Manolo Mesa regresa a El Molinón 30 años después

Manolo Mesa regresa a El Molinón 30 años después
Manolo Mesa, con la camiseta del Sporting, en San Roque. / E. C.

El exfutbolista del Sporting volverá el sábado al estadio gijonés

JAVIER BARRIOGIJÓN.

Se escuchan un par de tonos de espera, un ruido, y al otro lado del teléfono surge la voz de Manolo Mesa (San Roque, Cádiz, 1952). Antes de meterse en faena manda recuerdos para todos. Al final de la conversación con EL COMERCIO, también. El sábado regresa a El Molinón para ver a su Sporting en una cita crucial casi treintaiún años después de su partida. No ha vuelto desde entonces a respirar su mística 'Siete Pulmones', responsable directo de la brutal revolución que protagonizó el club entre los setenta y los ochenta.

-¿Hace mucho que no pisa Gijón?

-Bastante. La última vez fue para llevar a un jugador de aquí, de San Roque, Iván Peña. Estuvo unos días en Mareo probando. Anteriormente fui por Cundi y ya no he ido más desde que me vine hace treinta años.

-¿Y El Molinón?

-Desde que me fui en 1987 no he vuelto. La última vez que estuve fue cuando jugué mi último partido de Liga. Porque la otra vez casi no tuve tiempo de ver nada. Ni a compañeros del equipo. Creo que al único fue a Maceda, que estaba de entrenador.

-¿Qué sentirá al volver?

-Todo ha cambiado mucho. La última vez ya noté muchos cambios en la zona en la que yo vivía, en la parte que daba a la playa. Vivía en Doctor Aquilino Urlé 49. Ahí estuve diez años. ¿Y Mareo? Imagínese. Había cambiado muchísimo. El Molinón no pude verlo, pero cuando sale por la tele sé que está precioso. Me gustará volver porque he pasado ahí los mejores ratos de mi vida deportiva. Desde que llegué a Asturias la gente siempre ha estado conmigo. Ni en la calle, ni en El Molinón, nunca me han hecho sentir un extraño. Siempre me he visto como uno más. La pena, que está muy reciente, será no poder saludar a Quini. Me tocó mucho lo que le pasó. Igual que lo de Castro y 'Tati' Valdés. Y José Luis Rubio. La vida es así.

-¿Sigue al Sporting?

-¡Hombre! Estuve doce años allí. Los mejores de mi vida. La afición se merece que el equipo esté en Primera. Tiene que seguir apoyando a ver si se consigue. El final es complicado porque el Rayo y el Huesca no se permiten muchos errores. Pero el Sporting está ahí. El Rayo lo tiene bastante bien y no lo metería en el saco. Lo que puede pasar es que el Huesca pierda o empate. Y el Sporting tiene que estar ahí. Ese será su gran día. Pero tiene que ganar los cuatro partidos. No puede tropezar. Seguir haciéndolo como hasta ahora. Desde que ha llegado Baraja se han entendido muy bien y trabajan. Por mucha calidad que haya, siempre hay que hacerlo. Más grande que Messi no he visto a nadie, pero trabaja. ¿Por qué? Porque se va de tres o cuatro. Eso libera al resto.

-¿Se vive mejor como jubilado?

-Llevo desde diciembre (trabajó para el Ayuntamiento de San Roque). Tengo tiempo para todo lo que no podía hacer antes, pero a la vez me falta porque ya entro en el tema de los nietos. Estoy encantado de haber podido trabajar en mi municipio 25 años y me gusta estar jubilado. ¡Aunque tengo los problemas que tenemos los jubilados! A ver si de una vez se arregla esto y salimos ganando los jubilados y los parados.

-¿Qué es lo que no perdona del día?

-Aquí tenemos una zona extraordinaria, el pinal de El Rey. Los 'Siete Pulmones' que me decían algunos los cogía allí (risas). Estar por ahí andando, corriendo o paseando, es fenomenal. Lo he hecho toda mi vida. Desde niño. Me gusta hacerlo y no quiero perderlo. También voy todos los días a un bar al que siempre he ido a jugar al dominó, a la 'tablita'. Las cuatro cosas normales.

-¿Cómo le trata la gente allí?

-Como yo a ellos. Soy uno más. Nunca he sido más que nadie. He tenido la suerte de jugar al fútbol, pero soy una persona corriente, como millones que andan por ahí. Nunca me he sentido superior a nadie. Ni quiero, ni lo he sido.

-¿Por qué era tan resistente?

-Siempre me ha gustado trabajar en el campo de fútbol. Desde niño, cuando estaba en el equipo del barrio, nos pegábamos horas en un llano que había. No era ni campo de fútbol. Allí hacían la instrucciones los militares. Siempre me ha gustado entrenar y en el fútbol más que otra cosa. Pero también he hecho atletismo.

-¿Tuvo una infancia dura?

-Andalucía era como cualquier sitio cuando la dictadura. Estuve de pinche de carpintero, de fontanero... No cobrábamos nada. Incluso en la refinería de San Roque, en la que trabajé por el fútbol. Había un campeonato de empresas y un hombre me llamó y me dio seis meses de contrato. Lo que duraba la competición. A mí y a un compañero, un fenómeno que se llamaba Mena. Ahí ya empecé con 18 años a ganar dinero con el fútbol.

-¿Cómo fueron sus primeras semanas en Gijón?

-El cambio fue brusco. Lo que más me fastidió fueron los primeros meses, que llovía mucho. El primer año resultó duro. Teníamos que entrenar en sitios que no eran los habituales. Estaba El Molinón, perfecto, pero luego había que ir a una pumarada, al parque o a la Universidad a entrenar. Cuando se hizo Mareo ya fue otra cosa. Llegué en un momento malo. El equipo empezó bien, con un ataque que tenía a Megido, Quini, Churruca, pero nos costaba un mundo ganar partidos. Yo venía de Tercera, no de un club grande. Aquel año jugaría unos diez o doce partidos. A raíz del segundo, cuando vino Miera, ya empecé a entrar. Apreciaban en mí el trabajo. Tenía la calidad que tenía, pero sobre todo era mi trabajo.

-Era un currante.

-Yo era un currante. Tenía mi calidad técnica, como la tienen todos los futbolistas. Sabía pasar la pelota al compañero. No era solo correr.

-¿Qué significa el Sporting para usted?

-Después de mi familia, mi gente y mi pueblo, San Roque, el Sporting lo ha sido todo. Profesionalmente me lo ha dado todo. Me hizo llegar a la selección, clasificamos al equipo para la UEFA varias veces, llegamos a la final de la Copa en dos ocasiones y acabamos segundos en una Liga. No puedo pedir más. Ojalá hubiéramos conseguido un título. Méritos hicimos.

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