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Webó puso la puntilla al equipo de Preciado, que ofreció una imagen similar a la de Almería, a dos minutos para el final del encuentro Dos errores de los rojiblancos facilitan una victoria excesiva del Mallorca en el Ono Estadi
8 de marzo de 2010
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El Sporting sirve en bandeja la revancha
Gregory, que se perderá el partido frente al Athletic por acumulación de tarjetas, se lamenta por la cartulina amarilla que ayer le mostró el colegiado Delgado Ferreiro. :: TOORU SHIMADA
MANUEL ROSETY.-

El Sporting sufrió una triste y excesiva derrota en el Ono Estadi, puesto que el Mallorca tampoco hizo demasiados méritos para una victoria tan abultada, que estuvo plagada de errores. Los dos primeros tantos que encauzaron el triunfo del conjunto balear, que se había tomado el partido como una revancha por el 4-1 de la ida, se los sirvieron en bandeja los rojiblancos. Ambos llegaron en acciones de infortunio de los gijoneses, que no estuvieron a la altura de las circunstancias y carecieron de intensidad durante todo el encuentro.

En el Sporting, Manuel Preciado utilizó el once con el que ensayó en el último entrenamiento, con José Ángel en el lateral izquierdo. Gerard fue el descartado de la lista de 19 futbolistas que se trasladaron hasta Mallorca y tuvo que ver el partido desde la grada. Mientras tanto, en el equipo balear, la única sorpresa de Gregorio Manzano fue la vuelta al equipo del central Ramis en lugar de Rubén, que se quedó en el banquillo.

Antes del inicio del encuentro, que fue presenciado por cerca de 300 aficionados rojiblancos que se desplazaron hasta las islas para arropar al equipo en la grada del Ono Estadi, el ambiente en el entorno del Mallorca era de revancha por el 4-1 que el Sporting endosó a los baleares en la primera vuelta. Y la consiguió.

El partido tuvo un inicio de equilibrio. Aunque el Mallorca intentaba llevar la iniciativa, los rojiblancos dificultaban la salida del balón en la zaga de los locales, lo que le creaba algunos problemas a los pupilos de Gregorio Manzano. Sin embargo, los gijoneses perdían el control del balón con demasiada facilidad, lo que permitía que el conjunto balear actuara con cierta comodidad.

El Mallorca basculaba el juego por las bandas, sobre todo por la zona de un peligrosísimo Julio Álvarez, quien le creó bastantes problemas a José Ángel, una de las novedades de Preciado para este encuentro, en los primeros compases del choque.

Con el partido equilibrado, sin muchas opciones de peligro, llegó el gol local en una jugada de infortunio. Julio Álvarez centró un balón bastante cerrado, los centrales no acudieron al despeje y despistaron a Juan Pablo, que se comió el balón, envenenado por el bote, ante la sorpresa rojiblanca.

El tanto dejó tocados a los de Preciado, aunque los locales no apretaban demasiado el acelerador. De todas formas, las únicas acciones de cierto peligro eran de los mallorquinistas. La barrera rechazó un nuevo lanzamiento de Julio Álvarez en un golpe franco por un plantillazo de Matabuena. Y Juan Pablo se lució en dos ocasiones ante 'Chori' Castro.

Fue la fase más débil del Sporting, en la que los gijoneses se mostraban imprecisos, cometían demasiadas faltas, se perdían en la anticipación de los locales y sólo llegaban a la zona de Aouate a base de pelotazos sin demasiada precisión. Lo único destacable fue un buen pase de Rivera a Barral, pero el delantero de San Fernando estaba en posición antirreglamentaria.

Amarga celebración

El juego gijonés era demasiado monótono, con reiteración de pases en el centro del campo, zona en la que Rivera, que ayer celebraba su partido número 200 en Primera División, aunque de forma un tanto amarga, era el único que se multiplicaba para intentar darle sentido al juego de los rojiblancos frente a un Mallorca excesivamente tranquilo y que no pasaba ningún apuro en su portería.

En el inicio del segundo tiempo, el Sporting tampoco salió excesivamente centrado. La primera jugada, con otro despiste defensivo de los gijoneses, permitió al escurridizo Víctor adelantarse a la zaga rojiblanca y lanzar un disparo ajustado que, finalmente, se estrelló en el poste.

Tardó el equipo gijonés en centrarse para intentar reconducir la situación. El Mallorca, con la tranquilidad que le daba el marcador, se defendía con orden, mientras que el equipo rojiblanco, aunque empezó a llevar mejor el peso del partido, tuvo que arriesgar en un encuentro en el que parecía tenerlo todo perdido. Aunque en el centro del campo había una mayor presión, la falta de llegada era el verdadero problema para los de Preciado.

Las acciones ofensivas llegaban a ráfagas y con escaso peligro para el Mallorca. De las Cuevas intentó dejarse notar en jugadas muy puntuales, pero sin apoyos de ningún tipo. Preciado buscó alternativas en el banquillo con la presencia de 'Tati' Maldonado y Mate Bilic en el campo en lugar de Kike Mateo y Barral, lo que permitió a De las Cuevas colocarse en la posición de enganche. El equipo gijonés daba sensación de mando, pero sin ninguna llegada.

Cuando el partido estaba más nivelado llegó un error de Sergio Matabuena en un balón, con control defectuoso, que le arrebató con picardía 'Chori' Castro, quien cedió el gol a Víctor. Con el segundo tanto local y un Sporting que no daba señales de vida, el partido quedaba sentenciado.

El técnico cántabro, ya en el tramo final, miró al banquillo en busca de algún revulsivo y utilizó su último cartucho. Retiró a Matabuena para dar entrada a Diego Camacho, pero el encuentro estaba demasiado alocado para los sportinguistas y Webó, que había sustituido a Víctor, dio la puntilla a los rojiblancos a dos minutos del final del encuentro.

Derrota con algo de sonrojo

El partido tuvo poca historia y estuvo marcado por los dos errores que marcaron la diferencia. Si el primer tanto pesó demasiado, el segundo fue la puntilla. En Mallorca se habló mucho de revancha por el 4-1 de la primer vuelta y el conjunto bermellón logró su objetivo porque se lo regaló el Sporting con una actuación demasiado discreta de un equipo que no estuvo a la altura de las circunstancias.

El equipo de Preciado ayer, muy gris y sin ninguna ambición ofensiva, se pareció más al de Almería, lo que hace lógico que se pierda, incluso, con cierto sonrojo. El 3-0 es una diferencia excesiva porque el Mallorca no hizo demasiados méritos para conseguir una victoria tan abultada, pero tampoco se hizo nada desde el bando rival para que no fuera así.

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