Sporting
Fernando Fueyo.
Fernando Fueyo. / J. PAÑEDA

La tradición divide al sportinguismo

  • Los partidarios de mantener la costumbre del rezo no entienden la medida, mientras que otros respaldan la decisión del técnico

  • El veto de Rubi al padre Fueyo genera opiniones contrapuestas entre la afición

El debate estuvo en las calles de Gijón durante toda la jornada de ayer. La decisión de Rubi de no permitir el acceso al vestuario rojiblanco al capellán del Sporting, el padre Fernando Fueyo, continúa copando horas de conversación entre los sportinguistas sin visos de que las posiciones más distantes puedan llegar a un entendimiento. De un lado se encuentran quienes defienden que el entrenador rojiblanco tenga poder de decisión en ese tema; de otro, hay quien considera que trata de una tradición dentro del club que debe respetarse.

Daniel Gutiérrez Granda, exdirector general de Deportes del Principado, pertenece al primer grupo. «Es un debate exagerado. Yo mantengo que un vestuario de un equipo de fútbol no es sitio para curas. Cada uno tiene su espacio», afirma. Gutiérrez Granda se pregunta si existen otros casos en el fútbol europeo similares a este, y considera que la imagen proyectada por el club era «anacrónica» hasta la fecha. «Con todos los respetos a Fueyo, con quien tengo buena amistad, me parece razonable la decisión de Rubi», afirma.

En una línea similar se expresa Víctor Sánchez, presidente de Unipes, quien reprocha a Fueyo que él mismo haya alimentado la discusión: «Me parece lamentable su actitud al pasearse por todos los medios ahora que el equipo se juega que se está jugando». Sánchez entiende que «la imagen del Sporting no puede ser esa», y entiende que tradiciones como la que centra el debate «están para cambiarlas si no sirven para nada».

El presidente de Tu fe nunca decaiga, Diego del Valle, defiende que Rubi y los propios jugadores sean quienes tomen las decisiones en todo lo que concierne al vestuario: «Si quieren rezar, que recen, y si no quieren, que no lo hagan, pero que salga de ellos», afirma.

El piragüista Javier Hernanz, en esta misma línea, entiende la medida de Rubi: «Cada entrenador tiene sus manías y su sistema. Solo está eligiendo lo que cree más conveniente para salvar al equipo».

«Debe adaptarse al club»

Del lado contrario se sitúan quienes no comparten la decisión de Rubi. Es el caso del exciclista Carlos Barredo, quien ve ilógico que se permita el acceso de las cámaras de televisión al vestuario y no a un grupo humano cercano a los propios jugadores. ««No lo comprendo. El deportista se siente cómodo con la gente con la que lleva más tiempo», reconoce el gijonés.

El hostelero Luis Meana, del Cruce de Deva, considera que «siempre que viene un entrenador de fuera se le da todo», y entiende que «Rubi debería adaptarse al club». Según Meana, «con estas tradiciones fuimos subcampeones de Liga, jugamos en Europa, y subimos y bajamos un montón de veces», por lo que no encuentra motivos para cambiarlas.

Por su parte, Jorge Guerrero, presidente de la Federación de Peñas, defiende que el club debe ser responsable en decisiones de este calado: «Todos los problemas sociales repercuten siempre en la misma persona, que es quien tiene que posicionarse».

Por último, Arturo Sánchez, de la Peña Isma, defiende la labor de Fueyo y lamenta el vuelo que ha cogido el debate: «Lo que quiere la afición es que la llegada de Rubi se note por otras cosas, no por temas como este. Yo estoy convencido de que el padre Fueyo dejaría de rezar si eso sirviera para que el Sporting no bajara a Segunda»