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«Es el día propicio para ganar en Sevilla»

Mario Cotelo y Tomás Hervás intercambian impresiones, reunidos por EL COMERCIO, delante de la puerta al vestuario de las instalaciones de Mareo.
Mario Cotelo y Tomás Hervás intercambian impresiones, reunidos por EL COMERCIO, delante de la puerta al vestuario de las instalaciones de Mareo. / JOAQUÍN PAÑEDA
  • Ambos fueron testigos de la génesis del gran proyecto de Monchi durante dos temporadas, aunque tuvieron una escasa participación

  • Mario Cotelo y Tomás Hervás, con pasado en Nervión, esperanzados con un triunfo del Sporting

Refrescan la memoria estos días en busca de recuerdos Mario Cotelo (La Felguera, 1975) y Tomás Hervás (Ponferrada, 1970), buenos conversadores en la distancia corta y que mantienen intactos en la retina llamativos detalles de sus vidas en Sevilla. En el Ramón Sánchez Pizjuán, escenario de la durísima prueba para el Sporting del domingo (12 horas), se detuvieron para jugar al fútbol dos temporadas dentro de una prolífica trayectoria en ambos casos. Pero los aires del barrio de Nervión, en el tramo 2001-2003, no les sentaron bien a ninguno. En el germen del gran Sevilla, con Caparrós de arquitecto, olfatearon muy poco la competición y, con su ausencia, frecuentaron bastante el banquillo y la grada.

«Fue una etapa extraña, un lunar, porque venía de participar siempre y allí no jugué mucho, pero también porque bajé los brazos y asumí esa suplencia, incluso el hecho de estar fuera de la convocatoria», asume sincero el delegado del Sporting. La conclusión que se extrae del recuerdo de Tomás, también abrochado a la autocrítica, deja un eco muy similar: «Fue una etapa que me pilló en mal momento. Acabé bien la primera temporada con el Sevilla, aunque venía de un año muy exigente con el Celta, pero no estaba bien físicamente». Para dar más coincidencia a sus historias, los dos buscarían un oasis tras el desierto futbolístico del Pizjuán en Las Palmas.

Acostumbrado a la continuidad en el Sporting y en el año que jugó a préstamo en el Badajoz, a Mario Cotelo la ausencia de minutos le pilló de nuevo. Nunca había experimentado esa sensación. Apenas enganchó cinco partidos en esas dos temporadas en Sevilla. En la primera de ambas, el equipo hispalense acababa de lograr el ascenso a Primera División. Monchi había saltado un par de años antes a la secretaría técnica. Era un periodo excitante y se gestaba algo grande, con Caparrós al volante. «El entrenador quiso dar continuidad a los que habían logrado el ascenso. Ese año por muy poco no nos metimos en la UEFA porque el equipo ya quedó octavo. Había calidad y, sobre todo, gente muy joven», relata Mario, al que cerró la puerta de la titularidad un jovencísimo Paco Gallardo.

Por allí ya correteaban, algunos incluso coqueteando con el primer equipo, José Antonio Reyes, Antonio Puerta, Antoñito, Jesús Navas y, sobre todo, un jovencísimo Sergio Ramos. «Sergio estaba en el filial, pero esporádicamente subía con el primer equipo. Alguna vez coincidía que recogíamos a alguno de ellos con el coche porque igual nos los encontrábamos de camino al campo esperando el autobús», rememora Cotelo.

Tomás Hervás, miembro de la secretaría técnica del Sporting, amplía el recuerdo de aquella inolvidable generación de canteranos. «El figura entonces era Reyes, porque los otros todavía eran muy jovencitos, pero él ya estaba asentado en el primer equipo con 17 años. También recuerdo a Navas, que debía de ser juvenil, que entrenaba con nosotros alguna vez. La ropa le quedaba hasta grande», comenta entre risas Tomás, testigo de un movimiento que marcaría la trayectoria de Monchi: el fichaje de Dani Alves, por el que desembolsó algo menos de un millón de euros y obtuvo un retorno de 35 cinco años después. «Llegó en diciembre, pero no tenían ninguna prisa con él. No jugaba y era más extremo que lateral, porque sufría a la espalda. Estaba todavía por hacer», concluye el técnico, cuyo balance en Nervión se cerró con 18 partidos el primer año y tan solo cuatro el segundo: «Sencillamente no encajé. No estaba bien físicamente, ni a buen nivel para lo que requería un equipo de Caparrós, con gente muy rápida por fuera. Yo era más de toque y elaboración, como había hecho en el Celta».

Con la experiencia en Sevilla de ambos exfutbolistas como hilo conductor de la conversación, el barrio de Nervión representa una cita especialmente exigente para el Sporting este fin de semana por varios motivos. El más evidente es la pájara de resultados que atraviesa el equipo de Sampaoli, descabalgado en los últimos tiempos de la 'Champions' y comprometida la tercera plaza con el encadenamiento de tres jornadas sin conseguir la victoria en un momento clave.

Alarmas encendidas

Las alarmas se han encendido en el Pizjuán con un intenso rojo que anuncia un intento de reacción ante los gijoneses. Luego hay otros argumentos, más superficiales y relativos a la estadística histórica, pero presentes en la preparación del partido. ¿Por ejemplo? Para encontrar la última victoria del Sporting en Sevilla hay que remontarse en el tiempo 23 años, a diciembre de 1993. Habrá que sudar mucho para romper esta tendencia.

La empresa se anuncia titánica, aunque el equipo de Rubi está en el pellejo de no poder desperdiciar nada. «No creo que nos vayamos a encontrar una mala versión del Sevilla por la dinámica en la que viene, pero tenemos que ir a por todas, independientemente de que sea el Madrid o el Sevilla al que tengamos delante. Hay que ir a sumar e intentar ganar», manifiesta Tomás Hervás.

Apunta en la misma dirección la visión de Mario: «Es un rival muy poderoso, con un físico espectacular, y vamos a ir a tratar de dar la sorpresa para poder acercarnos a un partido». Con cinco puntos de desventaja, el escenario por el que suspira el Sporting; la viga maestra sobre la que monta Rubi su discurso de la permanencia. «Es el día propicio para conseguirlo y esa es la idea con la que tenemos que ir», insiste el delegado del Sporting, deseoso de colorear sus vivencias en Nervión.