Canal Sporting
MÁS tranquilo y optimista el entorno sportinguista, la semana vino marcada por la Champions con la alegría de unos y la debacle de otros. A la hora en que se jugaban esos partidos, cientos de críos y no tan críos intentaban aprender a ser futbolistas y madurar como personas. Pero hubo otras dos noticias que me parecieron dignas de comentar. Por un lado, el antiguo Vanguardia reunía de nuevo a muchos que por allí pasaron. Era un club modesto como otros de ahora, donde el fútbol era un hobby y lo importante eras tú. Hay ahora educadores-entrenadores, como entonces Paco, que te enseñan el valor de la humildad y del deporte. Y es que antes, como hoy, la formación de los muchísimos chavales del fútbol base es fundamental para su futuro deportivo y personal.
Pero todo esto que se me antoja imprescindible, a algunos les importa tanto como nada. Y es que la otra noticia a la que hacía referencia, es la posibilidad, según dicen, de televisar algún partido los sábados por la mañana. Ya sería el colmo. Razón tenía el presidente de la Federación Asturiana de Fútbol cuando se refería, días atrás, al tremendo daño que tanto fútbol televisado hacía a la base. Y es que hay quienes parecen olvidar que los Messi, Torres, Raúl y compañía, alguna vez tuvieron 10, 14 o 17 años. Cada vez es menos la gente que va a esos partidos. Cada vez es más complicado formar equipos de esas categorías, y lo que es más preocupante, cada vez son más los directivos que cansados de tanta incomprensión abandonan. Y, ¡ojo!, porque ellos son los que pintan campos, limpian vestuarios, venden rifas, atienden bares o buscan anuncios. Todo a cambio de nada o, si acaso, de quitar tiempo al descanso o a la familia. Y es que por mucho que las federaciones se impliquen (y la Asturiana es ejemplo en muchas cosas), por este camino la supervivencia del fútbol base es complicado.
El ambiente de El Molinón ante el Dépor fue otra vez el de las grandes ocasiones. Dio colorido la hinchada gallega, pero se vio superada por una afición entregada a la que el míster visitante señalaba como una de las claves de la victoria. Se pareció el partido al de siete días antes en Pamplona en algunos aspectos: tuvo más posesión el Deportivo, pero más llegada nuestro equipo; en cada balón alto de ellos rondaba el peligro, pero en cada contraataque rojiblanco se veía llegar la ocasión. En definitiva, los partidos locos de ida y vuelta le van, y mucho, a nuestro equipo. Otra vez las líneas estuvieron muy juntas y los espacios eran mínimos para el rival.
Un detalle del buen rollo en el equipo: en el descanso, Míchel y Diego no se daban precisamente las buenas tardes. Cuando a Diego le cambiaron, al primero que estrechó la mano fue a Míchel. Ya queda menos, pero aunque respiremos tranquilos no nos descuidemos. Y mientras tanto, fiesta cada 15 días. Y la hostelería encantada.


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