Canal Sporting

La Segunda División ha perdido nombres célebres en un goteo constante y ha pasado a ser la más modesta y humilde de los últimos años. El Tenerife, el Salamanca, el Albacete, el propio Cartagena, con un proyecto encaminado a pelear por el ascenso y que se precipitó sin remedio hacia la Segunda B. Todos han dejado a regañadientes su sitio en una categoría poco agradecida para los que descienden de Primera y acusan la deshuesada silueta que adquiere el capítulo de ingresos, pero que tiene el selecto regustillo del caviar para otros que llegan desde abajo con proyectos más férreos, espartanos y austeros. Para los que sobrevivir en esta categoría es todo un éxito y contra los que tendrá que lidiar el Sporting este año.
El aforo de un estadio es el mejor barómetro para retratar las dimensiones de un club y para determinar sus posibilidades económicas y sociales. Y de toda esa relación de equipos que integran la Segunda División, ocho, sin contar al filial del Real Madrid (6.000 espectadores en el Alfredo di Stéfano), que forma parte de otra historia muy distinta, no llegan a los 10.000 aficionados en sus estadios. Alcorcón, Guadalajara, Lugo, Mirandés, Girona, Ponferradina y Huesca no han estado nunca en Primera División. Su historia está escrita a caballo entre la Segunda División y la Segunda B y en muchos casos en un origen más modesto.
El Numancia, sin embargo, es una extraña excepción entre todos ellos. Es un capítulo aparte en la forma de gestionar un club en el fútbol actual. Ha hecho de su humildad y su raciocinio su mejor arma tanto para los buenos momentos como para los malos.
Este año cumplirá 16 temporadas de forma ininterrumpida viviendo con cierta tranquilidad en Segunda y saboreando algún año -cuatro concretamente- los placeres de Primera. 9.025 incondicionales tienen la oportunidad de apoyarles cada fin de semana y podrán hacerlo en el estreno del Sporting en la categoría. Los Pajaritos aguarda impaciente la cita.
Pero, lejos de los sorianos, el efecto óptico de los nombres de estos equipos oculta el peligro de campos impregnados con la esencia del fútbol de toda la vida, donde lo que se estila es el choque y el trabajo, con terrenos de juego de dimensiones bastante reducidas en las que los locales se sienten, también, muy resguardados. El calor de la grada está muy cerca. Verdaderos campos de minas para un equipo con las hechuras y la fisonomía del actual proyecto que está gestando el Sporting.
El Mirandés, en la Copa
Los primeros retazos que se han visto estos días de lo que se está incubando en Mareo describen a un equipo que pretende sobar el balón y elaborar las jugadas al máximo, mientras que no vea un resquicio por el que entrar hasta la zona más crítica para el rival. Un bloque que va a tener que asumir el mando de los partidos ante equipos que se ven muy cómodos, sobre todo cuando juegan en su terreno, agazapados en su campo y a la espera de robar un balón en zona de peligro que les permita sorprender al rival totalmente volcado en su idea. «Nos vamos a ver obligados en muchos encuentros a tener mucha posesión y a tener que sacar partidos así, en los que el equipo va a ser protagonista del encuentro», vaticinaba hace varias semanas Manolo Sánchez Murias en una entrevista concedida a este diario.
No era el único que había reparado en este escenario. «Me imagino que habrá muchos partidos en los que la búsqueda de la victoria exigirá tener mucha posesión, pero habrá que tener cuidado porque el rival intentará jugar a la contra. Por eso es importante tener una buena circulación de balón, pero, insisto, sabiendo que en algún momento habrá que defender», reiteraba Sergio Fernández.
Hay también excepciones en esta reflexión. El Mirandés, durante su épico periplo por la Copa del Rey, dio buena cuenta de que el gusto por el buen fútbol no sólo está en Primera y que podía pelear por disputarle el balón al Athletic. Habrá que esperar para ver la propuesta con la que desembarca en Segunda División aunque la tendencia general es abrazar el contraataque y hacerse fuerte en casa.
El Alcorcón, por ejemplo, que puso nombre y piel a la revelación de la pasada temporada en Segunda, quedándose a las puertas del ascenso, fraguó su situación de privilegio en la División de Plata a costa de su buen ejercicio en Santo Domingo. Sólo perdió dos partidos allí, sumando 45 puntos como local, muy cerca los números que se manejaron para conseguir la permanencia en la categoría.
El Numancia, el primer rival con el que se encontrarán los rojiblancos por el camino, hizo 40 de 57 puntos en Los Pajaritos. Y el Girona, 35 de 49, cifras que hablan a las claras de la fortaleza de estos equipos cuando juegan en su tierra.
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