Sporting

El Sporting resucita en Butarque

Traoré intenta proteger el balón ante la presión de Rubén Pérez, con Sergio y Gabriel a la expectativa.
Traoré intenta proteger el balón ante la presión de Rubén Pérez, con Sergio y Gabriel a la expectativa. / IGNACIO IZQUIERDO
  • El extremo asistió a Canella en el primer gol, tras un córner, y firmó el segundo en un rápido contragolpe

  • La entrada al campo de Burgui revoluciona al equipo, que se queda a dos puntos de la salvación

Burgui se despojó en Butarque de su etiqueta gaseosa y, con espíritu revolucionario, permitió al Sporting agarrar un botín que bien vale una segunda vida en la categoría. El equipo de Rubi alcanzó el invierno de Leganés con aspecto moribundo, desahuciado en Primera y desencantando a propios y a extraños, pero abandonó Madrid resucitado con dos golpes de inspiración del extremeño, que además se adjudicó la autoría del segundo gol, en una segunda mitad eléctrica. A los gijoneses les alcanzó con ser pragmáticos, ordenados y certeros en un espectáculo rácano de fútbol. A la travesía le quedan todavía muchos kilómetros de alto voltaje, con un 'ochomil' que escalar en estas tres semanas, pero el 'Lega' siente desde ayer el aliento en el cogote. El Sporting, su implacable perseguidor, huele tierra libre a dos puntos. Un partido.

La jugada, en un ambiente invernal, no fue florida. Igual que el plomizo cielo de Butarque. Pero el Sporting arrancó con una mejor adaptación al frío y al césped, casi arena movediza en verde. Mientras que al Leganés le entró la tiritona al toparse de frente con Traoré, intimidador en los primeros minutos, en los que estuvo muy activo, superior en el cuerpo a cuerpo. Aunque el argentino Mantovani no se arrugó y le recibió con fiereza en el primer balón dividido.

No pasarán a la historia del fútbol los primeros cuarenta y cinco minutos del choque, embellecidos exclusivamente por el espectáculo de la grada, con más de un millar de sportinguistas desafiando al frío y a la lluvia con espíritu de reconquista. La zancada de Traoré provocaba algún tembleque e Isma López quería descoser al equipo de Garitano, con velocidad, por la izquierda, pero sin mucha convicción. Cuéllar y Herrerín entraban en calor como podían.

Acariciando ya el intermedio, los locales se aflojaron un poco las riendas y el partido recobró vistosidad a costa de una pequeña fase de sufrimiento rojiblanco. El 'Lega' aceleró el pulso de los gijoneses con las entradas por banda de Samu, que cambió la derecha por la izquierda a Szymanowski. Fue el extremo malagueño, precisamente, el encargado de atornillar al sportinguismo en su butaca con la ocasión más peligrosa del primer acto. Llegado a Butarque en el último mercado, bajó un balón al piso para mandar un preciso envío que cabeceó Alberto Bueno dentro del área, después de ganar la posición a Meré. Su testarazo, no obstante, se desvió ligeramente en su trayectoria a la portería. No fue suficiente para activar la estadística que disparos a portería, congelada en el cero.

Jaque Mate

El intermedió activó más a los madrileños y acható al Sporting, muy conservador y fiándolo todo a algún chispazo de Traoré, diluido con el avance del partido y la nula conexión con sus compañeros. Seguían sufriendo los rojiblancos por las bandas, esta vez por la de Szymanowski. Un centro del argentino se le atragantó a Cuéllar, que falló en su salida. Por fortuna, Samu, que olfateaba el peligro, se había frenado y Canella abrigaba bien el despiste del portero.

Rubi echó un vistazo a su espalda y buscó pimienta con Burgui, el primer cambio, que ya había ofrecido algún prometedor minuto con el técnico catalán. La jugada fue un jaque Mate en toda regla porque el canterano del Madrid puso adrenalina con su salida al campo y agigantó al Sporting, depresivo hasta entonces. En una de sus primeras intervenciones forzó una amarilla a Bustinza y un poco más adelante ingenió el primer gol, que llevó la firma de Canella, aliado con las temblorosas manos de Herrerín. Burgui tiró del laboratorio de ideas de la semana y sacó un córner raso hacia la incorporación del lavianés, que se asomaba al área. El lateral remató con el interior, tratando de enfocar la portería, y Herrerín se comió el disparo. La jugada fue crucial porque al Leganés le temblaron las piernas al ver situado al Sporting a dos puntos.

Rubi continuó refrescando el once y dio entrada a Castro, por un desaparecido Traoré, y a Xavi Torres, con vocación controladora. Para entonces ya había caído el segundo, en una escapada de Burgui, al que fue incapaz de echar el lazo un desesperado Bustinza. El extremo, que mantenía el vigor del descorchado, sin perder gas en esta ocasión, olisqueó la oportunidad ante un balón perdido tras un patadón de Amorebieta. Y, después de que la pelota saliera escupida en una pugna entre Castro y Mantovani, lo transformó en el segundo gol con una acción exquisita. Butarque se congelaba en su propio invierno. Y el Sporting derretía el suyo con orden y acierto, y con una victoria que le abre el camino a una segunda vida en la categoría.