Canal Sporting

Sí. Lo confieso. Soy un oráculo de tercera división, un bocas de cuidado, un redomado mentiroso. Mis predicciones tienen el mismo rango que las de Bill Gates, quien en 1981 aseguró que ningún mortal necesitaría ordenadores personales con más de 640 kilobytes de memoria mientras hoy escribo estas líneas con un iMac cuya memoria es de 1 gigabyte. Lo dicho. No sigan leyendo. Diríjanse a la sección Contactos.
¿Por qué entono este mea culpa? ¿Es que me he vuelto loco? ¿Estoy intentando que me retiren este espacio de los lunes y se lo encarguen a un profesor de Literatura Medieval, a un testigo de Jehová o al maestro Alcántara? No, no, qué va, nada más lejos de mis intenciones. Pasen y lean. Pasen y lean lo que este falso profeta escribió para la edición del día 2 de febrero del 2009, o sea, hace exactamente un mes, una vez concluido el Sporting-Sevilla. «Y aunque la matemática no me asista y los números sean a menudo crueles con el optimismo, tengo la sensación de que anoche el Sporting se aseguró la permanencia, de que el partido de ayer marca un punto de no retorno para olvidar, de una vez por todas, ciertos momentos de fragilidad que han asaltado a este equipo de forma reiterada en su camino por la Primera División. Quizá merezca hablarse del 'día del Sevilla' como de una fiesta marcada en rojo en el calendario de la temporada 2009-2010».
Rediós, qué crueles son las hemerotecas. La verdad es que hubiera estado mejor cambiando el agua al canario. O practicando el sabio arte de la meditación. O haciendo mutis por el foro como una máscara de tragedia griega. Pero, en fin, ya se sabe que cada cual es esclavo de lo que dice y dueño de lo que calla. Así que hoy, y dado que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, voy a seguir jugando a los pronósticos a riesgo de despeñarme de nuevo.
El cuerpo me dice que, por este camino, nos vamos al pozo oscuro y profundo de la Segunda División. Lo malo no es haber sumado cero puntos de doce posibles desde el fatídico día del oráculo chorra, sino la impresión que desde entonces se ha dado a la afición y, sobre todo, a los rivales, que no son tontos y toman cumplida nota de los desaguisados y el fatal estado de ánimo.
Una impresión que fue floja en Barcelona, absurda ante el Madrid, blandita en Villarreal y obstinadamente gris ayer tarde contra el Mallorca. Por segundo domingo consecutivo en El Molinón, no hubo equipo con el que contar. Si el Madrid sin despeinarse nos metió cuatro, el Mallorca, por pura mala suerte, no igualó el 'gol average' particular, porque pudo -y mereció- haber ganado con más holgura. Cuando el mejor de tu equipo, jugando en casa, es el portero, resulta obvio que las cosas no pintan bien.
Y vaya si pintan mal. Bastos. Toda la baraja, del as al rey, dispuesta sobre el verde del municipal. Uno no está dentro de un vestuario, así que es difícil saber qué demonios pasa por la cabeza de los jugadores, pero algunas evidencias están ahí, diáfanas como que tres y dos suman cinco: los centrales, para olvidar (ayer Aduriz parecía Horst Hrubesch, el delantero centro de Alemania durante el Mundial de España, porque las ganó todas: con la cabeza, con el pecho, con el hombro: fue insultante); el nuevo sistema, con Andreu por delante de la defensa, quizá evite goleadas, pero regala un fútbol rácano; Camacho está en una baja forma alarmante; y los delanteros, juegue Barral o Bilic, andan desorientados y apenas ofrecen su esfuerzo. Del resto, pocas noticias positivas, por no decir ninguna. Y la grada, además, está caliente. Tanto, que estamos a un paso de ese terrible momento en el que una afición dicta sentencia: cuando pasa del «Ganamos» al «Perdieron».
De vuelta a casa, bajo un diluvio de cuidado, dos paisanos iban hablando delante de mí y me quedé con su breve diálogo, que resume con clarividencia la sensación de desamparo que nos dejó el equipo. «¿Tú crees que este Aouate hubiera sido buen portero para el Sporting?», preguntó el primero. A lo que su interlocutor, con dolorosa ironía, contestó: «¿Aouate? No me enteré de que un tal Aouate jugara hoy en El Molinón». Pues eso.


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