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El Sporting desafina en la última nota

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Traoré protege el balón de la presión de Gabi con Koke, Filipe Luis y Savic a la expectativa. / PALOMA UCHA

  • La salida al campo de Gameiro, que sacó los colores a la defensa sportinguista en sus tres goles, afea la gran imagen de los gijoneses

  • El equipo rojiblanco tira por la borda un encuentro notable con cinco minutos para olvidar

Ni en un centímetro de competición puede flaquear este Sporting. Tan al límite está que ayer, en cinco minutos horribles dentro de un partido notable, se llevó tres goles de Kevin Gameiro y tiró a la papelera un encuentro prometedor y que había achatado por completo al Atlético. La bofetada resultó sonora por el grosor del resultado, pero tanto los sportinguistas como los atléticos saben que la diferencia estuvo únicamente en ese puñado de minutos, en una grieta que se originó en la defensa del Sporting en el ocaso del partido, entre Amorebieta y Meré, y que fue música celestial para la punta de velocidad de Gameiro, reemplazo de Torres. Pero la semilla de la permanencia estará plantada si el equipo mantiene ese nivel ante rivales terrenales y cierra el grifo de sus infantiles concesiones defensivas.

Porque no se achicó el Sporting, serio y ordenado en defensa y mucho más generoso con el balón que en Butarque, ante un rival con aspecto de coloso. El equipo de Rubi, que recobró el favor de El Molinón, fue creciendo en el partido ante el nerviosismo gradual de Simeone, muy inquieto en la zona técnica ante el excesivo sobeteo de pelota de los gijoneses y la amenaza física que representaba Traoré. Pese a todo, los visitantes arrancaron firmes, controladores y vertiginosos con la conexión Griezmann-Correa. El francés, de hecho, enseñó colmillo con un zurdazo que se marchó desviado tras un pase del extremo. Respiró aliviada la grada y también Rubi, que exigía a sus futbolistas sacarse con buen fútbol los complejos. La llama atlética se consumió en otra acción en la que Meré se cruzó como un rayo en un intento de remate de Torres, dentro del área, con muy mala uva. Mucho más constante, la del Sporting resultó fuego griego -valyrio en el ficticio universo de George R.R. Martin- para los 'colchoneros'. El Sporting fundió los plomos al equipo de Simeone hasta esa pájara final.

Los locales pasaron a interpretar un bello monólogo con el balón, de propiedad gijonesa, que alcanzó el clímax ofensivo en la última fase de la primera mitad. El Sporting se zampó literalmente al Atlético, un manojo de nervios. Lucas y Savic estaban muy incómodos con Traoré, algo desconectado del fútbol colectivo, pero temible en el área. En su mejor ocasión, en una aventura solitaria de Moi Gómez por la izquierda que culminó con un centro raso, el delantero de Costa de Marfil estrelló con violencia un balón en el poste derecho de Moyá, que ya sentía el silbido de las balas muy cerca de su área. No movió ni un músculo. Con un Meré superlativo y Vesga 'guardiolista', había problemas para encontrar un futbolista que bajara el nivel del colectivo.

Cambios decisivos

Solicitaba Rubi desde hacía tiempo una prueba de fuego para el equipo. Parecieron salir en tropel del armario todos los fantasmas de este Sporting, dejando en literatura pasada de moda la brillantez del primer tiempo, cuando Carrasco olisqueó un grosero desajuste defensivo tras un pase en largo y una peinada de Torres. Marcó el gol atlético. Un miedo familiar invadió El Molinón, pero el equipo de Rubi replicó con furia espartana con el tanto de Sergio, que aprovechó un buen centro de Burgui. El tembleque siguió en los 'colchoneros', con flojera en las piernas y temor a comprometer su estatus de 'Champions'. La prueba palpable de que Simeone no veía claro el panorama es que consumió los tres cambios antes de llegar al minuto 70. Sacrificó a Torres, Correa y Carrasco por Gameiro, Saúl y Thomas.

Aunque no se reveló en ese mismo instante, las modificaciones del argentino dieron un impulso decisivo al Atlético, que fue más terco en su búsqueda de la victoria y cambió el rumbo del partido en tres acciones que dejaron al descubierto las costuras del Sporting, que perdió la brújula y el orden defensivo con la velocidad de los nuevos 'peloteros' del Atlético. Amorebieta ya se jugó su continuidad en el partido en una peligrosísima escapada de Gameiro, al que dificultó con el brazo cuando metía la directa hacia Cuéllar. Rubi trató de responder refrescando su ataque con Castro, retirando a Traoré, pero el partido había pasado a jugarse en territorio sportinguista. En ese momento de indecisión, de ordenación de las nuevas piezas, el equipo gijonés se abrió en canal, se hizo el harakiri y cavó su tumba, afeando su imagen en cinco minutos.

La velocidad de Gameiro, que se adjudicó el segundo 'hat trick' más rápido de la historia de la Liga tras el legendario Bebeto, enloqueció a Jorge Meré y Amorebieta, señalados por un desafortunado tramo final. El primero llegó tras una asistencia de Griezmann a la espalda de los centrales. El segundo, en un grosero fallo de Meré en un pase a Amorebieta, sobre el que se echaron encima con celeridad Thomas y Gameiro, que fusiló a Cuéllar tras su esprint con un disparo cruzado. Y el tercero, otra vez del francés, en un pase en largo que sacó nuevamente los colores a la defensa sportinguista, muy adelantada. En la última nota, después de un concierto sublime, el Sporting había desafinado gravemente. Aunque El Molinón y el fútbol reconocieron la calidad de su nueva música. Queda Liga.

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