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El concierto del 23 de julio choca con la remodelación del césped de El Molinón

Trabajadores de la empresa Jarpa, el viernes, en el intermedio del partido disputado entre España y la selección de Israel.
Trabajadores de la empresa Jarpa, el viernes, en el intermedio del partido disputado entre España y la selección de Israel. / JOAQUÍN PAÑEDA
  • El Sporting, que aguarda confirmación del Ayuntamiento, preocupado por cómo puede afectar a la obra el espectáculo

El festival musical que albergará El Molinón el próximo domingo 23 de julio, que incluirá entre seis y ocho artistas nacionales, en una información adelantada por EL COMERCIO, condicionará las obras que el Sporting tiene programadas al final de la presente temporada, especialmente las relativas a la remodelación del césped del campo. Aunque ya ha habido algún contacto superficial entre ambas partes, el club se mantiene a la expectativa del Ayuntamiento, quien todavía tiene que cerrar todos los detalles del concierto, para ver de qué manera puede encajar un espectáculo de esa magnitud con una obra tan sensible como la que está proyectada desde los despachos de Mareo, que podría extenderse hasta los dos meses.

No parece sencillo introducir las dos variables al mismo tiempo y en el mismo terreno. Todas las posibilidades están sobre la mesa, a expensas de cómo quede configurado este concierto y del encuentro que puedan mantener ambas partes cuando estén cerrados todos los detalles. En una solución intermedia, las obras podrían cesar por unos días, cubriendo con una lona el césped para amortiguar el efecto del público asistente y del montaje, pero habría que ver cómo influye esto en los tiempos de la remodelación de la infraestructura y si puede desembocar en un aumento de la inversión presupuestada. Todo está en el aire hasta ver cómo se define con el Ayuntamiento. Lo que parece evidente es que el calendario de plazos es muy ajustado porque el Sporting quiere tener listo el nuevo césped para el inicio de la temporada, que suele situarse en las últimas semanas del mes de agosto.

Aunque todavía se mantiene a la espera de que el Consistorio oficialice el espectáculo, que gestiona una empresa privada, en el club ya existe cierta preocupación por cómo puede afectar este concierto al desarrollo de las obras y si de alguna manera perjudicará al césped. Existen, en ese sentido, algunas áreas sensibles dentro de un concierto como puede ser la que alberga el escenario, donde la superficie tiene que soportar un peso importante y que tiene un impacto directo en este caso sobre la hierba. La Liga es inflexible ahora mismo con los estándares de calidad de la infraestructura que alberga la competición y cualquier detalle que no encaje en su exigencia, orientada siempre a la plasticidad de las retransmisiones televisivas, puede derivar en una sanción importante.

En todo caso, el club tiene que definir también la fórmula de la obra que planea, que todavía está abierta y pendiente de determinados aspectos. Aunque hay circunstancias dependientes del desenlace de la temporada, en los despachos de Mareo está contemplada desde hace tiempo una renovación del sistema de alumbrado del estadio, por demanda expresa de la Liga, con una inversión estimada en 1,5 millones de euros. El organismo que preside Javier Tebas tiene entre sus objetivos mejorar la calidad visual del espectáculo, con la entrada de la tecnología 4K a las retransmisiones, y el Sporting ya ha hecho números. Pero la obra más peliaguda en relación al concierto que se plantea ese 23 de julio es la relativa al césped, que, además de lo relativo al verde, incluye la actualización del sistema de riego y del drenaje.

El club levantó por última vez el césped de El Molinón hace casi dos décadas, en una obra realizada por Ruvicam, en la etapa de Eloy Rubiera como responsable de las instalaciones rojiblancas. En los años sucesivos, el Sporting realizó una labor de limpieza en los drenajes, pero solo como solución temporal para subsanar algún problema puntual y con un presupuesto mínimo. Los cuidados, con la mano de Jarpa, se han extremado en los últimos años. Incluso se han reducido los entrenamientos del primer equipo en El Molinón, aunque a Rubi le gusta más la intimidad del estadio para determinadas sesiones de la semana. Los actuales dirigentes del Sporting entienden que este verano es un buen momento para llevar a cabo esta obra, que ahora mismo presenta varias posibilidades, con distintos presupuestos en función de cada una de ellas.

Tres posibilidades

En un principio, el club se había encaminado hacia la vía del césped híbrido, como adelantó en su día EL COMERCIO, pero ahora ha abierto el abanico de opciones. En cualquier caso, esta sigue siendo una alternativa que agrada mucho en el Sporting. El Madrigal, el Bernabéu y el Camp Nou, que estrenó el suyo el pasado verano, cuentan con esta superficie, consistente en un mixto entre hierba artificial y natural. Las virtudes que se le conceden al híbrido, que obliga a realizar una inversión alta, van desde la mejora en la estabilidad y resistencia a los partidos hasta el atractivo que presenta en las retransmisiones televisivas.

Al margen de esta, el Sporting maneja otras dos alternativas para la remodelación del césped de El Molinón. Una de ellas serían los tradicionales tepes -la hierba cultivada por el fabricante y que luego se traslada en rollos que se van desplegando-, aunque el retorno que hay en Mareo de esta posibilidad que ofrece el mercado no es del todo positivo porque hay dudas sobre la calidad del enraizamiento y su resistencia y longevidad. El coste también es importante.

Una posibilidad intermedia, que se está meditando de forma seria en consenso con Jarpa, es la resiembra con tratamiento existente. Hoy en día, el principal problema que tiene el césped de El Molinón es que con los años se ha formado una capa tóxica subterránea, con óxido y distintas sustancias perjudiciales que se han ido acumulando con el tiempo, producto de los químicos empleados en todo ese tiempo y de los residuos que cayeron al césped durante la última remodelación del estadio. Esa resiembra consistiría en reciclar la capa de tierra infectada, en unos 4 ó 5 centímetros, con un tratamiento posterior de una máquina para situar la arena de sílice y el nuevo césped.

Todo, en cualquier caso, está pendiente de ser definido en estas próximas semanas; especialmente ver cómo se articulan finalmente las obras de remodelación que están previstas en El Molinón con el espectáculo musical que se pretende organizar el 23 de julio.