Sporting

Cuesta abajo y sin frenos

Edgar engaña a Cuéllar para marcar, de penalti, el tercer gol del Alavés en El Molinón.
Edgar engaña a Cuéllar para marcar, de penalti, el tercer gol del Alavés en El Molinón. / J. PAÑEDA
  • Dos penaltis evitables allanaron el camino del triunfo a los visitantes, que no recibieron el primer disparo a portería hasta el gol de Traoré

  • El Sporting se estrella ante los suplentes del Alavés después de un horrible partido

Nadie puede culpar a aquellos aficionados que, al término del partido de ayer en El Molinón, piensen que el Sporting camina hacia la Segunda División de forma irreversible. Da igual que lleguen refuerzos o que cambie el inquilino del banquillo, el equipo rojiblanco es una entelequia. Cada partido se repite la misma historia. Diez minutos buenos es lo máximo que puede arrancarse de un conjunto sin alma, que comete los mismos errores jornada tras jornada, independientemente de quién esté enfrente. Ayer, el Alavés compareció en Gijón con nueve suplentes y con los cinco sentidos puestos en el partido de vuelta de la Copa ante el Celta, previsto para el próximo miércoles. Aún así, pintó la cara al Sporting con un juego práctico, exprimiendo al máximo la debilidad de un rival maniatado por la ansiedad y víctima de su falta de confianza. La única esperanza a la que se agarra el sportinguismo es una victoria dentro de siete días en Butarque, un escenario que parece irreal después del horrible partido disputado ayer ante una afición resignada.

Rubi planteó de partida un once con las novedades de Vesga en el centro del campo y Afif en la banda derecha. El catarí, muy voluntarioso en el arranque, se fue diluyendo con el paso de los minutos, acumulando graves pérdidas que desembocaron en contras del Alavés. Su cambio en el descanso estaba cantado.

Si se trataba de enganchar a la parroquia desde el pitido inicial, el Sporting salió al partido con ambición, intentando ganar las disputas y encerrar al Alavés en su campo. El cuadro vitoriano, por muchos suplentes que integraran su once, sabe lo que hace en cada partido. A partir del orden y la solidez defensiva se desenvuelve con soltura al margen del adversario de turno.

Mazazo

El cuadro blanquiazul se sacudió el dominio local de un plumazo, en una jugada que dejó al descubierto las virtudes de unos y las carencias de otros. El Sporting acudió a presionar un saque de banda en la derecha de su ataque. Los blanquiazules sortean la oposición de los jugadores de Rubi y con un pase diagonal dejaron en ventaja en el costado opuesto a Katai que lanzó el balón al espacio para habilitar a Sobrino, quien aguantó la tímida embestida de Meré para superar a Cuéllar con un disparo ajustado al palo.

El tanto desquició al Sporting, que volvió a parecerse por desgracia al conjunto plano de las anteriores citas en El Molinón. Da igual que los futbolistas corran si lo hacen sin criterio. Se sucedieron en esta fase ataques demasiado alocados, sin control ni pausa. De nada servía que los volantes se implicaran en el juego si el equipo no era capaz de dar continuidad a la circulación y enlazar tres pases seguidos.

Un dato refleja el pobre juego de los rojiblancos. El primer acercamiento con peligro fue un centro desde la izquierda del batallador Cop que Pacheco atrapó en el primer palo. Nada más que llevarse a la boca para una afición que se contentó con aplaudir una triangulación en el centro del campo entre Amorebieta, Meré y Vesga. El vasco fue de las pocas notas positivas que dejó el primer tiempo. Rubi lo colocó como hombre ancla por delante de la defensa en sustitución del descartado Xavi Torres. Movió el balón con criterio y ayudó a controlar las contras visitantes, con el equipo volcado en campo contrario. Mal día para debutar.

El cuadro gijonés careció de ideas en tres cuartos de cancha. No es suficiente con percutir por una banda si luego los centros son defectuosos y facilitan la tarea de la defensa contraria. Echó de menos, una vez más, algún futbolista que desequilibrara y generara dudas a una zaga muy poco exigida en los primeros 45 minutos.

Rubi movió fichas

Tras el descanso, el técnico catalán movió ficha. Introdujo en el campo a Burgui por Afif y desplazó a Carmona al costado derecho, reubicando a Isma López como escudero de Cop en el ataque. La modificación consiguió encerrar un poco más al Alavés en torno a Pacheco cuya primera intervención entre los tres palos fue parar un manso remate de cabeza de Carmona.

El acoso del Sporting era total en los primeros diez minutos. Burgui, muy incisivo en el arranque, filtró un pase al área para dejar solo a Canella que dudó a la hora de definir y desperdició una clara ocasión para lograr al empate.

Al igual que ocurrió en la primera parte, el Alavés volvió a golpear cuando mejor estaba el Sporting. Gil Manzano decretó penalti, a instancias de su auxiliar, tras una entrada a destiempo de Meré a Vigaray. Santos transformó la pena máxima, inalcanzable para Cuéllar que se consoló con adivinar el lado del lanzamiento.

El porcentaje de la pendiente creció así un poco más para los rojiblancos, que se veían con un castigo excesivo a pesar de todo. Por si fueran pocos los obstáculos, Gil Manzano se encargó de meter más palos en las ruedas cuando indicó penalti en u n manotazo, inexplicable por otra parte, de Amorebieta sobre el provocador Deyverson, que no llevaba ni un minuto sobre la cancha. Egdar convirtió desde el punto fatídico y finiquitó, si no lo estaba ya, el encuentro a favor de los visitantes.

El Sporting, una vez más, fue un quiero y no puedo. Rubi probó mil variantes y ninguna funcionó. Se agarró incluso en el tramo final a la dupla atacante formada por Carlos Castro y el debutante Traore, que fue una de las pocas lecturas positivas que dejó el choque.

El africano recortó diferencias tras aprovechar el único fallo defensivo del Alavés en todo el partido. Sin embargo, la endeblez defensiva de los rojiblancos terminó por cavar su tumba. Romero gambetea en el área y pone un centro al área al que no llega Cuéllar en la salida. El balón llega al segundo palo donde Alexis marca a placer.

Carlos Castro, en el último minuto, decoró la derrota tras maniobrar dentro del área ante la condescendencia de una defensa que había desconectado, a sabiendas de que el triunfo era un hecho.

El Sporting, con esta nueva derrota (la cuarta consecutiva en casa), agota las pocas balas que le quedan en el revolver. Cada vez hay menos semanas por delante pero también argumentos para pensar que puede cambiar la dinámica.