La 'Mareona' resiste en el desastre

Los seguidores rojiblancos, con sus bufandas alzadas, dieron colorido al José Zorrilla desde la zona de la grada del estadio donde estaban ubicados. :/Damián Arienza
Los seguidores rojiblancos, con sus bufandas alzadas, dieron colorido al José Zorrilla desde la zona de la grada del estadio donde estaban ubicados. : / Damián Arienza

Los cerca de seiscientos aficionados despidieron el partido con gritos de «¡Sporting, Sporting!»

Javier Barrio
JAVIER BARRIOGijón

Cruel fue el fútbol y el Sporting con sus propios aficionados, que se dejaron sentir en la grada de Pucela, pese al desastroso partido de los suyos. «¡Sporting, Sporting, Sporting!», gritaron desafiantes los aficionados rojiblancos desde la grada visitante ante el jolgorio local que se vivía en Zorrilla al término del partido. Aunque comenzó ilusionante, resultó un día terrible.

La animosa caravana sportinguista, con cerca de seiscientos aficionados, salió de El Molinón a las 15 horas. Nueve autocares en total, cada uno controlado por un miembro del personal de seguridad del club. También viajaron con el sportinguismo Carlos Barcia y Falo Castro. Tres horas generosas de trayecto hasta el aparcamiento del José Zorrilla. La ciudad cogió claro colorido rojiblanco a su llegada, aunque el desembarco se hizo esperar unos cinco minutos por el dispositivo policial. «Tenéis que dejarnos bajar que no paramos y alguno se lo hace encima», apresuraba con una sonrisa una trabajadora del Sporting.

A última hora de la mañana había algún aficionado esporádico por el centro de la ciudad, pero eran contadas excepciones. El grueso llegó a la tarde, sin poner un pie en la ciudad. Entre los que viajaron por su cuenta estuvieron algunos miembros de la peña La Folixa de Ribadesella. «Yo salí de trabajar y me vine directo aquí», apuntaba uno. «Estos fueron a base de cervezas y yo de Red Bull», protestaba otro.

La 'Mareona' desembarcó con el grito de guerra, por todo lo alto, pese a los 300 kilómetros de viaje que llevaba encima. «¡Porque este año subimos a Primera y pobre del que quiera robarnos la ilusión», se escuchó por todos los alrededores de Zorrilla, haciendo como propio el 'No nos podrán parar' de los Celtas Cortos, ídolos patrios, que retumbó durante el calentamiento. Víctor, Jorge, Kike y Carlos, todos estudiantes universitarios, llegaron en un vehículo particular desde Gijón. «No entiendo el bajón de la gente. El que no crea en el equipo que se quede en casa. Luego, eso sí, que no venga a celebrarlo si se logra», protestaba uno de ellos. Todavía quedaban dos horas para que el balón dictase sentencia. Dos horas para el bajón. La salida al campo se Mariño se produjo entre abucheos. Y el volumen de Zorrilla subió cuando pisaron el verde el resto de sus compañeros. Contra eso luchó el sportinguismo, que se dejó notar de lo lindo. Tanto que hubo algún comentario revelador entre algún aficionado local: «Esta presión, pero peor, nos espera el domingo en El Molinón». Aunque la diferencia la puso el fútbol.

Aficionados expulsados

El consejo viajó al completo. Javier Fernández, Javier Martínez, Fernando Losada y Ramón de Santiago llegaron a Valladolid el día antes, junto al equipo. A todos ellos se unió Miguel Torrecilla, que vio la derrota en directo. En la grada de Zorrilla hubo mucha personalidad balompédica nacional. Víctor Fernández, exfutbolista del Villarreal y del Valladolid, entre otros, aquel menudo delantero de la pasada década, se dejó ver en la previa. Raúl Lozano viajó junto a Jaime, segundo entrenador del Lugo, con el que coincidió en el Almería, para seguir también el encuentro en vivo. Nacho Méndez y Cayarga, futbolistas del filial, se pusieron de los nervios desde su asiento. Luego, el fútbol puso a cada uno en su sitio. En la grada local hubo cierta tensión con unos aficionados rojiblancos, que fueron expulsados entre abucheos.

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