El Comercio
Sporting

Un trotamundos del fútbol

Un trotamundos del fútbol
  • Garro, el primer extranjero de la historia del Sporting, llegó por la vía del Celta

El primer jugador extranjero de la historia del Sporting llegó a Gijón tras dejar el Celta. El argentino Óscar Garro Guzmán (Córdoba, Argentina, 1923) se incorporó al fútbol español en 1948, para hacer una prueba en el club vigués, junto a José Gómez, un emigrante malagueño de nacimiento.

Garro había jugado anteriormente en equipos de la zona de Córdoba, en su Argentina natal, pero sin ninguna referencia concreta de si su pasado estuvo ligado al Talleres o al Belgrano, los dos clubes más relevantes de capital de la provincia. El interior cordobés agradó al legendario Ricardo Zamora, que era el entrenador celtista en aquella época. Al principio, el técnico barcelonés le dio protagonismo, pero al poco tiempo, como le ocurrió en la mayoría de los equipos en los que militó, no tuvo continuidad, sin llegar a disputar más de cinco partidos seguidos, con fama de ser un jugador irregular.

Tras una temporada en el Celta, en la que coincidió con Aretio, de quien volvería a ser compañero dos años después en el Sporting, el interior argentino fue cedido al año siguiente al desaparecido Lucense y en 1950, tras desvincularse del Celta, fichó por el Sporting, con el que participó en el segundo ascenso de la historia del club gijonés. En aquella temporada dejó como mejor recuerdo haber sido el autor del gol 100 de la temporada liguera, para redondear una goleada por 6-2 sobre el San Andrés, en el cierre de la Liga.

Aunque su debut en el Sporting coincidió con una goleada al Numancia, el diez de setiembre de 1950, partido en el que anotó un gol, su rendimiento no agradó. Tampoco el de la segunda jornada, en Baracaldo, con un rotundo 1-6, partido en el que volvió a marcar. Tras tres intervenciones, todas con victorias rojiblancas, pasó a la grada, con vitola de ser un jugador muy cómodo, si bien destacaba por lanzar muy bien las faltas desde las proximidades del área. En el vestuario de la época era valorado como un futbolista de buen regate y, dada su pequeña estatura, cercana al 1,7 metros, era escurridizo. Sus compañeros lo valoraban como una persona introvertida, sin participar en las reuniones habituales que los líderes del vestuario organizaban tras los entrenamientos. Cholo y Sánchez tenían fama de llevar la batuta de las tertulias que se hacían en foros futbolísticos de la ciudad.

En el Sporting, Garro nunca tuvo continuidad, al no poder desbancar de la titularidad a Ortiz y Campos, que eran los interiores habituales en las alineaciones, con unas cifras goleadoras espectaculares. Ambos demostraron ser mejores que el jugador argentino, quien sólo fue competencia en momentos puntuales, tras haber ofrecido un rendimiento con dudas en el inicio de la competición. Luego tuvo una presencia ocasional, debido, principalmente, a los altibajos en su rendimiento.

Garro siguió una campaña más en el Sporting, ya en Primera, pero sólo jugó dos partidos, sin acabar la competición. El interior cordobés aprovechó la posibilidad de incorporarse al Oporto, reclamado por el entrenador pontevedrés Luis Casas, con quien había coincidido en su etapa celtista, por lo que rescindió su compromiso en Gijón. Mas tarde fue jugador y entrenador del Sporting de Espinho, en Portugal, y también jugó en la Liga turca. Después se le perdió la pista.

El paso de Garro por Gijón fue poco relevante, aunque destacó su eficacia goleadora en los pocos partidos en los que jugó. En diez participaciones, nueve de Liga y una de Copa, anotó cinco tantos. Lo más destacado del que era considerado un trotamundos del fútbol es que pasó a la historia como el primer jugador extranjero que militó en el Sporting.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate