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Cuarenta años del fenómeno Ferrero

Enzo Ferrero, ante los distintos escudos del Sporting, en el museo  de El Molinón.
Enzo Ferrero, ante los distintos escudos del Sporting, en el museo de El Molinón. / DANI MORA
  • El próximo 30 de agosto se cumplen cuatro décadas del fichaje del legendario extremo por el Sporting

Una fotografía en la que luce una ensortijada melena resume la altura del personaje en el museo de El Molinón. «Ferrero», se puede leer debajo de la instantánea en la que un corajudo José Antonio Camacho pone todo su empeño en arrebatarle un balón al diablo argentino. Prosigue la leyenda. «Máximo goleador del club en la UEFA». Y añade otra pincelada sustancial después de diez años como ídolo: «Salió a hombros tras un gol antológico en El Molinón». Es la punta del iceberg del fenómeno Enzo Ferrero, de cuyo aterrizaje en Gijón se cumplen cuarenta años este mes de agosto. «Me quedo con la gente de Gijón, con el sportinguismo y con haber vivido la mejor época del club», resume el legendario jugador, que se reconoce ya «más asturiano que argentino». Deja ver, sin embargo, dos cicatrices: «Después de la retirada no me hicieron el homenaje que antes nos correspondía a los que habíamos jugado al menos diez años y tampoco tuve la oportunidad de colaborar con el club».

El 'escorpión' xeneize -apodo que recibió en su país por un golazo que marcó y que posteriormente homenajeó en formato de parada Higuita en Wembley- llegó a Gijón de forma caprichosa. Como merece toda historia de genio. Enrique Casas, secretario técnico del Sporting en aquella época, le vio en Argentina. «En un Boca-Banfield», rememora él. Flechazo. Por aquel tiempo el 'Piqui' unía su talento para el fútbol con sus estudios de mecánica. Los coches y la gasolina siempre le apasionaron, pero eso fue otra historia. Casas quedó encandilado por el extraordinario desborde de aquel menudo extremo, zurdo, con un cambio de ritmo de locura.

Sucedió que el Boca Juniors, su club, vino de gira a España. Y en Valladolid, ya con Pasieguito al corriente de todo y sobre el terreno, Enrique Casas remató la faena. «¿Ferrero? Buen jugador. Al menos hoy, fue rápido y muy peligroso. Dio el gol hecho y, a pesar de la dureza del contrario, nunca volvió la cara», afirmaba el entrenador del Sporting a EL COMERCIO el 22 de agosto de 1975 tras ese torneo de verano que tenía como anfitrión al Valladolid. El Sporting también participaba en aquella cita. «Mi ilusión es jugar en España», remataba él un día después. «Me va el fútbol europeo. No tengo miedo a la dureza del contrario porque pienso que el jugador que tiene miedo vale más que no salga a la cancha. En mi vida privada tampoco hay problemas: soy tranquilo y me amoldaré en seguida a Gijón», confirmaba. Pero, salvo ese coqueteo, las negociaciones serían subterráneas.

Y así hubo que esperar. Su fichaje se consumó cuando Boca ya se encontraba en Córdoba dentro de su gira española. Entre doce y dieciséis millones de pesetas -72.000 y 96.000 euros-, cantidades más que respetables para la época, permitieron el traslado del '11'. Viajó toda la noche por carretera, en una de las anécdotas de su fichaje por el Sporting, hasta llegar a Gijón en un desplazamiento que en aquel tiempo era una odisea. «A la una de la madrugada del viernes salían Enzo Ferrero y el presidente del conjunto argentino de la Córdoba española hacia Gijón. Un viaje en taxi, sin dormir. A las tres de la tarde llegaron a nuestra ciudad», relataba el 30 de agotos de aquel año en una crónica en EL COMERCIO otro histórico del periodismo asturiano, Jenaro Allongo.

Roto por el cansancio, Ferrero, de padre italiano que había emigrado a Argentina por la Segunda Guerra mundial, descansó unas horas. Al día siguiente, con 22 años, firmó por tres temporadas y jugó el primer tiempo del Costa Verde frente al CSK de Sofía. Fue su debut. Y el comienzo de una prolífica carrera. «Para mí ha sido el mejor extranjero que ha tenido el Sporting. Hizo historia en el club», ratifica Quini. Otro mito del Olimpo.

A partir de ahí, Ferrero escribió con su zurda innumerables fragmentos de la época más dorada del club. La de los Quini, Ferrero,... Y Churruca, quien fue desplazado hasta la banda derecha en una pequeña polémica de entonces para dibujar una delantera de ensueño, con los tres tenores -a la temporada siguiente se sumó Morán, otro fenómeno rojiblanco que brilló en la temporada de la UEFA-, pero que de forma paradójica se estrenó con un descenso. Conoció poco los sótanos del fútbol español, sin embargo, el extremo, que firmó el tanto decisivo del ascenso a Primera en el Carlos Tartiere (1-2) en su segundo año en Gijón. Sobre la bocina y con un auténtico golazo. «Ha sido un tipo cabal dentro y fuera del campo. Creo que no se hizo justicia con su valía y sus condiciones. Jugar en un equipo de los no considerados de súper élite, como puede ser un Manchester, un Milan, un Madrid o un Barcelona, le restó mucha trascendencia mediática», señala el maestro del periodismo José María García.

Ingeniero de grandes gestas. Porque sus hazañas están recordadas con tinta seca para la posteridad. Como el primer tanto de la primera participación del Sporting en la Copa de la UEFA ante el Torino. Un gol olímpico. «Eso, claro, lo ensayábamos. No era que tirase a puerta, es que lanzaba el balón al primer palo porque ahí entraban Doria, Rezza, Quini... Si la tocaban era gol casi siempre porque al pegarle con la pierna cambiada siempre se cerraba la trayectoria», precisa el 'Piqui'. Hubo más. «Otro que marcó al Barcelona en un 4-1, con tres goles de Quini y uno de Ferrero, en el que a Migueli tuvieron que ponerle una 'prótesis' por los tres quiebros que le hizo. Un espectáculo», concede el periodista de EL COMERCIO Manuel Rosety. «Quizá haya sido ese mi mejor gol. Salí en 'andas' de El Molinón y no era algo que pasara mucho», concluye orgulloso. José Antonio Redondo era su sombra en Mareo: «Miera tenía la costumbre de enfrentar por la semana a la defensa titular contra la delantera titular y me tocó marcarlo muchas veces. Era muy complicado porque tenía un 'dribling' en corto extraordinario. Me ayudó a ser un mejor lateral. Teníamos unas piquillas tremendas».

El Madrid siempre se interpuso en su camino y en lo único que le faltó a un jugador de su talla: títulos. Con su llegada, el Sporting alcanzó un nivel superlativo y desconocido. Subcampeón de Liga, en detrimento del conjunto 'merengue', y dos veces finalista en la Copa. Marcó en las dos. En otro partido, su rostro ensangrentado inspiró el «así, así, así gana el Madrid».

Además de la Juventus, el Valencia y el Barcelona, el Madrid estuvo muy interesado en su contratación, pero irónicamente terminó por convertirse en un símbolo de desafío a la multinacional 'merengue', a la que se enfrentará el equipo de Abelardo en la primera jornada de Liga. En la víspera, curiosamente, se cumplirán cuatro décadas de aquellas primeras palabras suyas en Valladolid.