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Rubi en un entrenamiento.
Rubi en un entrenamiento. / Joaquín Pañeda.

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Una obsesión de Primera

  • El técnico acostumbra a desayunar en las instalaciones del Sporting y encuentra en el pádel su aliado perfecto para desconectar

  • Rubi pasa doce horas del día en Mareo sumergido entre vídeos, entrenamientos y charlas de fútbol

Madruga mucho el despertador de Joan Francesc Ferrer Sicilia -Rubi para el fútbol-, que no suele quedarse pegado a las sábanas. Su rutina diaria es espartana e incluye mayoritariamente fútbol y abrir de forma obligatoria los ojos antes de las 7.30 horas. Es como un reloj suizo. Raro es el día en el que desayuna en casa. Y, con las primeras luces del día, toma con más frecuencia su primer bocado de la jornada en Mareo, donde pasa doce horas cada día sumergido entre vídeos, conversaciones con futbolistas, auxiliares y, sobre todo, entrenamientos.

La entidad rojiblanca ha fichado a un entrenador que se ha labrado su futuro con mucho trabajo. Es lo que ha mamado en su casa de Vilasar de Mar desde pequeño. Su padre fundó una empresa en 1963 y desde entonces se ha desvivido por ella. Esa cultura laboral la ha heredado Rubi, de personalidad discreta, aunque de verbo fácil en sus contadas comparecencias ante los medios de comunicación.

Al entrenador del Sporting no le gusta ser el centro de todas las miradas. En este momento de su vida, su mayor preocupación es la de lograr la permanencia con el equipo. Desde que asumiera el mando del banquillo de El Molinón, de hecho, no piensa en otra cosa. Su día a día se desarrolla dentro de los muros de la Escuela de Fútbol de Mareo. Cuando no hay entrenamiento, la mayor parte del tiempo se encuentra en su despacho, con sus ayudantes. Hay trabajo que hacer y entrenamientos que ingeniar. Cada semana los futbolistas interpretan distintos simulacros de competición, un repertorio florido de ejercicios sobre el verde.

A Rubi le faltan horas para desempeñar sus funciones en el Sporting. Al menos eso es lo que él dice. Bien es cierto que se encontró con un Sporting que necesitaba un lavado de imagen radical e inmediato. Su mente está dedicada al fútbol casi por completo, pero ha encontrado en el pádel un buen aliado. Siempre que necesita desconectar, el técnico organiza un partido de raqueta para poder estar distraído. Al menos dos horas al día. Es una especie de acuerdo que tiene consigo mismo.

Como todo profesional del gremio de esta nueva hornada, el estudio que realiza de los rivales es milimétrico. En ese sentido, sus futbolistas conocen a la perfección al futbolista que se van a encontrar en el terreno de juego. Las virtudes y los puntos débiles de sus oponentes son parte de los deberes que tienen los jugadores del Sporting a lo largo de la semana. A través de vídeos, de informes, de conversaciones, conocen sus virtudes y sus defectos. Dónde se encuentran sus fortalezas y por dónde cojea su fútbol.

Sobre el terreno de juego se aprecia a un profesional con una acentuada personalidad y muy comunicador. Sus mensajes a los jugadores son constantes. También se observa a una persona que se apoya en sus hombres de confianza en los entrenamientos. En muchas ocasiones, el catalán no lleva la voz cantante. Son sus ayudantes los que dirigen y gobiernan algunos ejercicios.

A primera vista se le aprecia orden y cierta obsesión por el control. Lo primero que hace cada mañana en Mareo, a primerísima hora, es revisar, junto a su cuerpo técnico, la jornada de trabajo que tiene por delante para desarrollar sus ideas de juego. Su trayectoria anuncia un fútbol muy definido, pero en Gijón las circunstancias mandan.

Eso no le ha impedido improvisar alguna solución. Rubi ya ha jugado con Viguera en el centro del campo, mientras que a Carmona lo ha reconvertido a interior cuando en el Sporting siempre ha actuado pegado a la banda derecha. También Castro ha visto escorada su posición. El de Ujo podría ser una de las opciones para jugar en la derecha el próximo sábado, contra el Atlético de Madrid, ante la baja de Carmona.

Una de las obsesiones del técnico es que el rival tenga la menor información posible sobre sus ideas. A Rubi le gusta jugar al despiste y siempre se guarda un 'as' en la manga para intentar sorprender con sus planteamientos.

Carrera de superación

Esta personalidad se ha forjado con una carrera de superación y crecimiento constante. Desde el mismo sótano del fútbol. Rubi desarrolló su profesión principalmente en Cataluña. Hay que remontarse al 2001 para encontrar sus primeros pasos como entrenador. La U. E. Vilassar de Mar, equipo en el que colgó las botas como jugador, fue su primera experiencia al frente de un banquillo. Su carrera como futbolista no fue luminosa, aunque algunos excompañeros aseguran que era un mediapunta de talento. Pero nunca pasó de Segunda B, pese a que estuvo practicando su deporte favorito durante 22 años. Fue en esta época en la que se licenció en la carrera de Empresariales.

En el 2011, diez años después de su debut, su camino como entrenador dio un giro cuando se hizo cargo del Girona. Con el cuadro catalán completó una sobresaliente temporada, pero el Almería le impidió alcanzar la gloria en los banquillos a sus 36 años. El equipo andaluz eliminó al Girona en el 'play off' de ascenso a Primera. Su buen hacer no pasó desapercibido.

Unos días más tarde del final de la temporada, el preparador recibió una llamada de Barcelona. El cuadro azulgrana lo quería en sus filas como miembro del cuerpo técnico de Tito Vilanova. No pudo decir que no. Entre otras funciones, Rubi estuvo muy ligado a la figura de Messi. El catalán fue uno de los hombres que se dedicó a aconsejar al astro argentino para intentar exprimir al máximo sus cualidades. La enfermedad de Vilanova obligó al Barça a llamar al 'Tata' Martino para que se hiciera cargo del equipo. El Valladolid y el Levante fueron sus últimas paradas. Ahora lucha en Gijón por su última obsesión de Primera.