Nano Mesa: «Hubo contactos con el Real Oviedo, pero decidía yo y me decanté por el Sporting»

El jugador del Sporting Nano Mesa.
Nano Mesa. / Arnaldo García

J. BARRIO

En un punto central de la frente de 'Nano' Mesa (San Cristóbal de La Laguna, Santa Cruz de Tenerife, 1995) asoma una vieja herida de guerra. Delata actividad. «No fue del fútbol», ataja. «De chiquitito, en el colegio, no paraba quieto y, jugando con otros niños, me di contra el filo de una pared», recuerda con una enorme sonrisa a EL COMERCIO, al que atiende en exclusiva este explosivo delantero que puso patas arriba Tenerife con su irrupción profesional hace dos temporadas. Tan sonora fue su carta de presentación que el Eibar pagó 3,2 millones de euros, convirtiéndole en ese momento en el traspaso más elevado de toda su historia.

-Le quiso el Oviedo.

-Hubo contactos, tanto en invierno como en verano, pero el que decidía era yo. Me decanté por el Sporting.

-El club tiene una opción de compra sobre usted.

-Me tiene que comprar si sube a Primera. Esperemos que sea así y esté mucho tiempo en Gijón.

-¿Tiene contados sus tatuajes?

-Tengo tatuados los dos brazos, la mano, los dedos, el pecho, el costado, los oblicuos, el pie y ahora me voy a hacer la espalda. Es algo que me gusta. Mi primer tatuaje me lo hice a los 17 años, con el nombre de mi madre, Elena. ¡Ella no me hubiera dejado hacerme uno con otro nombre! (Risas). A los 18 ya me hice el de mi padre, Jesús, el mismo que mi hermano. A partir de ahí no paré. En el brazo derecho tengo todo lo que tiene algún significado para mi madre y en el otro, para mi padre y mi hermano. También mis abuelos...

-¿Qué tal con Baraja?

-Muy bien. Es un entrenador que dice las cosas claras y que intenta sacar lo mejor del futbolista. Gracias a él estoy aquí. Fue una parte clave para que viniera.

-¿Con quién ha hecho migas?

-Hernán es mi paisano. Somos canarios y al final siempre estamos juntos. También con Jordi, con el que coincidí con el Eibar. Pero, en general, con todos. Me han ayudado mucho. Con otro que me llevo bien es con Santos. Estamos hablando mucho en el día a día.

-¿Qué le ha sorprendido de Gijón?

-La afición, que es espectacular, y el pedazo de club que es el Sporting. Tengo muchas ganas de vivir el partido del sábado. La ciudad me encanta; es muy bonita y coqueta.

-¿Y lo peor?

-(Risas). ¡El tiempo! Los compañeros me han dicho que no suele llover tanto como estos días. No había pasado tan frío en mi vida, aunque todo es acostumbrarse (sonríe).

-¿Le dio vértigo ser el futbolista por el que el Eibar pagó en su día el mayor traspaso de su historia?

-Fue un orgullo. Lo único que pensé fue en apretar en el trabajo.

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