Canal Sporting

Fue una mañana fría y gris, con una puesta en escena similar a la de su llegada, allá por junio de 2006, pero, esta vez, con los termómetros por los suelos. Manuel Preciado, el entrenador que capitaneó el resurgimiento del Sporting tras una década de amargo peregrinaje por Segunda, dejó ayer el banquillo del conjunto rojiblanco por la negativa espiral de resultados en la que se encuentra el equipo. Al lado de su profunda huella deja un legado imborrable en el tiempo, con una hoja de ruta marcada por la épica y los estados de ánimo, y una conexión con la grada cada vez menos frecuente en el fútbol profesional.
Preciado, que se reunió a media mañana con los miembros del consejo en Mareo y que a las 12.45 horas ofreció su última rueda de prensa en El Molinón, dejó entrever que tenía algo más que una mera sospecha sobre su destitución, pero lo hizo sin ningún resquemor en sus palabras. No lo había. Ni siquiera cuando se le sacó a relucir el manido tema de la inversión que ha hecho el Sporting en fichajes desde su llegada: «En ese aspecto he sido perfecto para el club y a las pruebas me remito: con el campo nuevo, Mareo, la masa social... No soy nadie para pedir y quizá otras cosas se hayan podido hacer mejor, pero creo que la línea que el club lleva ahí es la correcta».
«Ha sido una historia de amor de seis años, con momentos muy felices. Seré socio del Sporting hasta que me muera», aseguró, muy emocionado, el técnico cántabro, con el que se marchará Josep Alcácer. La voz se le entrecortaba. «Hoy estoy un poco triste de veros a todos así, pero mañana estaré muy alegre, hípermotivado y con ganas de que llegue el partido ante Osasuna para ver al equipo ganar», añadió. «Jamás podré agradecer lo que toda la gente de aquí ha hecho por mí. Tendré que vivir siete vidas para hacerlo y hasta poner un anuncio», apostilló con una sonrisa marcada por la tristeza del momento.
Haciendo gala de su fama en el fútbol, no hubo ningún reproche hacia el club, ni tampoco hacia nadie en el encuentro informal que el técnico de Astillero mantuvo con la prensa en El Molinón, instantes después de la rueda de prensa y de la despedida oficial. «No es momento de hacer reproches ni de nada. Cuando vas consiguiendo objetivos y vas creciendo, las cosas se vuelven más difíciles, pero esto forma parte del circo. La historia del fútbol se vive al día, un poco como la política. No tiene memoria, pero nadie me va a quitar lo que he sentido aquí», aseguró. «¿Cambiaría alguna cosa de esta temporada?», se le preguntó. «Vistos los huevos sabes que es macho, pero las cosas que hemos hecho siempre han sido con el mayor sentido de la justicia posible», afirmó.
Sí que dejó claro que, desde su perspectiva, la situación actual era menos delicada que la de la pasada temporada, cuando, en unas circunstancias similares, el club optó por mantenerle en el cargo. «Aquella situación era más dura», resumió. Y, también, que se sentía con fuerzas para revertir la situación actual: «Soy un jabalí y a mí no me tira nadie de nada y, sobre todo, cuando creo en mí y en este equipo. Sigo creyendo y sé que nos vamos a salvar. No me rindo nunca».
Dejó la puerta abierta a un posible regreso, aunque adelantó que «nunca se sabe, pero es complicado». Y, preguntado por Iñaki Tejada, su segundo durante todos estos años y su sustituto el domingo en el banquillo, le deseó «mucha suerte y una 'pizquita' de fortuna» y se mostró convencido de que no encontrará divisiones el domingo: «La Mareona es muy grande y estoy convencido de que desde el minuto cero animará al equipo como si estuviera yo».
La decisión de destituirle ya se había tomado a última hora de la jornada del lunes, pero se aguantó durante unas horas. Manuel Vega-Arango, presidente del Sporting, fue el encargado de oficializarla en la misma rueda de prensa. «Ayer -por el lunes-, tras el entrenamiento, me reuní con Manolo (Preciado), dejamos que discurriera el día con un análisis profundo de la situación, y tomamos la decisión de cambiar de técnico del primer equipo», reconoció Vega-Arango.
Mientras, Preciado, cabizbajo, en silencio, y con los brazos cruzados, aguardaba a que el presidente del Sporting terminara su alocución. Mantenía la mirada perdida en el suelo de la sala de prensa de El Molinón, que tantas veces ha servido de escenario para resumir sus alegrías por una victoria y transmitir su enfado cuando las cosas no salían como él quería.
En un segundo plano, apartado de los focos, Enrique Castro Quini trataba de contener las lágrimas, aunque no podía evitar que se le escaparan. Tragaba saliva y sus ojos se enrojecían. Vega-Arango proseguía: «Tomamos esta decisión con el máximo pesar y tristeza, pero por encima del presidente y de los miembros está el propio club. Nunca me hubiese gustado tomar esta resolución y no puedo olvidar cuando hace seis años, en la otra sala de prensa, Manolo tuvo la hombría de venir con la máxima ilusión a intentar levantar un club que estaba en cenizas».
La emoción y las lágrimas entorpecieron los últimos coletazos de las frases con las que el presidente del Sporting se despidió del técnico cántabro. «Te despido con el corazón, con pena. Espero que acertemos y que tú tengas mucha suerte», comentó en un último momento, justo antes de pasarle el turno de palabra a Preciado y el micrófono, y que los nervios del momento traicionaran a ambos y una botella de publicidad se cayera y rompiera de forma anecdótica y por unos segundos la emoción del momento.
Despedida entre cánticos
Preciado, bastante aturdido por la situación, con los ojos marcados por la tristeza, no sabía casi ni por dónde empezar. «No sé qué decir, pero voy a decir muy poco», explicó en un principio. «Si alguna cosa he podido hacer mal, que seguro que habrán sido muchas, lo lamento profundamente, pero nunca ha sido desde la mala baba», comentó después, justo antes de perderse en un sinfín de agradecimientos, de buenos deseos y de pequeñas muestras que evidenciaban, dentro de la mezcla de emociones que le invadían, lo que ha vivido en Gijón. «Me siento totalmente reconfortado con mi paso por el club y voy a ser de este equipo toda mi vida, pero las cosas siempre tienen un final. El Sporting va a estar el año que viene en el sorteo de Primera, seguro, y yo seré el más feliz».
Si la rueda de prensa de despedida, que David Barral, capitán de la plantilla, escuchó en los pasillos de El Molinón, hasta donde se desplazó para decirle adiós al único entrenador que ha conocido en el Sporting, estuvo marcada por la emoción, la salida no fue menos. Cerca de setenta personas, que se enteraron de la noticia y se movieron con celeridad, aguardaban pacientes en la puerta del parking de El Molinón. Por allí, por esa puerta grande, salió Preciado en torno a las 13.10 horas. Aunque no sin dificultades. Antes tuvo que atender a todas las peticiones que le llegaban por los dos lados del coche y las muestras de cariño. No faltó el clásico cántico de apoyo hacia el cántabro y, también, algún reproche hacia el consejo y hacia los jugadores por la actual situación.


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