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'El Brujo' posa para EL COMERCIO en una escalera del restaurante D'Quini.
'El Brujo' posa para EL COMERCIO en una escalera del restaurante D'Quini. / DAMIÁN ARIENZA

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Sporting | «Nosotros ya hemos ganado al Granada para animar el cotarro y llenar El Molinón»

  • Enrique Castro, Quini, Relaciones externas del Sporting: «Lopetegui puede llevar a España a un lugar privilegiado. La selección es superior a Israel; espero que haga un buen partido

Nunca falta el buen humor con 'El Brujo' (Oviedo, 1949). En plena sobremesa, sentado en un apartado del restaurante dQuini, que regenta su hijo, se escucha el inconfundible aullido del cristal que rompe. «La culpa fue de este (por el periodista), que me asustó», señala el mito del Sporting con una sonora carcajada. En ese momento, la grabadora pide auxilio con una incesante luz roja. Las pilas se agotan, aunque la entrevista con EL COMERCIO no ha hecho más que empezar. «Te prestamos unas, pero cuidado que solemos registrar a la gente al salir», suelta con guasa Quini, diminutivo heredado de su padre Enrique. El fútbol vuelve a un estado primigenio en su boca. El juego simple y adictivo de toda la vida. Sin laboratorios, ni sesudos estudios técnicos, ni porcentajes estadísticos.

-¿Qué era 'La Carbonilla'?

-Un campo de fútbol de carbón fino, como escoria, que teníamos en el Colegio de Los Salesianos. Le habían puesto unas porterías a lo largo y ancho. Allí nos reuníamos en el recreo todos los chavales del colegio. Allí empecé a jugar. Si uno se caía por lo que fuera, se hacía una herida y esa carbonilla le quedaba dentro de la piel. ¡Teníamos las rodillas negras! Parecía que no nos habíamos lavado (risas).

-De aquella le tiraba la portería.

-Siempre me gustó. Era de familia. Mi hermano Jesús fue portero. Falo, mi otro hermano, también. A mí me gustaba. Lo que pasa que antes querían gente alta para la portería. Mi hermano, que era dieciséis meses más joven, me sacaba la cabeza. Yo era canijo. A él lo ponían de portero y a mí me decían: «guaje, vete 'palante'».

-¿Todavía sabría echar algún punto de soldadura?

-Hombre... Alguna idea tendré, pero ha pasado mucho. Igual saqué ese título de soldador cuando iba para los 18 años. A esa edad ya estaba jugando en el Ensidesa.

-¿Qué hizo con su primer sueldo?

-(Pensativo). No sabría decirle. Sí recuerdo que cuando empecé a jugar en el Sporting nos iba a recoger en un 600 descapotable Florín (el capitán del equipo de la época). Él vivía en Salinas y pasaba por Llaranes para recogernos a Jesús y a mí. El primer coche que tuve fue un Seat 127. Y luego un Simca 1000. A este lo llamaban 'la chuleta del pobre' porque además de ser para cinco tenía nervio (risas). No fueron coches espectaculares, pero fueron los primeros que tuve.

-Fue uno de los primeros jugadores del Sporting que protagonizó campañas publicitarias.

-Porque llegaba un momento en el que empezabas a ir con la selección española y todo cambiaba. Aparecían más cosas. No recuerdo qué años tendría cuando hice el primer anuncio. Sí que recuerdo que hice uno de Trinaranjus sin burbuja y tuve otro, en los ochenta, de Fabada Litoral, que se rodó en Barcelona.

-Confiese, ¿alguna superstición como jugador?

-Siempre hay algo (sonríe). Yo plantaba ajos en las porterías contrarias. Mi madre, que en paz descanse, se encargaba de meterme unos ajos en la maleta. A veces hasta una cabeza de ajo bien grande, pero mínimo dos. Luego yo iba y los plantaba en una y en otra portería.

-¿Y no le veían?

-No. Salíamos a ver el campo y yo me hacía el 'roncha'. Andaba por ahí... Iba hacia una portería paseando. Me agachaba, hacía un agujerín con la mano y plantaba el ajo. Luego en la otra. Me traían suerte. ¡Aquí en El Molinón hasta salió alguno después! Habían enraizado bien. Los ajos no fallaban.

-¿Y de vestimenta? ¿Botas?

-Nada. Lo importante de las botas es lo que metes dentro de ellas porque no juegan solas. Si le pegas bien al balón puedes darle hasta con una madreña. Pero si no le sabes pegar, por mucha bota que pongas... Hay gente que compra las de Messi, de Ronaldo, pero no juegan solas. Hay que meter algo dentro (sonríe).

-¿Le hubiera gustado jugar en una competición extranjera?

-No lo pensaba. Según avanzaba fui cumpliendo mis sueños. Lo primero para mí era jugar en el Ensidesa, que era la hostia. Era el equipo de mi pueblo. Mis ídolos estaban allí. Era un equipazo. ¡Jugamos promociones para subir a Segunda! Iba a ver a Mendi, Colunga... Colunga, que era delantero, iba muy bien de cabeza. Nos apostábamos la merienda a ver quién metía más goles de cabeza.

-¿Y quién ganaba?

-A él le hace mucha gracia cuando lo cuento. Perdía muchas veces la merienda contra él. Y en una de esas le dije que esperara. Me duché y fui hasta casa, porque vivía a doscientos metros del campo del Ensidesa. Le traje dos onzas de chocolate y un trozo de pan. Le dije: «toma, la merienda que te debo». No se le olvidó jamás (risas).

-¿Y su proverbial remate de cabeza salió de ahí?

-De los juegos de la calle. Ahí es donde empecer a manejar la cabeza. Con cosas muy simples que te ingeniabas para jugar. Íbamos a La Toba y nos poníamos a jugar con la cabeza donde las porterías, que antes tenían una barra en la parte de atrás. Solo te podías defender con la cabeza. Así se aprende. Rematábamos arriba, abajo, nos obligaba a saltar. La calle es muy importante en el fútbol. Ahí te buscas la vida, las habichuelas. Ahora lo tienes hecho y todo tiene que ser matemático. Creo que está faltando eso.

-¿Se ha desnaturalizado este deporte en algunos aspectos?

-Al jugador hay que dejarle que desarrolle su talento y creo que hoy en día no le dejan. Veo partidos de críos y se les obliga a ganar. Y dependiendo de dónde estén, con más motivo. En chavales de seis a nueve años tendría que estar prohibido jugar con puntos de por medio o clasificaciones. Es una edad buena para aprender, convivir con el contrario y educarse. Se está perdiendo el Norte. El fútbol son cuatro cosas.

-La selección española juega mañana en El Molinón contra Israel. ¿Su paso por la internacionalidad le dejó insatisfecho?

-No, no.

-Recuerdo unas declaraciones suyas por un partido en Sarriá contra Alemania. Se le criticó por marcar a Beckenbauer y por no mirar más hacia la portería rival.

-Eso pasa muchas veces. Usted como periodista no tiene por qué saber la labor que encomienda el entrenador a un jugador. La crítica hay que aceptarla, pero un futbolista tiene que hacer lo que le mandan. El problema en aquel momento fue que Beckenbauer era un futbolista muy elegante y técnico. Salía desde atrás con mucha facilidad y mandaba balones complicados de defender para la defensa rival. Kubala me dijo: «vas a cubrirle tú a él, no él a ti. No tienes que dejarle que juegue ni una pelota arriba». No estuvo mal (ganaron 1-0).

-¿Pero cree que podía haber dado más con la selección?

-La selección es muy diferente a jugar en un equipo. Siempre busqué el lado positivo de todo. Estoy contento. El Mundial de 1982, en el que no llegamos quizá a cumplir las expectativas, lo achaco a que había demasiada presión. A la larga lo pagamos, pero había una buena selección. Y lo puedo decir porque no jugué mucho.

-La selección actual pasa una fase de transición...

-Hubo unos años en los que era la mejor del mundo. Pero es muy difícil encontrar a jugadores como los que se juntaron en aquella selección. Había un centro del campo que no existía en ningún sitio; el mejor motor y el que más duraba. Xavi e Iniesta son algo difícil de encontrar. Y Xabi Alonso. Y Busquets. ¿Dónde se encuentra un tío de estos? Serían el alma de cualquier equipo. Esa gente fue cumpliendo años y algunos se marcharon.

-¿Y cómo ve el futuro?

-Lopetegui es un hombre de la casa, que estuvo en las selecciones de abajo. Conoce perfectamente a todos los jugadores. Creo que puede llevar a España a un lugar privilegiado. La selección es superior a Israel y espero que haga un buen partido. Ya hemos ganado al Granada para animar el cotarro y llenar a El Molinón (sonríe).

-Está llamando con fuerza Jorge Meré a la puerta de la selección.

-Es un chico muy trabajador, buena persona, con personalidad. Puede llegar muy lejos. A ver si tiene suerte y lo llevan pronto a la selección, pero a la absoluta, que es la que merece. Además ahora nos faltan asturianos.

-¿Ha cambiado mucho el fútbol?

-Es todo táctico y la mentalidad es de portería a cero. Es menos atractivo. Hay mucha diferencia entre los equipos. Antes era más competitiva la Primera. Había 12 ó 13 equipos que podían ser campeones de España. Hoy hay dos. ¿Que el Atlético molesta un poco cada quince años? Vale. ¿Pero cada cuánto pasa?

-En la temporada 1973-1974, jugando en el Sporting, el equipo fue en bicicleta hasta Covadonga después de lograr la permanencia.

-Nos habíamos concentrado en Covadonga y de ahí, estando en el hotel, salió la promesa. Si quedábamos en Primera volveríamos a dar las gracias a 'La Santina'. Alguno dijo: «en bicicleta». Si llega a decir en triciclo, ahí vamos. Pues en bici. Pero había un temporal increíble. No estábamos acostumbrados a la bici. Son casi cien kilómetros desde El Molinón hasta 'La Santina', ¡eh! Y no paramos. Aquello fue la hostia. Había gente por el trayecto. Alguno te insultaba, otro te aplaudía (risas). Había coches escoba recogiendo gente. Creo que primero llegó Juan, luego Cundi y después yo. Aquello fue exagerado. Al día siguiente hubo gente que no pudo ni entrenar. Teníamos un dolor de culo impresionante, todos escocidos. Tremendo. No se le ocurrió a nadie más.

-El equipo se agarra a la permanencia tras la victoria ante el Granada.

-Estamos a tiempo de enderezar la situación. No podemos parar. Hay que ir a Sevilla y ver si arañamos algo positivo. Luego, la final con el Málaga. El equipo ha mejorado y está haciendo las cosas bien. Ha llegado esta victoria importante ante el Granada y tenemos que seguir adelante. Estamos en la habitación, que no en la UVI. Tenemos más opciones de marchar para casa, pero hay que ganar.

-¿Qué tal con Rubi?

-Me parece un estudioso del fútbol, que no deja nada al azar, pero necesita fortuna. El equipo crea ocasiones y tiene que concretarlas, como el domingo. Hay que tener esperanza e ilusión. El partido del Granada era muy fundamental y lo sacamos adelante. Nos hemos enganchado, pero hay que echar el resto.

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