Molinón en toda su historia. Había, entre los ánimos de los 9000 aficionados que acudieron aquel día a El Molinón, un encendido sentimiento de revancha que hicieron sentir al rival desde el pitido inicial. La presión de la grada se hizo aún mayor cuando, a los tres minutos, Cristian Díaz fue expulsado con una roja directa. Jugando con diez jugadores, ante el líder de Segunda y con la posibilidad de meterse en los puestos de ascenso, El Molinón se convirtió por primera vez en muchos años en ese «fortín» por el que tanto se había suspirado, un estadio entregado a su equipo, unas gradas que rugían ante cualquier jugada del rival, que empujaban cada internada de los rojiblancos. El Sporting dominó totalmente al Numancia, Bilic marcó en el minuto 48 y se mantuvo de forma épica el resultado hasta el final del partido. Con los resultados de los demás equipos ese mismo día por la tarde, el Sporting logró por primera vez en sus seis años en Segunda meterse en los puestos de ascenso. Todo cambió desde aquel partido: la planifi cación de la temporada, ideada para mantener la categoría, se quedó corta ante la inesperada marcha del equipo, los jugadores se sintieron capaces de luchar por objetivos más acordes con la historia de la entidad que representaban y, por fin, la afición, desilusionada, apática e hipercrítica hasta entonces, volvió a confiar en su club, volvió a su estadio y se dio cuenta de que podía desempeñar un papel importantísimo para la recuperación del Sporting, se dio cuenta, en definitiva, de que ella misma era parte de lo que se había ido perdiendo durante los últimos años. Nunca un equipo ha conseguidoningún triunfo sin el apoyo de su afición.
La palabra ascenso se instaló definitivamente en el sportinguismo desde ese partido contra el Numancia, a pesar de las llamadas a la prudencia del cuerpo técnico, jugadores y directiva, que seguían manteniendo la permanencia como primer objetivo. La jornada siguiente supuso un tropiezo para el Sporting, que perdió contra el recién ascendido Ciudad de Murcia y quedó fuera de las tres primeras plazas. Sin embargo, con un serio trabajo defensivo, un juego ofensivo de altísima eficacia y un dominio absoluto de la ansiedad y los nervios de la segunda plantilla más joven de la categoría, el Sporting sumó a partir de la jornada siguiente la mejor racha de resultados desde que está en Segunda División: de los siguientes nueve partidos, ganó siete y empató dos, no recibió ni un solo gol (Roberto batió el récord que poseían tanto Sergio Álvarez en Segunda como Emilio Isierte en Primera), volvió a los puestos de ascenso y el 18 de enero de 2004 se colocó líder de la clasificación, tras una espectacular victoria frente al Almería en un Molinón en el que había casi el triple de aficionados que durante el partido contra el Numancia; terminada la primera vuelta, el Sporting obtenía el título honorífico de «Campeón de invierno»; el ascenso no era una ilusión, era una posibilidad real.
El Sporting estuvo líder durante diez jornadas y llegó a tener nueve puntos de diferencia respecto al cuarto clasificado, a lo que había que sumar la diferencia a favor del goal average con rivales directos como el Numancia, Getafe y Alavés. En febrero, Gijón entero se veía ya en Primera; muy mal se tenían que dar las cosas para no lograr un ascenso que se daba ya por cantado. Las cosas, sin embargo, se dieron mucho peor de lo que se podría imaginar.
Desde que el Sporting se convirtió en líder de la categoría, y más concretamente, desde que su posición al frente de la clasificación se hizo fuerte, el rendimiento del equipo bajó de manera notable.Rota la racha de imbatibilidad tras el partido de Córdoba, con un extraño arbitraje, en el que el Sporting perdió 4 a 1, el Sporting empezó a tener serios problemas para ganar los encuentros: la aparente sencillez con la que durante toda la temporada se habían solventado los partidos se transformaba jornada a jornada en un esfuerzo titánico para arrancar unos pocos puntos. El Molinón dejó de ser un fortín frente al Salamanca, con un empate a uno tras un gol que ni siquiera el ex sportinguista David Cano se habría imaginado, fuera de casa se completó una racha desastrosa, con sólo tres victorias en la segunda vuelta, y el equipo empezó a cometer errores propios de otras épocas a los que sin duda ayudaron una serie de arbitrajes muy polémicos que solían concluir con la expulsión de varios jugadores rojiblancos y la derrota final del equipo. Tras uno de estos arbitrajes, el sufrido en Jerez, elSporting perdió el liderato en la jornada 30, y quedó situado en tercera posición a cuatro puntos del cuarto clasificado. Las cuentas del ascenso salían ganando los partidos de casa y sacando puntos fuera; se esperaba, además, que el resto de equipos siguieran una racha similar a la del Sporting, pero todo fue al revés de lo que la lógica pronosticaba. En El Molinón se sufrió muchísimo para ganar los partidos y fuera de casa no se lograron más que dos empates. El 25 de abril el Sporting perdió 2 a 1 en Elche y se salió de los puestos de ascenso, aunque estaba a un solo punto del tercero. Esta mínima diferencia se mantuvo durante tres jornadas, pero creció hasta los tres puntos tras el partido frente al Éibar. La pequeña ciudad guipuzcoana y su pequeño estadio quedaron totalmente invadidos por miles de aficionados sportinguistas. Un ambiente festivo precedió a un encuentro que tardará mucho tiempo en olvidarse. El árbitro designado para dirigir aquel encuentro fue el balear Ángel Rodado Rodríguez: dos penaltis en contra del Sporting, las expulsiones de Cristian Díaz, Yago y Bauzá, una tarjeta amarilla a Samuel que lo descartaba para la siguiente jornada y una actitud autoritaria y chulesca durante todoel partido sacaron de quicio a jugadores, técnicos y afición. A pesar de jugar con ocho, el Sporting sacó lo mejor de sí mismo y consiguió empatar en el descuento con un cabezazo de Rubén que no logró mitigar la profunda rabia e impotencia que desde todos los ámbitos del sportinguismo se sintió durante aquellos noventa minutos. Robo, ultraje, atropello... de muchas maneras se podría definir el arbitraje de Rodado Rodríguez. Lo peor, sin embargo, no fue lo que sucedió en Ipurúa, sino que los resultados de tan esperpéntico arbitraje dejaron seriamente tocado al Sporting para el siguiente partido, contra el Tenerife, que se debió afrontar con muchas e importantes bajas. Rodado Rodríguez no sólo impidió que el Sporting ganara en Éibar, sino que fue decisivo para que el Tenerife se encontrara en El Molinón con muy poca resistencia.
El 30 de mayo el Sporting era cuarto, a tres puntos del Alavés, tercer clasificado; quedaban sólo cuatro partidos, tres de ellos en casa, y había que ganarlos todos para lograr el ascenso. Sin embargo, el Tenerife que jugó en El Molinón demostró ser uno de los mejores equipos de la categoría y realizó un partido que tenía muypoco que ver con su situación en la clasificación. El Sporting estaba «en cuadro» y perdió 0 a 2. El ascenso se perdió definitivamente quizás en ese partido; aún había posibilidades matemáticas, pero, dada la imparable racha de los rivales y las dificultades por las que atravesaba el Sporting, se hacía prácticamente imposible remontar en las últimas tres jornadas. El triunfo frente al Cádiz hizo mantener las esperanzas, pero en la penúltima jornada se vivió un todo o nada en Almería que cerró matemáticamente las puertas del ascenso al Sporting. La victoria frente al Málaga B en el último partido, con la que se consiguió la en otras ocasiones exitosa marca de 70 puntos, no sirvió para evitar la decepción de haber perdido una inmejorable oportunidad para ascender.

© EL COMERCIO DIGITAL
C/ Diario El Comercio, 1 33207 Gijón (Asturias)
Registro Mercantil de Asturias, Libro 0, Tomo 2794, Folio 111, Hoja AS-24281
El Comercio Digital, Servicios en la Red S.L. CIF:B-33871005
© EL COMERCIO DIGITAL Reservados todos los derechos. Queda prohibida la reproducción, distribución, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.
Contactar | Mapa web | Aviso legal | Política de privacidad | Publicidad | Master El Correo