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Sporting | El círculo de confianza de Rubi

El círculo de confianza de Rubi
  • Jaume Torres es la mano derecha del entrenador, al que conoce desde que ambos fueran jugadores del Manlleu

  • El técnico se apoya en Mareo en un grupo formado por tres barceloneses y el maliayo Diego Tuero

Se despereza la mañana en Mareo y reverbera por todos los rincones del número 2 la voz de Xabi Gil, preparador físico del Sporting. Su tono, firme, gobierna el inicio de la jornada, cargada de directrices y con un buen 'sembrado' de vallas, conos, 'setas' y balones por todo el césped. El Pizjuán anuncia un partido de nervio y roce. Rubi, brazos en jarra y manga corta para aprovechar la luz solar, observa la acción desde un puesto secundario, mientras juguetea con un balón. «Máxima intensidad y respetar 'postas'», solicita con reiteración Gil, unido al técnico de Vilasar de Mar desde hace muchos años. Igual que Manel González. Fue en el banquillo del Sabadell cuando los tres iniciaron una aventura profesional que tan solo se congeló en el año de Rubi en La Masía. Ahí se enganchó Jaume Torras, que ejercía como analista para el Barcelona. A continuación se embarcaría Diego Tuero, anfitrión en Gijón y el más joven del grupo. Desde entonces, este quinteto, compuesto por cuatro catalanes y un asturiano, todos ellos con paso previo por la universidad, ha discurrido por el Valladolid, Levante y, ahora, Sporting.

Poco se sabe de los ayudantes del técnico de Vilasar de Mar, a la sombra de la mediática imagen que proyecta cualquier entrenador de Primera División, principal receptor para bien o mal de las sensaciones y discusiones que genera un equipo, pese a que en un inicio fueron uno de los aspectos que más llamaron la atención en la contratación de Rubi. «Vivimos todos en Gijón. Estamos un poco repartidos en el triángulo Viesques-El Llano-El Bibio», explican a EL COMERCIO desde el cuerpo técnico a última hora de la mañana. Su jornada ordinaria es intensa y extensa. De 8 de la mañana a 20.30 horas de la tarde. Hora arriba o abajo. La cafetería de Mareo suele ser un punto intermedio a considerar para comer.

El más veterano de todos es Jaume Torras, la mano derecha de Rubi, siempre cerca de él. Fue portero en las categorías inferiores del Barcelona, aunque con el entrenador rojiblanco, de aquella un técnico y menudo segundo delantero, no coincidió hasta llegar al Manlleu. Hicieron buenas migas y la posterior reunión de ambos en el cuerpo técnico del Barcelona, en la temporada 2013-2014, les convenció de la idoneidad de compartir camino tras aquel año. Torras, que venía «del mundo empresarial», ya tenía entonces un dilatado currículo como entrenador en Cataluña. Hasta como director deportivo. «Me tocó hacer algo en la etapa de Vilasar de Mar, en la que recuerdo que nos tocó jugar una eliminatoria de ascenso con el Conquense», apunta.

A Diego Tuero, vecino de Venta Las Ranas y de Marcelino García, que le conoce desde niño, ambos le citaron para una entrevista al final de aquella temporada con el Barcelona. Preparador de porteros horneado desde el fútbol base astur, su primera experiencia en el fútbol profesional había llegado precisamente en el Girona, donde Rubi había dejado huella un año antes con una campaña que coqueteó con la épica, incompleta sin el ascenso a Primera. Fue otro asturiano, el ovetense Ricardo Rodríguez, quien le dio esa alternativa en Montilivi. Y, meses después, Rubi y Torras le citaron en el domicilio del ahora técnico del Sporting para conocerle. «Quedaron en contactarme y decirme si me veían para formar parte del cuerpo técnico o no», recuerda el maliayo, enfrascado en mantener a buen fuego la capacidad de respuesta a los pelotazos de Cuéllar, Mariño y Whalley. A la semana, recibió el 'sí'.

Tuero se alistó en Valladolid, pero Xabi Gil y Manel González ya habían hecho muchos kilómetros con Rubi. El papel del primero está más definido. El de Manel, que acompaña al técnico de Vilasar en el 'running' de mediodía que de vez en cuando ambos se permiten, no tanto. Al menos para el exterior. «Es el hombre para todo», le definen. Entre Gil y él se encargan de coordinar y gestionar lo relativo a la preparación física, aunque el peso mayoritario de esto recae sobre el primero, que también ejerció como segundo de Rubi en Girona.

Manel González, mientras, tiene que desdoblarse con frecuencia porque su cometido también se orienta a la parcela técnica. Confecciona estadísticas para tener un seguimiento detallado de los rivales, controla las alineaciones y participa en los análisis individuales con los jugadores para mejores determinadas facetas con el apoyo del vídeo. «Si por echar un minuto más podemos conseguir medio punto, no dudamos», defienden. No es para menos. La situación aprieta. Faltan diez partidos. El quinteto busca el adelantamiento.

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