Canal Sporting

«Me levanto a las 7. Salgo de casa una hora después para irme a Mareo. Allí estoy hasta las dos y luego, después de comer en casa, subo otra vez para estar haciendo cosas en Mareo hasta las ocho, más o menos. Esa es la rutina que espero llevar». Iñaki Tejada vive por y para el fútbol. Como muestra sirva el hecho de que el lunes por la tarde se vio el partido contra Osasuna otras dos veces: «Pagamos la carga de tensión que se generó durante el partido y un gol como el que recibimos se produce por tomar malas decisiones. Tenemos que desterrar la ansiedad y, sobre todo, ganar. Pero cuando no lo podamos hacer, empatar».
Vive, salvo cuando pisa su casa, a última hora de la tarde, absorto en su nuevo cometido al frente del equipo y en pulir la fórmula con la que cree que puede reconducir el peligroso rumbo que ha tomado el equipo en las últimas jornadas. «No me ha dado tiempo a leer mucho de lo que sale publicado en la última semana», reconoce con una sonrisa.
El entrenador del Sporting llega a la recepción de EL COMERCIO pasadas las 17 horas de la tarde de un día gris, gélido y desapacible, una prolongación de lo que ha sido la rutina meteorológica de los últimos días. «Perdone por la tardanza», se excusa el técnico vizcaíno, perfectamente ataviado para la ocasión, totalmente de negro.
La noticia de que el club le ha confirmado como técnico hasta el final de la temporada se acaba de producir hace apenas tres horas. Pero su primera declaración en exclusiva tras conocer ese hecho no difiere mucho del discurso que ha reiterado hasta la saciedad en las últimas horas. «Me siento igual. No necesitaba que me confirmaran porque soy un hombre de la casa y soy el primero que tiene que dar ejemplo. Si hoy me hubieran pedido volver a las funciones que hacía con anterioridad, lo haría encantado», asegura con rotundidad.
La misma seguridad con la que segundos después respondía a las preguntas de los internautas en el videochat de EL COMERCIO. Ante la webcam, Iñaki Tejada deja claro que no va a hacer valoraciones anteriores al martes. No quiere que se malinterprete cualquiera de sus palabras, ni que se establezcan comparaciones entre su modo de ver el fútbol y el de Manuel Preciado. «¿Las diferencias? Es el Sporting de un entrenador y el de otro, con unas ideas particulares, pero, claro está, esperamos conseguir los mismos resultados», resume, antes de asegurar que «ésta es la plantilla que tenemos y nos va a llegar porque está capacitada. Con cualquier futbolista de este equipo se puede ir al fin del mundo».
Los temas se le acumulan y él se toma su tiempo para responder cada pregunta. El partido de Osasuna está todavía muy presente en el recuerdo y los nuevos retoques que ha introducido en el equipo, con el 4-3-3, despiertan la curiosidad. «No tenemos pensado modificar mucho. Hay que buscar la estabilidad de este sistema», adelanta. Algunos minutos después, caminando por la misma senda, condensa en una sola frase la esencia de su proyecto: «La propuesta es un equipo organizado en ataque y en defensa».
La situación de Juan Muñiz, que a día de hoy representa como nadie el concepto de la cantera de Mareo, se repite hasta la saciedad. Es uno de los más recurrentes. «Mareo tiene un futuro muy prometedor y a los canteranos vamos a intentar llevarlos sólo cuando vayan a jugar. Juan Muñiz está en el pensamiento de todos y tenemos muchas esperanzas en él, pero tiene una edad que le aconseja jugar».
Gálvez, Trejo y Damián
Sobre las cuestiones más escabrosos y delicadas, el técnico vizcaíno pasa de puntillas. «¿Volverán a entrar en sus planes Gálvez, Damián y Trejo?», le espetan sin ningún tipo de rubor. «Empiezo a tomar decisiones a partir del martes, cuando el club me comunica que voy a pasar a ser el entrenador del equipo, pero no antes, y la decisión (la de dejarlos fuera de la lista) se toma el sábado. Dicho eso, en mis planes entra todo el mundo», responde.
Y, mientras reconoce que arrastra un pequeño resfriado debido a la exposición a la lluvia de los últimos días, Adrián Colunga se cuela en el horizonte. «Demostró el otro día lo que puede darnos y creo que va a ser mucho», opina.
Concluye el tiempo estipulado de forma generosa. Sin prisas. El entrenador del Sporting agradece la invitación. «Siento haberle hecho escribir tan deprisa, pero es que me pongo a hablar de fútbol y se me va», recuerda con una sonrisa a la periodista que se ha encargado de transmitir sus palabras a los internautas con el teclado. Luego, tras una breve charla, busca su coche en el aparcamiento. Regresa a Mareo. Aún le espera trabajo.


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