Un impulso a contrarreloj

Foco de atención. El proceso de conversión del Sporting en Sociedad Anónima Deportiva generó mucha expectación ante el riesgo de que el club tuviera que descender a Segunda B. La implicación de Areces fue decisiva para llevar a buen puerto las negociaciones como constatan las páginas de EL COMERCIO que encabezaban la sección de Deportes hace un cuarto de siglo. / E. C.
Foco de atención. El proceso de conversión del Sporting en Sociedad Anónima Deportiva generó mucha expectación ante el riesgo de que el club tuviera que descender a Segunda B. La implicación de Areces fue decisiva para llevar a buen puerto las negociaciones como constatan las páginas de EL COMERCIO que encabezaban la sección de Deportes hace un cuarto de siglo. / E. C.

El Ayuntamiento asumió el mando de la transformación del Sporting en SAD alertado por el Consejo Superior de DeportesLas irreales promesas del presidente del club confirmaron las dudas de un proceso que iba camino del fracaso

MANUEL ROSETY GIJÓN.

El mes de junio de 1992 quedó grabado en la historia del Sporting por la conversión del club en sociedad anónima deportiva. El proceso estuvo rodeado de incertidumbre por la falta de respuesta de la masa social para suscribir el número de acciones de la entidad fijado por el Consejo Superior de Deportes (CSD). El capital social inicial del club gijonés ascendió a 3,52 millones de euros (588.112.000 millones de pesetas).

La figura de Vicente Álvarez Areces, entonces alcalde de Gijón, resultó clave en la fase final de la transformación ya que el impulso que dio a la compra de acciones evitó que el Sporting se fuera a Segunda División B con un descenso administrativo y unas opciones de ascenso para un futuro que quedaban supeditadas a convertirse primero en SAD.

Dos semanas antes de finalizar el plazo para completar la suscripción del capital social, Javier Gómez Navarro, secretario de estado para el Deporte, principal impulsor del nuevo modelo empresarial en el fútbol español, alertó a Areces de la complicada situación del Sporting, según los informes que disponía en el Consejo Superior de Deportes, desde donde se tenía un exhaustivo seguimiento diario de cada entidad. Dos días después, el letrado vegadense Sabino López y Herminio Menéndez, entonces funcionarios del CSD, reiteraron al alcalde el grave riesgo por el que atravesaba el club gijonés.

Álvarez Areces, acompañado de Daniel Gutiérrez Granda, en aquella época concejal delegado de Deportes del Ayuntamiento de Gijón, mantuvo una primera reunión con Plácido Rodríguez, cuyas promesas de inversiones no se cumplieron. El empresario conservero Manuel Calvo negó que fuera a poner 1,8 millones y el importe que iban a invertir los directivos quedó muy lejos de la cantidad anunciada. La incertidumbre mostrada por Rodríguez Guerrero provocó que Álvarez Areces fuera el protagonista de un golpe de efecto para cambiar la desconfianza que había a escala popular con el dirigente de entonces.

El presidente de aquella etapa asumió que su presencia era un lastre para el proceso, por lo que hizo pública su intención de abandonar tras la transformación, presionado por Areces. También coincidió en que todos los grupos con representación municipal criticaron el obstáculo que significaba la directiva de entonces para efectuar el trámite legislado para la conversión del Sporting en SAD. Rodríguez también mantuvo una pugna dialéctica con Gómez Navarro, con aspecto de impotencia por no verse capaz para ultimar el proceso sin la intervención institucional.

A partir de ese momento, la actividad del Ayuntamiento fue casi monográfica en la dedicación de sus cabezas visibles para comprometer a empresarios de todos los ramos, con el único objetivo de completar la suscripción del capital social. El alcalde estaba en disposición de asumir, como Consistorio, un máximo de 528.000 euros, con una operación de crédito con la antigua Caja de Ahorros, si bien, al final, el último día, adquirió 276.000 euros para completar la suscripción y evitar que el Sporting fuera descendido a Segunda División B. A título personal, Areces adquirió 1.500 euros en acciones del Sporting. En una semana y media logró lo que parecía imposible. Salvo en la última jornada, desde el CSD se veía al club rojiblanco fuera del fútbol profesional.

Los últimos días de junio fueron tensos e intensos, con expectación en Valladolid y en Palma de Mallorca, sede de los dos equipos descendidos tres semanas antes, donde había ilusiones en recuperar la categoría perdida. Además de Gijón, en Vigo también hubo incertidumbre, con problemas de última hora, similares a los del Sporting.

La movilización que aplicó Álvarez Areces fue espectacular. Además de sus colaboradores más directos del Ayuntamiento, el alcalde contó con la cooperación de Agustín Antuña, presidente del Patronato Deportivo Municipal en aquella etapa, y del empresario Luis Mitre, que representaba a un grupo de industriales gijoneses, entre los que se encontraba José Fernández, quien era entonces una persona poco conocida en los ámbitos futbolísticos de la ciudad, si bien tenía relaciones con otros empresarios. Una de las anécdotas del proceso de conversión fue la actitud de Alberto Menéndez Rúa, propietario del bingo que lleva el nombre del club, quien aportó cierta rivalidad en su participación accionarial: «Yo pongo lo mismo que el 'Pichu'», apelativo por el que era conocido Fernández.

Una vez concluido el proceso de conversión del club, Álvarez Areces intervino para que se formara una gestora con la intención de garantizar la transición. De hecho, el traspaso de Monchu al Sevilla tuvo que esperar a que tomara posesión el primer consejo de administración el cinco de septiembre.

Desde la transformación en SAD han transcurrido 25 años, en los que hubo algunos episodios aterradores, con un descenso traumático, más otros dos por mala planificación, y más riesgos de descenso administrativo, salvados por la venta de Mareo, el traspaso de David Villa y un proceso concursal, así como pasajes polémicos, revueltas sociales y situaciones críticas.

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