Canal Sporting

A Iñaki Tejada (Bilbao, 1965) siempre le ha gustado pasar desapercibido. No es una persona ruidosa. Su carácter va más ligado a la prudencia y a la discreción. Por eso, el técnico vizcaíno se sorprendió bastante cuando el dependiente de una tienda de ropa de Madrid, seguidor confeso del conjunto merengue, le reconoció al verle entrar en su establecimiento hace un par de años y no dudó en pedirle un autógrafo: «Me impresionó porque entiendo que conozcan a Manolo (Preciado) y a los jugadores, pero no a mí».
La oportunidad de asumir las riendas del Sporting le llega con 46 años. Después de haberse mantenido con fidelidad en el primer equipo durante nueve largas temporadas a la sombra de Marcelino, de Ciriaco Cano y, en el último lustro, de Preciado, y con un compromiso a prueba de bomba. «Me he sentido igual de entrenador ahora que en alevines. No me considero un segundo, ni un tercero, sólo un entrenador», mantiene.
Quizá el escenario actual no sea el que él hubiera imaginado, con un ambiente bastante enrarecido desde el despido del carismático técnico cántabro, quien, sin quererlo, aglutinaba todo el protagonismo del equipo por su carácter entrañable y su genuino carisma. Pero lo cierto es que en sus primeras horas de trabajo no se le ha visto muy preocupado por todo el ruido que ha tenido que soportar a su alrededor. «Sólo espero ganar partidos y salir de esta situación», se limitó a señalar en su primera rueda de prensa, ajeno a todos los nombres que están saliendo como posibles candidatos al banquillo.
Alguno, acostumbrado a verle en un segundo y silencioso plano con Preciado, se sorprendió ayer cuando le vio dirigir su primer entrenamiento. Tejada desplegó un abanico interminable de instrucciones, aspavientos, nuevos ejercicios y frases motivantes. Su mano comenzó a dejarse notar en el mismo momento que los futbolistas pisaron el césped del campo número 2 de Mareo. Salían con algo de retraso con respecto a la rutina habitual debido a la charla que habían tenido en el interior del vestuario.
También se dejó notar su llegada en el plan de trabajo de la semana. La plantilla, que ayer tuvo jornada doble de trabajo, repetirá hoy la misma rutina y el sábado se concentrará en Mareo, donde los futbolistas permanecerán hasta las horas previas al encuentro del domingo.
«¡Ivo, si no puedo jugar ahí cómo voy a hacerlo allí!», le espetaba al defensa madrileño durante un simulacro de contraataque que se repetía con el objetivo de ir adquiriendo nuevos automatismos en el fútbol ofensivo.
Algún sportinguista esbozaba una pícara sonrisa cuando le veía dirigir al equipo sobre el césped. «Es el vivo retrato de Marcelino García», aseguraba un observador, antes de explicarse: «Presionar arriba, ahogar al contrario, no esperar en campo propio, cortar el balón y salir. Marce jugaba con cuatro en el centro del campo, cortando los pases interiores y lanzando rápido el balón a las bandas. Lo que está haciendo Iñaki es lo mismo que hacía Marcelino y que al Sporting le dio muy buen resultado». Con el técnico de Careñes comparte, además de una estrecha amistad forjada desde que ambos se conocieran en el Sporting y subieran al primer equipo, filosofía futbolística. No en vano, el propio Marcelino García trató de convencerle para que le acompañara en su aventura por el Huelva. Tejada decidió quedarse, aunque el delicado momento económico que atravesaba el equipo invitaba más a la salida.
«Habrá que ponerse las pilas. Son ideas diferentes», reconocía Iván Hernández tras la primera sesión. «Tenemos que concienciarnos de que Iñaki ya no es el segundo entrenador. Ahora es el primero, el que manda, y el que nos va a dar las órdenes y tenemos que acatarlas. Hay que tenerlo claro», apostillaba.
Iñaki Tejada es un técnico muy metódico y detallista, y, aunque en un primer vistazo, lejos de los terrenos de juego, no lo parezca, con mucho carácter. Profesor de la Escuela Asturiana de Entrenadores de Fútbol -fue número uno de su promoción-, es habitual verle a última hora de la tarde en el cuarto que los técnicos tienen en Mareo revisando vídeos de rivales.
Sello de Lezama
Antes, como jugador, fue un hombre con el sello de Lezama, la factoría del Athletic. Con 13 años pasó del Iturrigorri al conjunto bilbaíno, donde coincidió, entre otros, con Patxi Ferreira, Roberto Martínez y Rafa Alkorta. Éste último le acompañaba siempre en los viajes hasta Lezama. El nuevo entrenador del Sporting tenía ya carné de conducir y el defensa, por el contrario, no. Txetxu Rojo, uno de los jugadores que admiraba de niño junto con Quini y Cruyff, fue uno de los entrenadores que tuvo durante aquella etapa.
En el Principado, donde conoció a su mujer, quemó sus últimos cartuchos como futbolista. Jugó en el Marino, que por aquel entonces estaba en Tercera, en el San Martín del Rey Aurelio y en el Navia, donde terminó su etapa. Decidió no castigar más su dañado ligamento cruzado, hasta que llegó a Mareo hace 16 años.


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