El Comercio
Sporting
La afición se lamentó de la mala primera parte de su equipo.
La afición se lamentó de la mala primera parte de su equipo. / A. FLÓREZ

Gijón respira y vuelve a disfrutar del fútbol

  • La salvación está más cerca y el sportinguismo cree, más que nunca, en la remontada para abandonar el descenso

  • La ciudad se paralizó para ver triunfar a su equipo en el partido más importante hasta ahora de la temporada

La dinámica del Sporting no invitaba al optimismo. El conjunto rojiblanco llevaba más de un año sin ganar lejos de casa y la derrota de la semana pasada en El Molinón, ante el Alavés, dejó al equipo destrozado. Aún así, la afición nunca dejó de creer.

En torno a las cuatro de la tarde las calles de la ciudad se vaciaron. Estaba a punto de comenzar el partido del Sporting. Los primeros temas de conversación se ciñeron a la alineación utilizada por Rubi para jugar en Butarque. La titularidad de Traoré dividió las opiniones. Para algunos el marfileño tenía que ser de la partida, mientras que otros preferían ver a Castro antes que al espigado delantero.

El partido comenzó y en el bar 'De Quini' todas las miradas se centraron en los televisores. Durante los primeros minutos del choque apenas se escucharon comentarios. La afición estaba expectante ante la salida del conjunto rojiblanco en Butarque.

«El campo no parece que esté en buenas condiciones», se escuchó de fondo mientras el Sporting y el Leganés se median las fuerzas sobre un terreno de juego.

El paso de los minutos llevó a que algún seguidor perdiera la concentración. No ver ningún disparo entre los tres palos fue el principal motivo por el que las pantallas de los teléfonos móviles comenzaron a iluminarse. La lógica invitaba a pensar que el encuentro terminaría con empate sin goles porque ninguno de los dos conjuntos ofreció motivos para cambiar el resultado inicial.

Los nervios se empezaron a apoderar de algunos seguidores después de que Cuéllar no se mostrara muy seguro en el área. El guardameta erró en un par de salidas que hizo que María se tapara los ojos con las manos. «Me pongo muy nerviosa cada vez que los rivales se acercan a nuestro área», explicó mientras Amorebieta despejaba un centro al área. Al igual que Rafa, su acompañante, suele realizar cuatro o cinco desplazamientos con el equipo rojiblanco a lo largo de la temporada, pero la escasez de entradas para Leganés hizo que tuviera que sufrir con su Sporting desde Gijón.

La conclusión de la parroquia rojiblanca fue unánime en el descanso. El empate no valía para nada y el partido estaba siendo muy malo por parte de los dos equipos.

En el 'Carling goal' el ambiente era similar. No había una sola silla libre para poder sentarte a ver el partido. Además, el tiempo permitió que muchos sportinguistas pudieran seguir el duelo desde la terraza. El pensamiento en los bajos de El Molinón coincidía. «El partido está para el empate, pero tenemos que ir a por la victoria porque no nos sirve de nada», comentó David durante el tiempo de descanso.

A David le gusta el fútbol y es del Sporting, pero no es un apasionado del balompié. Al gijonés le gusta ir a El Molinón porque es un buen motivo para reunirse con sus amigos de toda la vida. Este año le está tocando sufrir como al resto del sportinguismo. Y en esta ocasión no quiso perderse el choque en Butarque porque según él se trataba de una final en la que solo valía ganar.

Rubi no tardó en mover el banquillo y a muchos de los presentes no les convenció la entrada de Burgui por Isma López en la banda izquierda. Nadie podía imaginarse que el extremo iba a ser clave en la victoria del Sporting.

El tanto rojiblanco llegó por sorpresa. El saque de esquina no buscó un rematador en el área pequeña, sino que lo hizo en la frontal del área. Por allí apareció Roberto Canella. El lateral golpeó la pelota con su pierna izquierda. El balón atravesó una marabunta antes de colarse en la portería del Leganés. El gol se cantó por todo lo alto. Alguna que otra gota de cerveza se derramó por el suelo ante la efusiva celebración del primer gol de la tarde.

El Leganés siguió sin dar sensación de peligro para descanso de la afición. Lo mejor estaba aún por llegar. La cabalgada de Burgui, que se presentó solo ante Herrerín para batirlo por bajo. El tanto del rojiblanco trajo la tranquilidad a Gijón. El Sporting se volvía a encontrar con la victoria después de más de dos meses sin sumar tres puntos. Además lo hacía ante un rival directo en la lucha por la permanencia.

Ni los más optimistas podían creer lo que estaban viendo sus ojos. Un 0-2 en un partido del Sporting con los asturianos como visitantes. «Es posible la salvación, ahora hay que intentar rascar algún punto ante el Atlético y el Celta en casa», explicó David.

La felicidad y las sonrisas del sportinguismo inundaron los alrededores de El Molinón. El Sporting por fin rompió la racha negativa de resultados. La última imagen de la tarde también conmovió a los seguidores. Las lágrimas de Burgui representan a la perfección la tensión con la que conviven los futbolistas de Rubi. No queda otra que seguir.

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