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Los Sanfermines se adelantaron con los golazos de Barral y Diego Castro, que contrarrestaron la casera actuación de Medina Cantalejo
9 de marzo de 2009
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Chupinazo rojiblanco
Diego Castro corre a celebrar su golazo, 'perseguido' por Carmelo y Matabuena. / JESÚS DIGES
Los Sanfermines se adelantaron con los golazos de Barral y Diego Castro, que contrarrestaron la casera actuación de Medina Cantalejo
MANUEL ROSETY.-

El Sporting dio un puñetazo sobre la mesa en el Reyno de Navarra en la lucha por la permanencia en Primera División, al superar con autoridad a un rival directo. Dos extraordinarios goles de Barral y de Diego Castro en la primera fase del encuentro pesaron en exceso para inclinar la balanza del partido a favor de los gijoneses, que pudieron haber logrado una diferencia más abultada.

Osasuna tuvo una salida más fuerte en el inicio del encuentro. Los pupilos de Camacho abrían el juego por las bandas para buscar la espalda de los laterales rojiblancos, o lanzaban el esférico al área, a la espera de alguna anticipación, rebote o segunda jugada.

Los 'rojillos' pudieron inaugurar el marcador en el comienzo del partido, en un buen detalle técnico de Masoud ante Neru, pero su disparo fue rechazado de forma magistral por Lafuente. El conjunto gijonés buscaba el ataque como fórmula para despojarse de la presión osasunista.

Preciado regularizó el dispositivo táctico con la presencia de dos pivotes y la posición de Carmelo, un jugador clave en el equipo, en la posición de enganche. Fue uno de los factores influyentes en el desarrollo del un partido que empezó a encauzarse a los ocho minutos, en una jugada espectacular, con un preciso cambio de juego de Carmelo hacia la posición de Barral, desde la derecha hasta la izquierda, que el gaditano resolvió con un potente disparo que sorprendió a Roberto.

Osasuna intentó reaccionar, pero sin poder frenar la ofensiva gijonesa. El equipo de Preciado mostraba su imagen más ambiciosa y se desmelenaba en las aperturas. Carmelo pudo aumentar la diferencia, pero quién acertó poco después fue Diego Castro, en una jugada para enmarcar. El gallego controló el balón en su parcela, hizo un quiebro ante Javier Flaño y lanzó un disparo cruzado que se fue a la escuadra contraria, con la correspondiente sorpresa para Roberto.

El partido era un festival para el equipo de Preciado, incluso pudo llegar el tercer tanto, pero el parcial Medina Cantalejo se encargó de anular el gol de Barral, al interpretar falta del delantero en una pugna con Miguel Flaño. La réplica del equipo local llegó en un penalti tan raro como absurdo. Una falta de Puñal rebotó en la barrera y dio en la mano de Barral. La acción era involuntaria, ya que el delantero de San Fernando giró el cuerpo sin que se apreciara intención de desviar el balón. La pena máxima fue ejecutada por Nekounam.

El tanto espoleó a los 'rojillos', que atacaban con más corazón que cabeza. El juego del equipo de Camacho carecía de sentido y consistía en tirar para adelante y forzar las situaciones, sin pensar. Eran más peligrosos los contraataques de los rojiblancos.

Roberto se lució en una jugada que acabó con disparo de Míchel, tras una buena combinación entre Carmelo y Diego Castro. El partido entró en una fase bronca, con brotes de dureza. Barral y Roberto se enzarzaron en una discusión que pudo acabar con el gaditano en la calle, ya que estaba amonestado previamente. En ese aspecto, Medina Cantalejo mostró su grado de veteranía para evitar expulsiones. También le perdonó la roja a Puñal, en una entrada por detrás, sin opción de jugar el balón, sobre Diego Castro.

Otro tanto anulado

Osasuna salió con más presión en el segundo tiempo, muy metido en el partido, aunque el primer susto se lo dio Carmelo a Roberto. El equipo gijonés mantenía una destacada seriedad defensiva para complicarle la vida a los navarros en los contraataques. Barral marcó de nuevo en una jugada en pugna con Cruchaga, en la que el zaguero local, que se vio superado en velocidad, adornó la caída y engañó a Medina Cantalejo, quien, en caso de duda, siempre barría para el equipo de casa. Sin embargo, acertó al no señalar penalti en una caída de Carmelo en el área local, en la que el canario apuró en exceso la jugada.

Los avances de Osasuna chocaban una y otra vez con el sistema defensivo rojiblanco. Los dos centrales parecían infranqueables. Sastre mantenía el tipo y José Ángel realizaba un partidazo. El canterano anuló a Juanfran hasta aburrirlo. La consigna del Sporting era defender bien, descontrolar a Osasuna y crearle complicaciones en los contraataques.

Luis Morán tuvo una nueva oportunidad, pero la evitó Roberto con una fenomenal intervención. Camacho empezó a arriesgar. Retiró al lateral Javier Flaño y al delantero Masoud, para dar entrada a Delporte, quien se situó en la banda izquierda, y al gigante Dady, para ocupar el vértice del ataque al lado de un inoperante Pandiani. El técnico de Cieza retrasó a Juanfran hasta el lateral y pasó a Plasil a la banda derecha.

También Preciado modificó el dibujo táctico para buscar una mayor seguridad defensiva, con un 4-1-4-1, en el que Matabuena se situó por delante de los centrales, con Míchel al lado del recién incorporado Camacho y Carmelo desplazado a la banda derecha, pero con libertad de movimientos.

El partido no sufrió ninguna variación en su desarrollo, ya que Osasuna mantenía su tono de desesperación y de prisas en los ataques y el Sporting su firmeza en las tareas defensivas.

Camacho se jugó la última carta al retirar al central Cruchaga y dar entrada a Hidalgo, centrocampista con hechuras de organizador ofensivo. Lo único que consiguió fue ampliar los riesgos en su retaguardia.

Solidez defensiva

Preciado, por su parte, se vio obligado a retirar a Diego Castro por un problema muscular y dio entrada a Kike Mateo. Poco después, el cántabro retiró a Carmelo, que había realizado un gran esfuerzo, para contar con Bilic. El croata se desgastó mucho en el poco tiempo que estuvo en el campo, con más brillantez en el juego defensivo. Los últimos instantes fueron de mayor presión osasunista, aunque los ataques se difuminaban por el acierto de los zagueros gijoneses.

La victoria del Sporting fue merecida y corta ante un rival que pronto se puso nervioso ante la ofensiva del equipo de Preciado. Los dos extraordinarios goles del primer tiempo tuvieron una influencia decisiva para inclinar la balanza a favor de los rojiblancos, en un partido en el que los tres puntos tienen más importancia por haberse sumado ante un rival directo. Esta semana toca pensar con optimismo.

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