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Al Sporting se le escapa la vida

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Mosquera se dispone a cabecear el balón al fondo de la red, con Amorebieta, a la derecha, desestabilizado. / JOAQUÍN PAÑEDA

  • Traoré tuvo el empate en el tramo final de un partido en el que Burgui volvió a ser el mejor jugador del conjunto gijonés

  • Un solitario gol de Mosquera deja a los rojiblancos a siete puntos de la permanencia

Al Sporting se le escapa la vida lentamente sin que nadie lo remedie. El Deportivo reinó en el partido del miedo ante un equipo que tiene un problema gravísimo en la definición, en la temporada en la que el club ha hecho su mayor inversión para afilar el diente, y que airea sus vergüenzas con poco. La planificación, más que discutible, salvo para el director deportivo, ya es un capítulo con entidad propia a estas alturas. Ayer, cuando los rojiblancos necesitaban irremediablemente ganar, presentaron una imagen apocada y chata, de incomodidad y sometimiento en casa, sobre todo en la primera mitad. Fue un fútbol de tono plomizo, sin color ante un rival que no conocía la victoria fuera de Riazor, aunque el cabreo general se reorientase hacia Mateu Lahoz. Este Sporting, en el que Burgui es uno de los pocos que navega a contracorriente y el fichaje casi 'top' de enero no parece tal, no era ni pariente lejano del que enfrentó al Celta hace una semana. A falta de doce jornadas, con siete puntos que recortar, la permanencia se convierte en un acto de fe.

El fútbol tiene mucho de casual, pero también de proposición y valentía. Falló el equipo de Rubi en el peor momento, pobre en su envite, aunque el duelo rezumó respeto e instinto de supervivencia como punto de partida por ambos bandos. El Sporting, con las líneas algo más rezagadas que de costumbre, fiado a la inspiración de Burgui y los interrogantes que genera Traoré en cada acción. El Deportivo, con un culto claro al balón y Andone a la guerra en cada movimiento, como forma de protegerse y atacar. No estuvieron muy finos con la pelota los rojiblancos, que terminaron la primera mitad con un 36% de posesión y una imagen bastante rácana.

Pero, con todo, enseñaron los dientes antes que los gallegos en un desenlace de jugada que maldijo Rubi, con el recuerdo fresco de la última contienda en El Molinón. Canella se vistió de Burgui y cambió el ritmo de su carrera, dejando en el molde a Fayçal, poco acostumbrado a perseguir laterales. El lavianés apuró hasta la línea de fondo, vio por el rabillo del ojo la incorporación de Sergio y le asistió. El remate del centrocampista se marchó por encima de la portería. Antes se había lesionado Moi Gómez en una desafortunada acción con Mosquera. Víctor Rodríguez entró en juego para preservar la puesta en escena.

Salvo un puñado de minutos de combinación, que agradeció el aficionado local, el Sporting trató de enhebrar su ofensiva por las alturas. Arribas, Sidnei y Fernando Navarro vigilaban a Traoré, aparentemente manso, pero siempre con la amenaza de su físico. En un baile con el lateral, de hecho, la 'torre' de la Liga se escurrió y pidió penalti. Mateu Lahoz pasó de largo. Burgui disparó a renglón seguido el medidor de aplausos con una buena acción individual entre varios rivales, con pase al hueco al delantero de Costa de Marfil, que no llegó.

La caja de Pandora se abrió a la media hora y liberó todos sus vientos. En apenas tres minutos, el trabajo se le acumuló al colegiado valenciano, muy discutido por El Molinón. Traoré cayó dentro del área deportivista ante Fernando Navarro, muy sospechoso en la jugada, pero Mateu Lahoz no apreció el agarrón del lateral. En su turno de réplica, el Deportivo sí que se encontró con el penalti, cuando Vesga alargó el brazo más de la cuenta en un salto con el visitante Borges. El sportinguismo rugió de rabia en el momento en que Cuéllar adivinó el lanzamiento de Emre Çolak.

Momento inoportuno

A diferencia del ambiente, febril y rabioso, el equipo de Rubi fue incapaz de sacar tajada de esa sicológica acción. Los dos equipos se tomaron un respiro y volvió la monotonía, con bastante sobeteo de pelota para el equipo de Mel, hasta el fatídico intervalo que se abrió entre el final del tiempo reglamentario y la prolongación. Mosquera se hizo hueco a la espalda de Amorebieta, que protestó con vehemencia un empujón del centrocampista, para cabecear un córner de Fayçal al fondo de la portería.

Con la permanencia alejándose hasta los siete puntos, Burgui se echó al equipo a la espalda en la segunda mitad en busca del remonte, aunque fue por la derecha por donde intimidó primero. Douglas buscó el centro y Traoré confirmó su irregularidad como cabeceador, pese a sus 2,03 metros, con un remate desviado. Para entonces, el nerviosismo ya empezaba a ser un peligroso compañero de viaje para el Sporting. El Deportivo paladeó la sentencia con un malintencionado cabezazo de Borges.

El momento de desesperación del equipo rojiblanco llevó a Rubi a echarse al monte y buscar resultados con una maniobra más radical. El técnico catalán reunió a Cop y Castro con Traoré al mismo tiempo. Con tanta alegría ofensiva, Carmona, multiusos, tuvo que reciclarse al lateral y el equipo se abrochó en torno a un 4-3-3. Redobló su ofensiva el equipo. La temperatura del partido se elevó y Castro pidió penalti en una salida de Lux. También Cop, en una jugada a renglón seguido más controvertida. Pero, polémicas al margen, no acertaba el Sporting con la portería gallega.

Tuvo la mejor ocasión para ello Traoré, en un remate a quemarropa tras una buena cesión de Castro, pero el delantero se bloqueó en la definición y lanzó hacia la posición de Lux, que parecía vencido, pero antes de caer tuvo la precaución de poner un brazo. Rumiando con resquemor esa acción y suspirando de alivio por otro remate de Carles Gil, que interceptó Canella, se rindió el Sporting, que necesita un final de temporada homérico para sobrevivir en Primera.

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