Mil historias junto a Quini

José Manuel, Quini y 'Tati' Valdés.
José Manuel, Quini y 'Tati' Valdés. / E. C.

El periodista Manuel Rosety relata sus vivencias desde que el mítico '9' del Sporting jugaba en el Bosco Ensidesa

Manuel Rosety
MANUEL ROSETYGijón

La primera vez que vi a Quini fue en un La Braña-Bosco Ensidesa. El que suscribe se vestía con el equipo de Tremañes. 'El Brujo' jugaba al fútbol con el '11' del conjunto avilesino. El mítico exfutbolista empezó de extremo izquierdo, en un equipo que marcaba las diferencia en el fútbol juvenil asturiano, aunque el olfato de gol lo tenía desde que nació y en cualquier posición.

En aquel encuentro, el potente Bosco apenas pasó del medio del campo, asediado por los azulgrana de La Boroñada. Un tal Susi, que era el portero, se encargó de pararlo todo. Cuando llegó al Sporting pasaría a ser Castro. Y aquel '11' solo tuvo una oportunidad para pasar del centro del campo en todo el partido, pero le resultó suficiente para demostrar que era letal. El final fue 0-1. Ya se veía quienes iban para figura.

A Quini empecé a tratarlo con más cercanía cuando inició su trayectoria en el Sporting, tras el ascenso del equipo gijonés en la etapa de Carriega. Su estilo siempre fue accesible, con un talante de naturalidad, sin dar espectacularidad a sus goles, ni a sus trofeos, que empezaban a multiplicarse en un Sporting que jugaba de memoria con un juego distribuido por 'Tati' Valdés, que seguían por las bandas Herrerín o Churruca, quienes centraban el balón siempre a donde estaba la cabeza de Quini. No era una casualidad.

Algunas temporadas fueron complicadas, por la presión de los medios de comunicación de Barcelona, debido a la insistencia de Agustín Montal de ficharlo para el Barça. Hubo alguna época en la que a Quini se le tentó con ofertas suculentas desde la Ciudad Condal, ya que el Real Madrid, que también lo quiso, asumió mejor que el Sporting no estaba en disposición de traspasarlo. Imperaba el derecho de retención, pero 'El Brujo' nunca rehuyó las explicaciones. Incluso lo pasó mal cuando la afición gijonesa llegó a ponerlo en el disparadero, lo que solventó con cuatro goles del 6-1 al Espanyol.

Me tocó vivir el traspaso de 1980, cuando estaba menos convencido de su marcha, pero las diferencias económicas eran importantes, ya que la oferta azulgrana triplicaba sus emolumentos en el Sporting. En el trato, Quini seguía siendo el de siempre. Tras el regreso de la Eurocopa de Alemania, en 1980, cuando se cerró el traspaso, Quini aceptó todo tipo de compromisos periodísticos y un homenaje en Las Delicias, por impulso de un grupo de amigos y de peñas.

A su regreso, tras cuatro años en el Barça, Quini mantuvo el trato habitual. Su homenaje fue un acontecimiento importante, con la presencia del Real Madrid. Echó de menos al Barça, pero Núñez parecía resentido porque el Brujo había perdonado a sus secuestradores, después del dispositivo que había organizado el club catalán para el pago del rescate, que podía haber sido tratado como evasión de divisas. Se le dio demasiada espectacularidad a un asunto que estaba controlado por la policía.

Tras dejar el Sporting no lo pasó bien. No fue valorado en su justa medida. Tuvo una etapa de comentarista. Viajaba con el Sporting para las retransmisiones de Radio Nacional, pero siempre con un dato positivo, sin rencor. Coincidimos después en la Cope, como contertulio en los partidos internacionales. Después, José Fernández lo recuperó para el Sporting, para hacer la función de delegado. Fue la etapa con más relación, llena de anécdotas, porque 'El Brujo, bromista por naturaleza, siempre con buen humor, siempre tenía ideas para hacer reír. Una sonada fue en Albacete, cuando se confundió de piso en el Hotel Los Llanos para ir a buscar a Juanín Díaz Zarracina y tocó en una puerta que no era. Los viajes, con Quini, eran más distendidos, al margen de lo que podían afectar los resultados.

En sus últimos años como delegado, después del proceso de cáncer que superó, quizás fue la etapa en la que se vio más responsabilizado, con una actitud en la que dio apariencia de estar más atenazado. Se vio liberado en la última época, como representante institucional del club, aunque se veía asediado por tantos eventos en los que tenía que intervenir. En cualquier caso, aunque inicialmente trataba de eludir su presencia, la respuesta final era: ¿A qué hora es? Y allí estaba. Sus últimos compromisos de relevancia fueron una cita con EL COMERCIO, en la que se reunieron Joaquín, el futbolista que más partidos disputó; Novoa, el entrenador que más partidos dirigió; Vega-Arango, el presidente de más años en el cargo, y él, como máximo goleador de la historia del club. En la sesión fue el más animado.

Recientemente, intervino con Eloy Olaya en una sesión de firma del libro de 'La historia del Sporting en la Liga', una tarde que tenía otros dos actos en su programación. Al final distribuyó los horarios para estar en los tres. A nivel personal, de Quini solo tengo agradecimiento para su trato, con numerosas vivencias que darían para escribir un libro. A partir de ahora faltará su llamada telefónica en Navidades o su apoyo en los momentos más complicados, duros como los que conoció en primera persona. Un hombre sencillo, amigo de todos. No tenía enemigos. Una persona apreciable, detallista y, como él decía, normal, aunque su historial deportivo es inigualable. Un genio.

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