El Molinón siempre tiene la respuesta

Imagen de El Molinón desde el suelo, con el nuevo césped, esta semana.
Imagen de El Molinón desde el suelo, con el nuevo césped, esta semana. / AURELIO FLÓREZ

Los siete ascensos que hay en la historia del equipo gijonés tienen como denominador común la victoria en el primer partido en Gijón

GIJÓN.

En el sobado, voluminoso y metafórico libro donde se recopilan todos los tópicos que inspira el fútbol, uno de los más recurrentes es el que se refiere a la necesidad de firmar un ejercicio numérico notable como anfitrión para abrazar, al final del curso, el objetivo establecido en la parrilla de salida. «Si queremos ascender, gran parte de ese objetivo pasa por hacer de El Molinón un fuerte y que nadie puede llevarse de aquí ni un solo punto o los menos posibles», manifestó ayer Diego Mariño, parafraseando al Isma López del día anterior. El mismo propósito que sale cada día del vestuario del primer equipo rojiblanco.

Nadie en Mareo tiene dudas de que un regreso a Primera División necesita ser alimentado por un rendimiento sólido local, sin que a El Molinón se le vean las costuras, comenzando por este domingo frente al Lugo (El Molinón, 19 horas), un equipo que promulga hasta el extremo el culto al balón. Es el legado de Quique Setién.

La historia y la lógica manifiestan que bastante más del 50% de los puntos que consigue el Sporting los suma en su terreno, al abrigo de su afición, que ya está a punto de alcanzar los 24.000 abonados. Sin ir más lejos, el porcentaje se disparó hasta el 58,5% en el último ascenso, con Abelardo a los mandos, y se quedó en un 52,7% en aquella histórica temporada con Preciado.

Aunque luego también hay algún precedente que revela que no sirve con mandar únicamente en casa. El Sporting de la temporada 2003-2004 amarró 44 puntos en su campo, pero la cosecha se desinfló hasta los 26 cuando hubo que subirse al autocar. Algo similar pasó diez años después, durante el gobierno de José Ramón Sandoval que concluyó el 'Pitu'. Pero, singularidades al margen, el andamiaje más sólido de la estadística se arma en casa. Y Paco Herrera persigue este domingo una victoria que permita a su equipo levantar el vuelo pronto, embelleciendo el laborioso empate de Alcorcón.

El técnico catalán se guarda celoso el once del estreno en El Molinón, que anuncia sorpresas y un nuevo traje. No está claro con qué sistema competirá el equipo el domingo; si estará abrochado a un 4-1-4-1, a un 4-2-3-1 o incluso si girará hacia un sistema con dos delanteros, incluyendo al uruguayo Michael Santos en el boceto titular, aunque podría retrasar su posición para ejercer como enganche.

También está emparedada entre dos grandes interrogantes la situación del canterano Nacho Méndez, que podría estrenar convocatoria en competición oficial, y, sobre todo, de Álex López, quien apunta muy buenas maneras en los entrenamientos de estos días, confirmando que es un mediocentro de pie rápido y que da mucha continuidad al fútbol de su equipo. Un buen espejo para la progresión del jovencísimo mediocentro luanquín. Herrera quiere afinar al máximo en su bautismo como local en El Molinón, que lucirá inmaculado tras la reforma de su césped.

Cinco victorias

En las diez últimas temporadas en Segunda ha habido de todo para el equipo rojiblanco en su reencuentro con la afición. El balance se resume en 5 victorias, cuatro derrotas y un único empate. Un buen comienzo en El Molinón, en ese sentido, resulta históricamente el presagio de una buena temporada. Tanto que en los siete ascensos que adornan la historia del Sporting se repite una premisa: siempre ha ganado el equipo en la primera jornada disputada en Gijón. Lo hizo ante Osasuna en 1943 (1-0), frente al Numancia en 1950 (6-1), ante el Círculo Popular de La Felguera seis años después (1-0), contra el Castellón en 1969 (2-1) y frente al Levante en 1976 (4-0), además de las dos experiencias en los dos últimos ascensos: 4-0 al Poli Ejido y 2-1 a la Ponferradina.

«Esta semana es especial. Jugamos en nuestra casa», recordó hace unos días Michael Santos en redes sociales. «Vamos con todo», alargó ayer Carlos Castro. «Tenemos ganas ya de que llegue el partido, de jugar ante nuestra afición y de dar una buena imagen en casa», remató Diego Mariño. Las palabras están inspiradas en el movimiento que se detecta en los entrenamientos de la semana. La plantilla cuida estos días con mimo los preparativos del partido que se disputará pasado mañana. Hoy, de hecho, habrá un ensayo general en El Molinón para recuperar sensaciones.

En las entrañas del vestuario de Mareo se tiene muy presente la importancia de ofrecer una imagen convincente y resultona, potenciada con los tres puntos, para estimular a un aficionado que la pasada temporada solo vio a su equipo sumar 19 puntos en El Molinón. El Lugo, en ese sentido, se brinda a un combate de fútbol exquisito, alejado del espectáculo que se vio en Alcorcón, con la ilusión de que el Sporting puede exprimir más su todavía desconocido potencial con Paco Herrera retornando al banquillo local de siempre.

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