El Molinón enciende el derbi

La afición rojiblanca se entregó con sus jugadores durante todo el encuentro. / ARNALDO GARCÍA
La afición rojiblanca se entregó con sus jugadores durante todo el encuentro. / ARNALDO GARCÍA

La afición del Sporting despidió a su equipo con cánticos y gritos de «¡a por ellos!» | El exrojiblanco Juan Muñiz se retiró ovacionado cuando fue sustituido mediada la segunda mitad

VÍCTOR M. ROBLEDO GIJÓN.

Ni siquiera había terminado el partido en El Molinón cuando la afición del Sporting comenzó a pensar en clave derbi. A diez minutos del final, un importante sector respiró aliviado al comprobar que Santos era sustituido por Viguera. La baja del charrúa era uno de los temores del sportinguismo al estar apercibido. Santos no solo no vio ninguna tarjeta amarilla, sino que cuajó además una notable actuación con gol incluido que refuerza su popularidad entre el público. Los gritos de «¡uruguayo!, ¡uruguayo!» volvieron a asomar con fuerza cuando se retiraba hacia el banquillo.

La primera ovación de la tarde, no obstante, no fue para Santos ni para ninguno de sus compañeros. Justo antes del inicio del partido, una escurridiza paloma se instaló en el campo del Nástic y obligó a un trabajador del club a entrar al césped en su rescate. Sus quiebros y regates antes de ser capturada arrancaron más de una carcajada y muchos aplausos.

La grada, como casi siempre, respiró al ritmo marcado por el equipo. Al fulgor inicial tras varias aproximaciones peligrosas de los de Rubén Baraja le siguió después un periodo de calma tensa. El gol de Michael Santos antes del descanso encendió definitivamente los ánimos de cara a la segunda mitad y calmó los nervios.

Uno de los nombres del partido fue el de Juan Muñiz. El centrocampista gijonés regresaba a El Molinón dos años después de su salida del club y recibió el cariño de su antigua afición. La grada le dedicó aplausos al irse sustituido mediada la segunda mitad.

Tras el descanso, además de lo que sucedía sobre el terreno de juego, la afición estuvo también muy pendiente del importantísimo partido que disputaba el Sporting B ante el Racing en El Sardinero. Los goles de Traver en los primeros minutos arrancaron aplausos al ser anunciados por los vídeomarcadores del estadio e incluso se llegaron a escuchar cánticos de apoyo al equipo de José Alberto.

Al acabar el partido, los jugadores formaron una piña sobre el centro del campo y agradecieron a los aficionados su apoyo durante todo el encuentro. Fue entonces cuando la mente de la mayoría de seguidores viajó hasta el próximo domingo. Los cánticos y gritos de «¡a por ellos!» fue lo último que escucharon los jugadores del Sporting antes de irse a los vestuarios.

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