Canal Sporting

Alberto Lora (Móstoles, 1987) tuerce el gesto cuando echa un vistazo al calendario y éste, con crudeza, le recuerda que casi con seguridad no va a poder estar disponible para la primera jornada de Liga por la inoportuna rotura de fibras de la que se recupera. El futbolista madrileño, que la pasada semana salió elegido en el vestuario como uno de los capitanes, charla con EL COMERCIO sobre sus sensaciones en torno a su lesión y a la nueva temporada.
-¿Cómo va la recuperación?
-Mejorando (sonríe). De momento van tres semanas ya y tengo ganas de poder intensificar un poco el trabajo con Lorenzo (Del Pozo). En un principio se dijo que tenía para unas cuatro semanas y estamos por ahí, pero todavía falta bastante para poder apretar.
-¿Llegará para el partido de Soria?
-No lo sé. Queda esta semana y la que viene, pero va a ser muy justo.
-Pero para el segundo, la visita del Murcia a Gijón, quizá sí...
-Eso espero. Tengo muchas ganas. Todo el mundo sabe que la pretemporada es muy importante. Se van jugando partidos y cogiendo el ritmo, pero, en mi caso, no he podido. Pero no sirve de nada lamentarse. Tengo que mirar hacia adelante.
-Hay cierta tranquilidad con usted. Dicen que coge la forma pronto.
-Quizá por mis características. Pero eso será cuestión de que vayan pasando las semanas y los entrenamientos. Luego me faltarían los minutos que no he podido jugar, pero los iré cogiendo poco a poco.
-Después de ser reciclado para el lateral parece haber vuelto a establecerse en el mediocentro. Sea sincero, le gusta más esta posición...
-(Risas). Es una posición muy importante dentro del equipo y en la que se participa mucho en el juego. Ahí se empieza a construir todo... Me siento cómodo y me gusta, pero el entrenador es el que manda. No sé muy bien las intenciones que tiene, pero la semana que estuve entrenando con el grupo siempre me ponía ahí. Me imagino que contará conmigo en esa posición, pero si decide que actúe en otra haré todo lo posible para ayudar al grupo.
-Usted es uno de los responsables de fracturar el estereotipo que dice que los centrocampistas tienen que ser futbolistas de envergadura...
-(Risas). Cada uno tiene que luchar con sus armas. Yo soy pequeñito y tengo que trabajar igual que los más altos. Aquí tenemos de todo porque Cases, Juan Muñiz y yo somos más bajos, mientras que Ricardo, Sergio, Barrera y Mandi son un poco más altos. Hay variedad (sonríe).
-Cambiemos de tema. Ha habido intereses de otros clubes, algunos de Primera, en su situación...
-Soy consciente de que ha habido equipos que han preguntado por mí, por cómo estaba, por el tiempo de contrato. Pero el club contaba conmigo para pelear por el ascenso y me comunicó que no iba a escuchar ninguna oferta. Eso me halaga porque significa que están contentos conmigo.
-El Villarreal pierde gas a nivel competitivo. ¿Se quedan como los principales candidatos?
-Han vendido muy buenos jugadores, que se pueden considerar de primer nivel, pero es lo que hay. En toda España se está viviendo una crisis enorme que ya se deja notar en el fútbol. Los clubes tienen que vender y coger esos ingresos para paliar los desequilibrios de un descenso. Pero, volviendo al Villarreal, es un buen club y estará arriba. Está claro que los favoritos, antes de empezar la Liga, vamos a ser los tres equipos que hemos descendido, pero una vez que comience todo ya no se mirará eso. Todos partiremos de cero y no vamos a subir por el simple hecho de ser el Sporting y por venir de Primera.
-Es curiosa su historia. Ha pasado de promesa de Valdebebas a icono en Gijón. Casi salido de Mareo.
-Es algo de lo que estoy muy orgulloso y que voy a llevar siempre dentro de mí. Llegué a Gijón siendo un chaval, con la ilusión de llegar algún día al primer equipo. Gracias al trabajo y a la confianza que me han dado lo he conseguido. He podido disfrutar de la Primera y siempre estaré eternamente agradecido al Sporting. Aunque sea madrileño, me siento uno más. La gente me ha dado mucho cariño.
-¿Y por qué cree que despierta tantas simpatías?
-No lo sé. Soy, simplemente, un chaval normal, al que le gusta hacer las mismas cosas que cualquier persona de su edad... No sé decirle.
-¿Qué tal sienta ser uno de los capitanes de la plantilla?
-El año pasado pude llevar el brazalete en unas cuantas ocasiones. Para mí es un orgullo vestir la camiseta del Sporting y defenderla los domingos, pero llevar el brazalete es una responsabilidad aún más grande. Son palabras mayores. Este año he salido como uno de los cuatro capitanes y es para sentirse orgulloso.
-¿Ha cumplido en Gijón todos los sueños que tenía de niño?
-El sueño de cualquier niño es jugar en Primera y lo he conseguido. Pero el que tengo ahora mismo es el del ascenso. Cuando el Sporting subió a Primera estaba en el filial. Lo viví de cerca porque entrenaba con la primera plantilla, pero no es lo mismo. Conseguirlo este año, con toda esa emoción, sería lo máximo.


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