El padre Ángel eleva a Quini a los altares

COLPISA

La madrileña iglesia de San Antón, refugio de necesitados, se llena de seguidores del ídolo sportinguista para darle su adiós

ALFONSO r. Aldeyturriaga
ALFONSO R. ALDEYTURRIAGA

La iglesia de San Antón, en Madrid, no es una iglesia al uso. Abre las 24 horas de los 365 días al año. Es refugio ante las necesidades, un lugar para los que están solos o heridos por la vida. Ofrece wifi gratis, café, baño y abrazos. Y en su altar, junto al santo que da nombre a este templo de Mensajeros de la Paz, destaca una imagen de la Santina a la que acompaña una serpiente de luces intermitentes que descubre a quien no sepa que se trata de la Virgen de Covadonga. También en lugar privilegiado aparece un recortable de Papa Francisco, a tamaño natural, y una pequeña figura de la madre Teresa de Calcuta. Y junto a ellos, este viernes, en el altar mayor, una fotografía de enormes dimensiones de Quini y el padre Ángel, de la que pende la camiseta que el ídolo de masas regaló al fundador de Mensajeros de la Paz.

«Quini se queda aquí, con nosotros», anunció el padre Ángel, señalando a la foto, al final de la misa funeral que se celebró en un templo abarrotado, lleno de gentes de toda edad y condición, de chavales con camisetas del Sporting o bufandas al cuello, de matrimonio ancianos, de curiosos, de amigos anónimos del eterno ‘9’ del Sporting que esta semana «ascendió a los cielos», llegó a decir el padre Fernando, encargado de pronunciar la homilía. «Estamos celebrando la vida de un hombre que siempre estuvo haciendo el bien», dijo emocionado.

El padre Ángel, que hablaba de Quini en presente, a quien se le veía feliz y triste al despedir a un amigo, pidió que todos sigamos su ejemplo. Lo elevó a los altares, llenó la iglesia de San Antón de imágenes que ya son recuerdos de un futbolista inmortal. Cuatro enormes plasmas recordaban la trayectoria y resucitaban fotografías icónicas de Quini. Ahora con Villa, más tarde con Víctor Manuel, luego con Arturo Fernández. También con el Rey y con Johan Cruyff, con Puyol, con Schuster… Entre un gentío de aficionados del Sporting, portando a la Santina... Sonriendo, siempre sonriendo.

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«¡A cuántas personas no habrá hecho sonreír! ¡A cuántos abrazó! ¡Y besó! ¡Y miró a los ojos! De eso sabemos bastante en esta iglesia. Aquí la gente pide café o pan, pero también que les queramos, que les abracemos y escuchemos. Y eso era lo que hacía Quini. Nos ha hecho muy felices», destacó el padre Ángel al término de un funeral que comenzó con un improvisado ‘Asturias, patria querida’ de un grupo de gaiteros del Centro Asturiano de Madrid, cuya sede está a pocos metros de la iglesia de San Antón. «Sé que a Quini le gustará», dijo el fundador de Mensajeros de la Paz.

Y con idéntico himno se puso el colofón al acto de despedida a Quini en Madrid, esta vez con acordes de órgano, violín y Voces de Alborada Eventos Musicales. «Ahora, Quini, ahora», gritó un feligrés. «¡Bien!», exclamó el padre Ángel. Y otra ovación cerrada para despedir a una buena persona, a un ídolo, a un amigo.

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