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«Lo que más daño hace al Madrid es que se le ataque bien»
«Tanto ellos como  el Barcelona no  son tan buenos  cuando defienden»
JAVIER BARRIO | GIJÓN..-

Benito Floro, meticuloso y muy observador en su trabajo, detecta en seguida el acento del Norte. Y lo agradece. «¿Qué tal 'asturianín'?», le pregunta de forma cariñosa al periodista que le saluda al otro lado del teléfono. El preámbulo antes de la entrevista es agradable. Se interesa por todo lo que rodea al Sporting. Habla del Barcelona con una dialéctica que engancha y que promete -«es un equipo que en el terreno de juego es sincero porque mantiene una apuesta por una manera de jugar definida», opina-. Y, sobre todo, del partido que se verá el sábado en El Molinón entre dos equipos a los que entrenó.

-¿Qué es de su vida?

-Lo típico del entrenador que no tiene equipo. Veo fútbol, asisto a partidos, tomo notas, escribo un poco...

-¿En España?

-Sí, en Valencia.

-Pero ha tenido muchos ofrecimientos, hasta de selecciones.

-(Risas). La mayoría de los que estamos en paro recibimos ofertas de representantes, sobre todo los que no tenemos agente. Pero nunca me ha gustado mucho hablar de eso. Yo no soy de decir: 'me ha llamado fulano'.

-Resulta curioso que no tenga representante en el fútbol actual.

-No tengo representante fijo, pero tengo muchos amigos que se dedican a ello y que se preocupan por mí (risas). Tengo un respeto enorme por la gente que lo tiene, pero siempre he considerado que el entrenador debe de ser muy independiente y, además, parecerlo.

-Le definen como uno de los teóricos del fútbol. ¿Cómo se lo toma?

-Si el que lo dice es una persona culta, es un halago. Si me lo dice alguien de forma despectiva, pues es un inculto. La teoría es, precisamente, la esencia de la humanidad; la conclusión que saca el ser humano de una práctica. Sin práctica no hay teoría. Es impepinable. El fútbol, aunque a muchos les suene raro, es uno de los deportes más atrasados de los últimos cuarenta años. Necesita una revolución que le ponga las pilas y le coloque al nivel del balonmano, el baloncesto, el rugby... Está muy abultado en comentarios sobre la calidad del futbolista, pero se desconoce bastante lo que es el fútbol colectivo.

-Usted nació en Gijón de forma anecdótica, pero pronto se marchó.

-Nací en Gijón y luego me fui a La Mancha, y, más tarde, a Valencia, donde pasé la mitad de mi vida. Regresé a Gijón con mucha ilusión (en la temporada 1996-1997), pero las cosas no salieron bien porque el fútbol es como es, pero me alegro mucho de las amistades que hice. Voy por allí más de lo que piensan. Una o dos veces por año. Me gusta mucho porque mis amigos de allí son para toda la vida.

-¿Qué falló en aquella temporada?

-El equipo no tenía muchas posibilidades económicas, se planteó una reconversión y costó. No era fácil para algunos futbolistas que no tenían perspectiva de continuar sentir una gran motivación. Había otros que sí, otros veteranos que tenían una ilusión bárbara. Fue un año de transición difícil. Había que apostar por gente joven a través de Sergio, Juanjo, Marcos Vales... Gente que se revalorizó como Tomás, Pablo y compañía. Pero, luego, había futbolistas que tenían menos opciones y era difícil armonizar todo eso. Fue, de todas formas, una Liga complicada. Hubo cosas raras en el sentido de hacernos jugar tres partidos, por ejemplo, en una semana.

-¿Y cómo era El Molinón que usted conoció? Los Ferrero, Quini y compañía hubieran dado algo por jugar en el ambiente que hay ahora.

-Incluso un poco más incómodo. Aquel sensacional Sporting recibía críticas y era absurdo. Pero, después, la gente lo valoró y era una losa encima de los que venían detrás. Fue una pequeña contradicción. La afición del Sporting es exigente, pero es muy fiel.

-¿Recuerda el último partido que vio en Gijón?

-(Pensativo). Creo que fue un Sporting-Rayo, en Segunda. Estaba Marcelino de entrenador. Vi un estadio muy involucrado con el equipo.

-En Manuel Preciado se simboliza ese cambio radical que ha dado el equipo en los últimos tiempos. ¿Le conoce?

-¿Quién no va a conocer a Manolo? No sólo le conozco, sino que le tengo un aprecio enorme. Es un tipo extraordinario, pero le valoro más como entrenador. Me parece un técnico como la copa de un pino. Lo que está haciendo en el Sporting es magnífico; lo que empezó a hacer en el Racing, si Piterman no se cruza, hubiera sido extraordinario; en el Levante... Es un ejemplo. No renuncia a atacar, a contraatacar y a defender, pero todo con equilibrio. Y, sobre todo, transmite una humanidad y una exigencia terrible.

-Tuvo un pequeño desencuentro con Mourinho...

-Ya es historia. Los dos están en buena armonía y no hay problema.

-¿Y dentro de esas virtudes que ensalza de Preciado tendrá alguna que le proporcione la victoria el sábado?

-No voy a ocultar que va a ser difícil porque, además, la 'cancha' es muy favorable para el juego del Real Madrid. Es un campo perfecto para él. Tiene, además, una fortaleza estructural que no tenía el año pasado y eso le hace más peligroso. Las individualidades siguen y están en mejor comunicación. Por otro lado, el Sporting viene de una derrota abultada y puede que, bajo mi punto de vista, no merecida, y va a pelear por un buen resultado.

-¿Por qué cree que El Molinón le viene bien al Madrid?

-Es que hay campos que le van bien a determinados equipos. La hierba, la 'cancha' en sí, es muy buena para cualquier equipo que juegue bien al fútbol. Pero el partido hay que jugarlo.

-Xabi Alonso no viene y Cristiano...

-Cuando no está cualquier futbolista titular, algo de él deja de estar en el equipo. Hay que jugar el partido para ver la incidencia. Son dos buenos futbolistas, pero el Madrid tiene suficiente plantilla para que no sea excusa.

-¿Ve alguna fractura en este Madrid?

-Me decía antes lo de teórico... ¡Vamos a sacar algo de ello (risas)! Creo que es lo mismo que al Barcelona: lo que más daño les hace es que se les ataque bien. Ambos equipos son muy buenos cuando atacan, pero no lo son tanto cuando defienden. Luego, lo que hay que hacer es atacar bien. Parece un contrasentido, pero no lo es.

-¿Le gusta Mourinho?

-Me gustan todos los entrenadores, pero no por corporativismo, sino porque sé lo difícil que es entrenar, lo que significa y porque soy una ventana abierta al mar. Quiero seguir aprendiendo de cualquier compañero.

-Usted entrenó a los dos equipos y después, en 2005, volvió al Madrid en los últimos meses de la primera etapa de Florentino como director deportivo.

-Ser entrenador del Sporting era una ilusión especial que tenía. Era muy pequeñín, pero sé que mis padres fueron un par de veces a El Molinón y en una de ellas me llevó en brazos. Estuvimos en la 'Tribunona' y mi madre me dio el pecho. Son historietas que luego te cuentan. La gente de Gijón también ayudó mucho a mi familia y eso me hacía sentir una ilusión muy grande cuando regresé. Pero eso no es comparable a la dimensión social que te puede dar una entidad como el Madrid. Son sentimientos distintos. Uno afectivo y otro más profesional.

-Para un técnico será más complicado entrenar al Madrid...

-Todo lo contrario. La gente cree que es así, pero es más difícil entrenar en entornos pequeños, sobre todo cuando la gente es muy apasionada y los medios de comunicación locales están más encima. En un sitio pequeño tienes que salir al supermercado y, si las cosas no van bien, es complicado. Incluso por la calle puedes encontrarte con situaciones desagradables.

-Pero al entrenador del Madrid será más difícil verlo por la calle.

-No es eso, pero con equipos grandes tienes más posibilidades de triunfo y más recursos para solventar las cosas. Con los pequeños tienes más dificultades. Es cierto que lo que hagas en un equipo pequeño es más gratificante. Cada cosa tiene su encanto y su desencanto.

-¿Mantiene el contacto con Florentino Pérez?

-No me gusta molestar a los presidentes. Si surge algo especial y tengo que llamarle, le llamo, pero sin más.

-¿Se siente más cómodo entrenando en Sudamérica?

-Cómodo no me siento en ningún sitio porque eso significa decir: 'sea lo que sea estoy aquí y punto, y, si no me quieren, que me paguen'. Eso no lo he hecho nunca. Yo siempre estoy atento, preocupado, pendiente y, al mismo tiempo, esa preocupación me lleva a encontrar soluciones. En Sudamérica, España y otro sitio, el fútbol es igual. Lógicamente, prefiero España.

-¿Verá el partido?

-Sin lugar a dudas. Me da un Barcelona-Real Madrid y, en ese momento, juega el Sporting, y veo al Sporting y grabo el otro.

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