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La permanencia para el Sporting se escapa en El Molinón

  • El conjunto gijonés solo ha logrado cuatro puntos como local a lo largo de la segunda vuelta y eso ha lastrado sus opciones de permanencia

Es muy difícil salvar la categoría cuando un equipo no es capaz de terminar un partido ante su público con la portería inmaculada. Es una película ya repetida, una historia conocida. El Sporting somete al rival y minimiza su impacto ofensivo gracias a un buen trabajo del colectivo. Sin embargo, al mínimo rasguño, el castillo se desmorona y de una grieta se provoca un cisma. La derrota ante el Deportivo era el ejemplo más reciente. Son las miserias de un conjunto incapaz de reflejar la mejoría en su juego en los resultados.

El Málaga no había llegado con peligro en toda la primera parte. Salvo disparos lejanos que habían terminado en las entrañas del Fondo Sur, el conjunto de Míchel había pasado inadvertido en el área rojiblanca. Bastaron dos fallos en cadena (pérdida de Lora en la derecha y Canella mide mal ante Keko) para allanar el camino hacia el tanto de los visitantes que se encontraron con un premio excesivo de acuerdo a los méritos que habían contraído.

Es obvio pensar que el partido hubiera sido otro si Rubi tuviera a su disposición a toda la plantilla. Nueve bajas son una barbaridad para un equipo muy dependiente de la sobriedad que exhibe un futbolista de la talla de Mikel Vesga. Su ausencia fue un lastre para un bloque que le había cogido el gusto al trivote en el centro del campo. El técnico, casi obligado por las circunstancias, cambió el sistema y el once rojiblanco no funcionó con la misma fiabilidad. Al rival le bastó con atar en corto a Burgui para desactivar una buena parte de la producción atacante de los rojiblancos, cuyas aproximaciones se pueden contar con los dedos de una mano.

No por jugar con dos delanteros se garantiza una mayor presencia ofensiva y menos si eres incapaz de sacar rédito de las jugadas de estrategia. Parece inconcebible que la mayoría de los córners y faltas laterales se conviertan en jugadas de peligro a favor del adversario.

El Sporting que jugó ayer lo hizo con la base del equipo que conquistó el corazón de la afición con un alto porcentaje de los futbolistas que hicieron posible el ascenso a Primera División. Orillando los sentimentalismos, es lógico que jugadores como Lora -una vuelta entera sin jugar- o Dani Ndi -inédito durante la mayoría de la temporada- ofrezcan un rendimiento inferior al que cabe esperar de ellos. Se hacía necesario ser valiente y acudir al filial para reforzar un plantel mermado por las circunstancias. No debe resultar extraño recurrir al filial ni ver a un canterano tomar la alternativa en un encuentro trascendental como el disputado ayer. Ese es el adn del Sporting. Ante el Málaga debutó Pablo Fernández, un premio por su buena trayectoria en el presente curso como antes lo disfrutó Rubén.

En el cromosoma también está luchar hasta el final, como ocurrió ayer, batallando hasta el último balón del encuentro. Ahora toca hacer lo mismo y prorrogar esa lucha hasta que las matemáticas desmonten el sueño de la permanencia. Haría bien este Sporting en fijarse en el equipo que hilvanó un milagro la pasada campaña, cuando parecía imposible.

Aquel conjunto, entrenado por Abelardo, fue capaz de sacar adelante ante su público partidos complejos ante rivales de enjundia como el Sevilla o el Atlético de Madrid. Sobre la bocina se amarraron puntos que fueron fundamentales para conseguir el objetivo al final. El Molinón resultó decisivo y eso tiene que asimilarlo un conjunto que ha conseguido solo cuatro puntos como local a lo largo de la segunda vuelta, una puntuación ínfima si de verdad alguien quiere aspirar a la salvación. El Real Madrid, próximo rival, no parece el adversario más apropiado para cambiar la dinámica, pero las excusas ya no sirven a estas alturas.

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