Canal Sporting

Más sombras que luces se han cernido en la última década sobre el cielo de Mareo. Fue la dura penitencia a una mala y reiterada gestión que se perpetuó durante años, hasta que se llegó al límite del abismo. Hace no mucho, el fútbol mostraba su cara más amarga en Leorio, donde el ex presidente Ángel Viejo Feliú concibió, según recuerda Manuel Vega-Arango, «una feliz idea» hace hoy justamente 31 años. Pero del oscuro capitulo, por fortuna, ya se ha redactado el último párrafo.
Mareo está de celebración, pero no sólo porque esta mañana ya cuenta 'treinta y tantos'. Tampoco porque el paso del tiempo ya se deja notar en sus 'carnes', en algunas zonas de sus amplias instalaciones. La factoría de los 'yogurinos' vuelve a estar a pleno rendimiento y con el primer equipo, el buque insignia del proyecto, en la élite del fútbol nacional.
Bien es cierto que durante este tiempo tampoco ha dejado de funcionar y eso ha supuesto un salvavidas al que agarrarse en tiempos de crisis. La prueba es el traspaso de Villa al Zaragoza. O, ya en el ámbito deportivo, el Campeonato del Mundo sub 20 de Nigeria conquistado por la generación de Rubén Suárez, partícipe del éxito.
Más de 200 niños se entrenan cada semana en las instalaciones del primer equipo con el sueño de llegar a ser algún día un Juanele, un Luis Enrique o un Abelardo. Algunos, todavía con cara de niños, pese a la repercusión de sus acciones, ya están cerca. Cote y Canella, junto a los que ya están llamando a las puertas del primer equipo y de la selección, son la prueba palpable, también de que Mareo vuelve a resurgir.
La placa que se ubica y exhibe al lado de la puerta de los vestuarios, el 'santuario' de los futbolistas, recuerda el inicio de aquella 'feliz idea' que tuvo Viejo Feliú y su grupo de colaboradores. Fue un 28 de marzo de 1978. Más de 5.000 personas acudieron a la inauguración de la Escuela de Fútbol de Mareo, según quedó constatado en las crónicas de la época. «Fue un día muy grande para el Sporting porque una obra que se había pensado y estudiado con mucho cariño», recuerda con nostalgia el actual presidente de la entidad rojiblanca, que también desempeñaba el mismo cargo en aquel momento, para quien no todo fueron buenas noticias en aquella lluviosa mañana: «Asistió al acto Pablo Porta, que era el presidente de la Federación por aquel entonces, y estando aquí, a las doce, recibimos la noticia de que su padre había fallecido».
Manuel Vega-Arango recogió el testigo de Viejo Feliú y bajo su mandato se puso en marcha una instalación, inspirada en Lezama, que con el paso del tiempo se convertiría en el mejor activo del Sporting, aunque también en un «semillero» del que se han nutrido los más poderosos. «Me gustaría que algún día este semillero, que es Mareo, se quedara aquí, y que nos convirtiéramos en un club comprador y no en uno vendedor», suspira.
La recompra
Pero antes de eso, el club, como apunta de forma casi instintiva el ex presidente de la Liga de Fútbol Profesional, «tiene que recuperar la estabilidad» y terminar de pagar el costoso peaje de muchos años de opulencia y despilfarro. Los excesos que se cometieron fueron demasiados y cuando se recuperó la consciencia hubo que tomar decisiones drásticas, entre ellas la obligación de vender Mareo. El Ayuntamiento asumió el papel de comprador para que la seña de identidad del Sporting, que se reserva una opción de compra, no fuese a parar a unas manos interesadas.
«Sentí una gran pena, pero tuvimos suerte de que el comprador fuera el Ayuntamiento y tengo la seguridad de que vamos a recuperarlo al cabo de un tiempo», asegura Vega-Arango con convicción, quien confía en poder cumplir su palabra cuanto antes: «Ya se ha hablado con la alcaldesa. Tengo su palabra y, en su momento, lo plasmaremos en un documento. Ojalá sea lo más pronto posible. El proceso se acelerará si seguimos en Primera».
Desde su despacho en las oficinas de Mareo, el presidente del Sporting se asoma a la ventana y divisa el entrenamiento del primer equipo. Es el movimiento diario que se produce en las instalaciones. «Me maravilla», comenta. «Venías aquí hace cinco años y era una auténtica ruina y ahora ves que todo está creciendo», asegura, mientras los nuevos productos de Mareo, Cote y Canella acaparan las portadas de los diarios que se agolpan sobre su mesa.
Reformas en la Escuela
Un piso más abajo, en la misma orientación que el despacho presidencial, se ubica el lugar de trabajo de José María Acebal, director de Mareo, y responsable directo de las obras que se han llevado a cabo en las instalaciones rojiblancas desde el verano -vestuarios, residencia y campo número 2- y que se ampliarán en próximas fases: «Empezamos en el lugar de entrenamiento del primer equipo y tendremos que pasar al '1' para hacer alguna reforma, porque el filial juega allí».
Acebal, que durante muchos años llevó las riendas del filial hasta lograr el ascenso a Segunda B, ha cambiado el césped por los despachos, aunque eso no le impide tener un contacto directo con los jóvenes valores que florecen en Mareo.
Muchos, pese a su corta edad, ya apuntan alto y comienza a ser habitual verles en las convocatorias de la selección española en categorías inferiores, algo que llena de orgullo a la inconfundible 'voz' de Mareo, Preciado, un defensor a ultranza de la cantera. «Debemos mimar y cuidar mucho esto. Y cuando haya futbolistas, intentar darles salida, porque de esta 'fábrica' siempre han salido fabulosos 'productos'», recuerda el técnico cántabro.


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