Sporting
Mikel Vesga se levanta por encima de un futbolista del Alavés para cabecear un balón.
Mikel Vesga se levanta por encima de un futbolista del Alavés para cabecear un balón. / JOAQUÍN PAÑEDA

El grupo encoge a los nuevos

  • El futbolista vitoriano, de escasa floritura y poco toque, da ritmo al fútbol del Sporting

  • Vesga y Traoré debutan con buenas sensaciones, pero insuficientes para corregir el rumbo del encuentro

No pinta mal Mikel Vesga, avalado por Abelardo, primero, y por Rubi, después. Tiene estampa, inteligencia, un pensamiento rápido y una ejecución segura. Es de escasa floritura y poco toque. Un futbolista de esos que transmite armonía y ritmo por la continuidad que da su fútbol. Además barre y cuerpea cuando la situación lo requiere. Anuncia un buen producto de futuro para el Athletic, pero en el aquí y el ahora tiene que aportar un nivel superlativo, injusto para su edad (23 años) y su escaso bagaje en Gijón, para intentar revolucionar al Sporting de esta temporada, que no encuentra final en su caída. En otras circunstancias, su estreno sportinguista habría tenido una mejor bendición. En lugar de eso, su actuación terminará aparcada a un aspecto muy residual de la reflexión en torno al choque frente al Alavés.

Igual sucede con Lacina Traoré, muy apocado todavía por su necesaria puesta a punto física, pero que logró marcar en El Molinón en la primera vez que pisaba su empapado césped. Y eso es de mérito. Tiene cualidades prometedoras el gigante de Costa de Marfil, que protagoniza una desnivelada estampa con Carlos Castro, pero hay muchas dudas sobre si estas llegarán a tiempo y, sobre todo, si servirán para contrarrestar el estado de ánimo de una plantilla a la deriva. Igual que Mikel Vesga. Igual que el lateral nigeriano Elderson, que muy posiblemente esté ya disponible para el encuentro de Butarque. Este Sporting necesita un estímulo brutal y refuerzos que ofrezcan un rendimiento por encima de la media y, además, inmediato. «Para que esto cambie tendrían que haber fichado a Leo Messi», asegura con ironía un desencantado.

Los 'nuevos' del Sporting tendrán que convivir con el riesgo del contagio depresivo que desprende el grupo en las próximas jornadas o tratar de aislarse a una zona libre de peligro, lo que parece harto complicado en un deporte tan colectivo. Llegados sobre la bocina del cierre del mercado invernal, Vesga, Traoré y Elderson necesitan tomar distancia, acercarse a los jugadores que todavía no dan por rendido El Molinón y ofrecer un nivel por encima de la media del colectivo, sin caer en el desánimo y esa espiral perdedora que desde hace semanas se percibe en algunos futbolistas de la plantilla, que parecen haber arrojado la toalla.

Si uno no observa el grotesco resultado, el debut de Mikel Vesga es aceptable, afeado exclusivamente por la derrota y una jornada sombría de total desencanto. Pero en esas circunstancias, con un desenlace gravísimo para las cuentas de Rubi, el vitoriano no se arrugó y mantuvo un buen tono, aunque se diluyó bastante en el tramo final, cuando el partido enloqueció por la necesidad de los rojiblancos, arrasados y desesperados por el marcador, y la introducción de algo de relajo por parte del Alavés, que concedió un poco más y permitió el ida y vuelta que engordó el marcador.

Cambio de juego

Su primer contacto con el balón llegó a los pocos segundos del inicio de la contienda, que comenzó unos metros por delante de la defensa, para cambiar el juego tras un balón retrasado de Nacho Cases, su 'partenaire' en su bautizo sportinguista junto a Carlos Carmona. Dio ritmo y continuidad al juego del Sporting, mucho más obtuso tras el gol del Alavés, pese a que el alto centrocampista (1,91 metros) trató de arrojar luz ante una oscuridad amenazante. Tuvo bastante trabajo para contener a Katai, a Daniel Torres, incluso a Christian Santos cuando se descolgaba por ahí. Terminó obligándose a ocupar demasiado terreno en el centro del campo. No fue el mejor día para llegar de nuevo a la 'oficina'. Pese a todo, no desagradó el vitoriano ante su exequipo.

Al menos él participó en un inicio que parecía prometedor, con todo por disputarse. Cuando accedió al campo Lacina Traoré, el sino del partido había dejado de estar en manos de esa mezcolanza de azar y buen hacer futbolístico. Para entonces, el único aliciente que había para la grada sobre el campo estaba en él mismo, en sus 2,03 metros, que salieron en pleno chaparrón y con un 0-3 en el marcador prácticamente imposible de voltear. En cualquier caso, no desentonó la 'torre' de la Liga, que impuso su físico y exhibió alguna arrancada, aunque pareció todavía lejos de su mejor momento de forma.

Incluso animó tímidamente a El Molinón, huérfano de ídolos en los que inspirarse, con el gol que marcó tras un centro de Nacho Cases al área. Traoré controló con la rodilla y remató cuando estiraba su larga pierna por el suelo ante la desesperada presión de la defensa del Alavés. La euforia duró un suspiro porque el equipo vitoriano golpeó con contundencia y repetición.

Con una tarjeta amarilla producto de sus largos brazos y el exceso de picardía del Alavés, también de celo de Gil Manzano, el enorme delantero de Costa de Marfil terminó atrapado en ese querer y no poder que muestra este Sporting. Una pegajosa telaraña de impotencia que muestra un grupo frágil e infantil en algunas acciones. Un equipo que exhibe los alarmantes síntomas de un futuro descendido. Un proyecto que engulle la buena onda con la que llegan las nuevas incorporaciones y las ilusiones de la grada.