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El Sporting busca esperanza en las fallas

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Dani Ndi, en el entrenamiento de ayer, es la principal novedad en la lista de Rubi. / DAMIÁN ARIENZA

  • El equipo gijonés quiere dar un golpe de efecto a su delicada situación en la casa del Valencia

  • Rubi, que pierde a Moi Gómez y Amorebieta por lesión, se mantendrá fiel a su sistema para tratar de provocar un incendio en Mestalla

Cuenta la historia que las fallas surgieron en Valencia en un rito iniciado por los carpinteros de la ciudad, quienes saludaban a la primavera prendiendo fuego a la viruta de la madera que se acumulaba en sus talleres en una hoguera que coincidía con la festividad de San José. Esa tradición centenaria se desvía este mediodía al ardiente patio de Mestalla, con vocación de convertir en flameado cualquier equipo que pise su verde pasto. En el previo de estas fiestas se cuela hoy el Sporting dentro del inflamable pellejo de un 'ninot', pero también con la necesidad desesperada de montar una 'cremá' en toda regla en casa del anfitrión.

El mantenimiento de la fe, muy escasa en Gijón, impone resurgir en el hogar de un club que atraviesa una crisis permanente desde la llegada de Peter Lim. No habría calculadora en El Molinón que soportase una nueva derrota del Sporting, obligado a provocar un incendio de magnitud en el que las llamas se puedan ver desde La Coruña, Leganés y Granada. Estos dos últimos saldrán este sábado por la tarde a pelotear con la onda expansiva de lo sucedido en Mestalla.

La temporada ofrece hoy a la troupe de Rubi una de las últimas ocasiones de reenganche a la vida de Primera. Cualquier traspiés ya sería fatal en las cuentas del Sporting, que ahora mismo cuadran malamente, tan solo entre épica, la frialdad de la matemática y una altísima dosis de fe, tras la derrota del pasado fin de semana ante el Deportivo. Tal es la necesidad del equipo rojiblanco que la clasificación ha desaparecido de las taquillas en el vestuario de Mareo, donde se ha adoptado la filosofía del 'carpe diem'. Vivir el día. Ganar hoy para aumentar la esperanza mañana. Tiene una simbología especial el encuentro de este mediodía por todo eso. Y Rubi, que quiere compra un boleto para la esperanza en Valencia, lo sabe.

El preparador de Vilasar, que regresa a la capital del Turia tras su etapa en el Levante, no sacudirá de forma especial el once ante una cita capital. Su creencia se mantiene en dar continuidad al dibujo y a los futbolistas, salvo alguna ligera variación, pero insistiendo a sus pupilos en la necesidad vital de afinar el tiro en la ocasión. En un escenario tan tendiente a la bipolaridad como Mestalla este matiz puede suponer un cambio climático importante. Que los aficionados locales se pongan rápidamente de uñas con los suyos es el pan nuestro de cada día en la era Lim. Lacina Traoré tiene tajo este mediodía en ese sentido.

El técnico catalán subió ayer al avión a veinte futbolistas. En la expedición no se encontraba Amorebieta, dolorido por un fuerte golpe que recibió durante la semana en el costado izquierdo. El dolor tampoco remitió este viernes y el central no se ejercitó con el resto del grupo antes de la partida. Su lugar, en una convocatoria que presentó solo dos centrales específicos -Juan Rodríguez competirá finalmente con el filial-, lo ocupó Babin, muy señalado en la debacle del Camp Nou y que tratará de enterrar ese último recuerdo este mediodía. Hay otras opciones más rebuscadas, aún inexploradas por Rubi, aunque sí por Abelardo, como situar a Lillo en el centro de la zaga.

Estreno con el catalán

Las otras novedades en la lista de expedicionarios las presentaron Nacho Cases, el recambio más natural al lesionado Moi Gómez, y Dani Ndi. Especialmente llamativa fue la convocatoria del camerunés, alistado por primera vez por el técnico catalán, puesto que no había sido incluido en ninguna lista desde la llegada de Rubi y al que se le instó, de hecho, a buscar una salida en el pasado mercado de enero. El reducido grupo de excluidos lo completaron el lesionado Viguera, además de Afif, Isma López y Lora, quienes volvieron a ser descartados.

Aseguran en la ciudad del Turia con fatalismo que el Sporting puede explotar hoy perfectamente el mentón de cristal del Valencia, vulgarizado desde la entrada de Peter Lim, aunque capaz de ofrecer todavía alguna dentellada de calibre, vestigio de un gran pasado reciente, como la que hirió de gravedad al Real Madrid no hace mucho. El aire de Voro, bombero de todos los incendios que surgen en Paterna, le ha dado al Valencia para coger vuelo con el descenso, un riesgo que se desvanece ya a diez puntos. Pero el exquisito paladar de Mestalla, que ha festejado tres victorias consecutivas, se ha dado de bruces con un nuevo panorama del que reniega: el de la mediocridad.

En un desierto vacío de objetivos, el valencianismo detesta la butaca de espectador que ocupa, sobre todo cuando algún rival, como el Atlético el pasado fin de semana, relativiza su recuperación con saña y goles. Entre los escasos alicientes para la grada hoy está ver al físico Zaza, uno de los quebraderos de cabeza de Rubi junto a Orellana, jugando su décimo partido para que el Valencia tenga que ejecutar la opción de compra por el italiano. Así está el patio en Valencia, una ciudad evadida de la realidad deportiva con las fallas, a las que quiere adherirse el Sporting prendiendo una enorme fogata, como aquellos viejos carpinteros de antaño, que le permita comprar vida y esperanza para el remonte en su esprint final.