Aquella maldita tarde de julio de 1993

Quini con su hermano Jesús Castro, en la etapa de ambos en elhistórico Ensidesa. /E.C.
Quini con su hermano Jesús Castro, en la etapa de ambos en elhistórico Ensidesa. / E.C.

La vida de Quini estuvo marcada por la muerte de su hermano Jesús, su secuestro y el cáncer

Daniel Fernández
DANIEL FERNÁNDEZGijón

Aquella maldita tarde de aquel maldito 26 de julio de aquel maldito verano del 93.Aquella maldita llamada... Quini recibía ese día un golpe que le marcó de por vida.Más incluso que el secuestro al que fue sometido en 1981. Al otro lado del teléfono le comunicaban que su hermano, el exportero Jesús Castro, fallecía ahogado en una playa de Pechón mientras intentaba salvar a unos niños ingleses. El fallecimiento de ‘Susi’, como cariñosamente lo llamaban en su familia, dejó una profunda huella en ‘ElBrujo’. Dicen que fue una de las pocas veces que su eterna sonrisa se borró de su cara, conquistada por un mar de lágrimas.

Quini era el mayor de tres hermanos.FaloCastro, exportero delSportingAtlético y del equipo de fútbol sala de La Fontaine y actual jefe de seguridad de ElMolinón, es el pequeño.El primogénito de la familia Castro-González estaba muy unido a sus hermanos, con quienes creció en aquélLlaranes que crecía a la sombra de los hornos altos de Ensidesa. Quizás por ello, por crecer en un barrio obrero en el seno de una familia obrera que se las veía y deseaba para sacar adelante a sus tres hijos, Quini estaba curtido en sobreponerse a las adversidades.Pero hubo tres que dejaron huella en su vida: su secuestro en 1981, la muerte de Jesús Castro y cuando en 2008 le fue diagnosticado un cáncer de garganta. Tres duros golpes que le costó superar. Quizás por ello era muy reacio a hablar de ello cuando se le preguntaba.

Los 25 días que estuvo secuestrado en un lúgubre zulo en Zaragoza (entre el 1 y el 25 de marzo) fueron un calvario para Quini.Su cara demacrada el día de su liberación era la prueba palpable. ‘El Brujo’ reconoció siempre que sus captores –tres desempleados– «me trataron físicamente bien, pero psicológicamente quedé tocado». Pero Quini pasó página rápidamente. El legendario delantero sportinguista perdonó a sus secuestradores.Incluso, como reconoció años más tarde, entabló una amistad con uno de ellos. «Llámame cuando quieras», dijo en una entrevista.

El duro golpe del secuestro no fue comparable con lo que ocurrió aquella tarde de julio de 1993.El mazazo de la noticia del fallecimiento de su hermano le marcó para el resto de su vida.Fue muy difícil de superar.Tanto que Quini tardó en visitar la casa de su hermano y no fue hasta el rodaje de la película sobre su vida, ‘ElBrujo frente al espejo’ (2013) cuando acudió por primera vez a la playa de Pechón, donde murió ahogado Jesús Castro. «Nunca quise venir», reconoce en el documental.

Pero los golpes no acabaron.La historia le tenía guardado otro mazazo. Fue en 2008.La euforia se había apoderado delsportinguismo, que veía como su anhelado regreso a Primera tras diez largos años de peregrinación por la Segunda, estaba cerca.De repente, Quini anunció que hacía un paréntesis en sus funciones como delegado del equipo.Un cáncer de garganta tenía la culpa. El 15 de junio de 2008, en ElMolinón, Quini reapareció en el palco mientras la afición coreaba su grito de guerra:«Ahora, ahora, ahora Quini, ahora». Fue una tarde mágica, ya que elSporting selló su ascenso ante el Eibar.

Quini logró superar el cáncer.No fue fácil, con algún que otro susto por el medio.Sus ansias de lucha doblegaron al tumor.

El 28 de febrero, el corazón de Quini se cansó de latir.Como dijo el padre Fueyo en su funeral, «se le paró de lo grande que lo tenía».

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