Canal Sporting

«Tocados, pero jamás hundidos», rezaba una gran pancarta ubicada en el fondo Sur. Era el estado de ánimo en el que se encontraba el sportinguismo y, también, su equipo, que ya se dejaba ver por el túnel del vestuario con el cosquilleo nervioso previo al estreno minutos antes de que el balón comenzase a rodar.
Había alguna duda en el ambiente de cómo iba a ser el recibimiento de los aficionados al equipo después de una semana tormentosa, pero los últimos mensajes, a través de pintadas que reproducían frases de ánimo, ya apuntaban a la reconciliación. Y así fue. Nada más que los jugadores tomaron contacto con el humedecido césped de El Molinón recibieron una sonora ovación, señal inequívoca de que el sportinguismo no les ha dado ni les dará la espalda, aunque les haya dado un pequeño tirón de orejas.
No obstante, la entrada fue sensiblemente inferior a la que se esperaba. La mañana no acompañaba. El intenso frío era un elemento disuasor, como también la lluvia que no dio tregua. Eso sí, los aficionados que presenciaron in situ el encuentro, muy bien abrigados y la mayoría con el paraguas en la mano, no cesaron en su empeño de insuflar aliento a un equipo en horas bajas. También a su nuevo entrenador, Iñaki Tejada, que se mantenía ajeno a todo el ruido que florecía a su alrededor.
Un pobre bucle
El guipuzcoano Pérez Lasa decretó el inicio del encuentro y el balón comenzó a volar de un campo a otro dentro de un pobre bucle que no agradaba a los aficionados, aunque la situación, las condiciones y el rival que había enfrente no permitían un espectáculo más vistoso. Los nervios estaban a flor de piel por lo que se jugaba el equipo y cualquier jugada se utilizaba para meter más presión al ambiente.
El gol de Carmelo fue el responsable de terminar de enloquecer las pulsaciones y las emociones que albergaba El Molinón. Dentro del plomizo día se abría una pequeña ventana a la luz. Pero fue una agradable sensación que duró hasta que Lekic conectó un buen cabezazo, aprovechando su poderío físico, y devolvió a los aficionados a la cruda realidad.
Adrián Colunga, que entró en una fase complicada del partido, fue, con permiso de Preciado y de Iñaki Tejada, el gran ovacionado de la tarde. El delantero, formado en Mareo, debutaba en casa y El Molinón quiso recordárselo cuando salió al césped.
Pero, antes de todo eso, la hinchada rojiblanca quiso rendirle un último tributo a Preciado a su estilo. El fondo Sur, que sacó una gran pancarta -«Manolo gracias por revivir al sportinguismo», decía- entonó el clásico cántico en homenaje al técnico cántabro, que se despidió esta semana del que ha sido su equipo en las últimas seis temporadas, y todo El Molinón amplificó la señal. También se habilitó una mesa con un libro de firmas, una iniciativa de la peña Ultra Boys, para transmitirle las muestras de cariño de los aficionados.


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